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SEMILLERO DE YOGA



¿Por qué ayunar? 

Cuando suspendemos la ingesta de alimentos, iniciamos en nuestro cuerpo un proceso de depuración y limpieza, además toda la energía que empleamos en digerir la comida podemos direccionarla hacia un propósito espiritual. Es importante entender que ayunar es muy diferente a dejar de comer, ya que el ayuno implica un profundo estado de recogimiento y reconexión interior, y lo que hacemos es que durante unos días cambiamos la fuente de nuestra energía, por ello conservaremos una práctica constante de diferentes artes y terapias meditativas que favorezcan nuestra capacidad de estar presentes en cada instante. Proponemos hacer un ayuno en retiro para desacelerarnos de nuestra cotidianidad, para recargarnos, reconectarnos con nosotros mismos y volver a mundo con una capacidad ampliada de amar y servir. 


 ¿En qué consiste? 

Estaremos cinco días de retiro, de los cuales tendremos tres días de ayuno total, y dedicaremos el primer día a la instalación y a una alimentación frugal que facilite la entrada al ayuno, y en el último día contaremos con una retorno gradual a la ingesta de alimentos. 

Durante cada día tendremos una Sadhana específica, conjugando diversas técnicas y prácticas alrededor de Yoga y Meditación, que comenzarán antes de la salida del sol y nos acompañarán a lo largo de la jornada. Observaremos estrictos momentos de silencio y también momentos libres de esparcimiento consciente. Durante cada uno de los días contaremos con diálogos y tareas específicas favorecer el proceso de autoconocimiento. 


Recomendaciones previas: 

  •  Abstenerse de consumir carne, bebidas alcohólicas, drogas, azúcar en exceso durante la semana previa al ayuno. 
  •  Hablar consigo mismo para prepararse para ese regalo de varios días de reconexión interior a través del ayuno. 


 Este ayuno es para ti : 

  • Si buscas conocer más sobre ti mismo.
  • Si sientes un llamado a purificarte en los diferentes niveles de la existencia: física, vital, emocional y mental. 
  • Si quieres profundizar en la práctica de Yoga, la meditación y el silencio. 
  • Si quieres tejer comunidad con otros practicantes y profesores de estas disciplinas. 
  •  Si sientes que te vendría bien una jornada de autoconocimiento y autotransformación desde un proceso colectivo y una guianza personal. 


¿Qué debes llevar? 

  • Ropa cómoda para la práctica, de baño y de abrigo.
  • Elementos de aseo personal. 
  • Una agenda en blanco. 
  • Un velón mediano.
  • Mat o estera para hacer yoga. 
  • Cojín para sentarse a meditar. 
  • Manta para abrigarse en las prácticas
  • Botella para el agua. 
  • Elementos para el altar

Itinerario 

Día 0: Viernes 20 de Marzo: Llegada al municipio San Rafael, cuenca del arenal, por cuenta de cada uno de los participantes,  y procederemos a las labores de adecuación, práctica de yoga, cena para nuestra última ingesta (6:00pm). Instalación del ayuno.
Día 1-2-3: Sábado, domingo, lunes: Jornadas de ayuno completo acompañadas de secuencias de cultivo de pranayamas, prácticas de depuración (satkarmas), ejercicios de autoconocimiento, clases de yoga, ejercicios de contemplación y meditación, círculo de palabra (satsanga).
Día 4: Martes 24 de Marzo: Práctica matutina y vuelta a la alimentación, labores de adecuación. Salida del lugar hasta las 12:00 m


Detalles logísticos

Para llegar a nuestro punto de encuentro en el municipio de San Rafael, se puede llegar en transporte público, o podemos coordinar entre todos los asistentes compartir algún vehículo particular, se dospondrá de un grupo de Whatsapp para ello.

