Pequeños maestros

by - abril 04, 2020



Hace varias décadas, pero no demasiadas, mi padre solía llevarme a sus "prácticas raras". No puedo negar que me aburría muy a menudo de ver cómo la gente simplemente se sentaba en silencio a no hacer nada, yo a veces me sentaba, pero sentía que la vida estaba en el movimiento, así que me armaba de valor para hacerme sentir, por eso me dedicaba a caminar por el salón, a susurrar y a hacer muchas cosas que hacían que la gente se distrajera. 

También los acompañaba mientras hacían una especie de estiramientos, en los que notaba que se esforzaban demasiado en hacer cosas que para mi, por aquella época, me resultaban super simples, así que también me dedicaba a hacerme sentir, aunque eso de alguna manera implicaba "molestar" a los otros. 

Hoy que me encuentro dando clases, y dirigiendo prácticas, disfruto enormemente la compañía de los niños que vienen a compartir con nosotros, como Gero, que durante muchas noches se sumó a las prácticas y a las charlas. Verme reflejado en él me trae dulces recuerdos, pero lo que más disfruto es compartir con él este espacio de enseñanza, porque es él quien más cosas nos enseña. 

Aunque desde su presencia camina cuando estamos en silencio y se mueve cuando estamos en quietud, se transforma en el mejor reflejo de todos los movimientos de nuestra mente, que en su incesante oleaje trata de hacerse sentir. Y desde todas las preguntas que me hacía desde su propia inocencia, me invitaba siempre a encontrar el lenguaje más sencillo y las formas más claras de compartir las enseñanzas.  

Confío plenamente en que él al acompañamos amorosamente se permitirá asimilar todo lo que está alrededor, y con los años podrá ser un gran maestro que nos oriente y nos ayude a recordar el camino. 

Que la compañía de los niños sea un motivo para celebrar y recordad el proceso de transformación interior. 

Sembrado por Esteban Augusto (Tomado de redes sociales, escrito en Agosto del 2018)

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