Guianza a cargo de Esteban Augusto: 


 Actualmente se dedica a compartir procesos de acompañamiento, formación y enseñanza de Yoga. Ha recorrido diversas escuelas de Yoga, recogiendo de éstas aprendizajes, acreditaciones nacionales y certificaciones internacionales en diferentes métodos y estilos de Yoga (Yoga Integral, Hatha Yoga, Raja Yoga, Kriya Yoga, Kundalini Yoga, Yoga Terapéutico, AcroYoga, Sivananda Yoga), pero su recorrido lo ha llevado a practicar y enseñar otro tipo de artes como el Tai Chi y el Kung Fu. Coordinador de Semillero de Yoga, y creador de la Diplomatura en Yoga que se ofrece actualmente desde la Facultad de Medicina de la Universidad de Antioquia y el Parque de la Vida. Se ha dedicado a compartir la práctica durante más de 20 años en la ciudad, y ha coordinado y direccionado retiros de ayuno desde hace más de 15 años. 



Nuestro hogar será: 





Hábitat Manawa: 
Municipio de San Rafael, Antioquia, 

















Aporte Logístico:

$570.000


Incluye: Estadía, materiales, logística y alimentación del primer y último día.
NO incluye Traslados al lugar del encuentro.


 Aporte voluntario:

 Este aporte será exclusivamente para la guianza, se hará al final del encuentro.

En caso de dudas o asesorías por favor escribir directamente al 3164963370


Procedimiento para acompañarnos en este retiro:

1º Completar el formulario presente al final del enlace.
2º Cuando te contactemos de acuerdo a los datos que hayas dejado en el formulario, te compartiremos la cuenta para hacer el pago.
3º Enviándonos en comprobante de pago queda asegurado tu cupo para sumarte a esta experiencia.


 “El ayuno en su versión terapéutica genera un proceso de limpieza y desintoxicación física y emocional. En su versión espiritual fortalece la voluntad y nos permite proyectarnos claramente en nuestras vidas”



Puedes comenzar tu proceso de inscripción aquí o escribirnos para más información. 

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UN ÚLTIMO ENCUENTRO


La última vez que nos vimos de forma presencial, ella preparó para mí una rica sopa de mondongo, un plato típico popular en mi región. Y aunque no es de mis favoritos, si estaba preparado por ella, lo disfrutaba porque amaba su "sasón".  Arroz con pollo, lentejas, fríjoles, ensaladas, postres, todas estás preparaciones salían de sus manos para los encuentros fiesteros, celebrando cumpleaños, navidades y otros eventos familiares. Ella tenía el don del sabor, además que amaba servir generosamente a su gente.


Guardo un recuerdo grato de ese, nuestro último encuentro, pues conversamos bastante. Fue justo un año atrás por esta época, creo que fue la primera vez que compartimos una comida solas las dos, hablando principalmente de nuestro 'asunto' en común:  su hijo -mi compañero de vida-. Hablamos de las nuevas experiencias como migrantes, viviendo lejos de las familias y adaptándonos a una nueva cultura, también sobre Picasso y su Candi, hijos perrunos que nos acompañan. Hoy ya no está con nosotros "Doña Magnolia" más conocida como 'Chavela'. Hace ya unas semanas falleció. Fue una muerte repentina, que nadie esperaba, pues era una mujer activa, enérgica, muy vital siempre.


EL MISTERIO DE LA MUERTE


Pensando en este deceso, me he hecho consciente de que en nuestra cultura hay mucho miedo frente al tema de LA MUERTE, la propia y la de nuestros seres queridos.  Es contradictorio, que siendo considerados tan abiertos en las conversaciones de familia y amigos, siento que solemos dejarlo de lado. Puede ser que lo veamos como un tema lleno de misterio, entonces mejor ignorarlo, o pensar que está ligado principalmente al dolor, es lo que aprendimos desde los rituales católicos, entonces, para qué pensar en él o en lo que pueda pasar luego de dejar este plano material.


Desde hace un tiempo he sentido un interés particular sobre el tema. Recuerdo que en 2020, luego de vivir la parte más difícil de la pandemia, durante un retiro de yoga, tuve en mis manos por primera vez el Libro tibetano de la vida y la muerte. Justo por esta época, en diciembre de 2020. Y en sintonía con esa lectura, llegaron aprendizajes que me movieron un montón sobre la meditación, la salud, la enfermedad, la vida y la muerte. También pude transitar y comprender un poco la muerte de alguien muy cercano que luego de afrontar un cáncer, murió el 22 de diciembre de ese año, de allí salió 'Cuando la muerte nos sorprende'.


Una nueva coincidencia con esa experiencia, es que este año, participando en un círculo de lectura propuesto por Almatelier, llegó nuevamente el Libro tibetano de la vida y de la muerte. Esta vez pude leerlo completo gracias al apoyo y la compañía del grupo. No fue una lectura fácil, hubo partes difíciles de comprender, que encontré contradictorias o pesadas. Sin embargo, al final me quedé con nuevas ideas, algunas muy prácticas e inspiradoras, por ejemplo, claves para una práctica meditativa más chévere y amorosa, que se convierte en una preparación para afrontar la muerte propia y de otros. También sobre el acompañamiento a personas cercanas que estén en el final de la vida. En ese sentido, he querido aplicar lo aprendido sobre cómo ayudar a los moribundos en su 'trabajo' de trascender de forma tranquila.


El libro está compuesto por 3 partes principales: 

La vida, 

La muerte,

Muerte y renacimiento.


La segunda parte me impactó enormemente. Esta parte no solo explica detalladamente el estado mental de un moribundo, muchos asuntos y percepciones que nunca había contemplado, sino que de ella extraje ideas y aprendizajes que quisiera aplicar al momento de acompañar a otros en esa difícil tarea de dejar este mundo.


ACOMPAÑAR A OTROS EN SU TRANSICIÓN


Una recomendación con la que resueno y quiero implementar, es integrar más en mi vida es LA ESCUCHA ATENTA, permitir y posibilitar que todas las personas y en especial enfermos y/o moribundos se expresen libremente. Me hice consciente de la cantidad de miedos y preguntas que puede afrontar una persona a punto de partir de este mundo. Lo siento como un salto al vacío. Incertidumbres e inquietudes como: 

¿Qué hay después de...?

¿Habrá dolor? 

¿Que pasa con aquello que 'hice mal' o dejé de hacer? 

¿Qué hay con mis culpas o remordimientos?

Un tema que puede causar angustia es esto último de las culpas y los remordimientos asociadas a acciones -u omisiones- y también a los vínculos, y que sin duda van a llegar en esos momentos. Frente a esa sensación de tensión y angustia, en los que podemos sentirnos como 'malas personas', no merecedoras de descansar en  paz, de llegar al cielo, -al nirvana o al samadhi-, el libro propone dejar que la persona se exprese libremente. Y esto implica que puede tener emociones consideradas negativas como rabia, rechazo, angustia y temor.

 

Además me encantó esta parte:

"He visto a menudo que las personas que están muy enfermas anhelan que las toquen, anhelan que las traten como a personas vivas y no como enfermedades. Puede darse mucho consuelo a los enfermos tocándoles las manos, mirándolos a los ojos, dándoles un suave masaje, acunándolos o respirando suavemente al mismo ritmo que ellos. El cuerpo tiene su propio lenguaje de amor; utilízalo sin temor y descubrirás que ofreces solaz y consuelo al moribundo. Muchas veces olvidamos que los moribundos están perdiendo todo su mundo: su casa, su trabajo, su familia, sus amistades, su cuerpo y su mente. Lo están perdiendo todo".


Un primer propósito es entonces establecer comunicación compasiva, tanto verbal como gestual. Escuchar en silencio, sin juzgar. Incluso cuestionar para que sea él o ella quien encuentre respuestas de acuerdo a su visión de la vida, a sus experiencias y su sabiduría interna.  Es un reto que encuentro adorable. Servir para dar confianza, incluso admitir que no tengo las respuestas, mostrarme vulnerable o incluir el humor, la imaginación y la alegría en momentos que hemos visto comunmente como demasiado serios o solemnes.


Otra recomendación interesante de la lectura es crear un ambiente de conexión espiritual para el ser querido. Sea cuál sea la creencia del moribundo, poder hacer una especie de altar, con objetos que representen su fé. Esto ayuda a la persona en tránsito a fomentar su confianza. Hacerlo sentir acompañado, sabiendo que hay una sabiduría superior a la cual regresamos. Permitir el ritual, le quita a la muerte su connotación del gran final y permite verle como una etapa del ciclo vida-muerte.


Y así pensar en la muerte sin tanto drama, llanto o sufrimiento -que muchas veces le imprimimos en nuestra cultura-. Es un cambio de visión interesante. A diferencia de nuestro país, en el que asociamos la muerte a dolor, ausencia y un final definitivo, existen culturas en el mundo que proponen ceremonias menos fúnebres, más neutrales, incluso con celebración.


Siento que cuando alguien cercano muere, debemos permitirnos momentos y espacios para expresar libremente tristeza, vivir el duelo por la pérdida. Sin embargo resueno con expresar además GRATITUD por lo vivido con esa persona que vamos a extrañar, pensando más en vivencias compartidas, en el disfrute de lo vivido, SU PROCESO y los encuentros antes de partir.


LA LLEGADA DE LA MUERTE


Sobre el momento en que llega la muerte, me llamó la atención que el texto insiste en la dificultad de ACEPTAR  que ya no estaremos más en la tierra. Parte importante de esta angustia proviene de LOS APEGOS. Apegos de muchos tipos: a lo material, al cuerpo, a las formas conocidas, a las personas. Y nada de eso estará en ese nuevo estado. Una forma práctica para el moribundo de liberarse de aferramientos es despedirse de familia y amigos, distribuír todo lo material, incluso expresar su deseo de que algunas personas no estén. Y para los acompañantes la idea es cuidar la 'calidad de la atmósfera que rodea' a nuestro ser querido.


"Nuestro estado mental en el momento de la muerte tiene una enorme importancia. Si morimos con una actitud mental positiva, podemos mejorar nuestra próxima encarnación, a pesar del karma negativo. Si, por el contrario, estamos alterados y angustiados, eso puede tener un efecto perjudicial aunque hayamos utilizado bien la vida. Esto quiere decir que el último pensamiento y la última emoción que tenemos justo antes de morir ejerce un poderosísimo efecto determinante sobre nuestro futuro inmediato".


EN HONOR A 'CHAVELA'


Es es esta segunda parte del libro donde se menciona una forma de ayudarle a nuestro ser querido a trascender de forma tranquila con una PRÁCTICA ESENCIAL llamada PHOWA.

Explicarla va más allá de mi capacidad en este momento. La idea que he tratado de llevarla a cabo desde mi comprensión y la verdad es que han sido momentos llenos de lágrimas, he sentido por pequeños instantes una gran conexión espiritual, paz y armonía que intento transmitir al ser querido, entonces ha llegado una sensación bien especial de gran conexión con esa alma.


Ahora, pensando en estas prácticas y resaltando lo mejor de quien ha partido, quiero ofrecer este texto por 'Chavela': Una maestra para quienes la conocimos. Ella, sin tener conocimiento del asunto, practicó la asistencia a los moribundos de la mejor manera. 


Una de sus últimas aventuras fue servir de forma desinteresada, acompañando un joven moribundo, aprovechando su condición de 'jubilada'. Donando su tiempo y buena disposición para estar en el hospital y así alivianar la carga de la madre del chico, quien contó con gran apoyo para proseguir con sus rutinas, sabiendo que alguien más cuidaba de su hijo. Sentí mucha admiración por ese acto de compasión, además porque ella siempre fue la más 'animada', cantora y bailarina, contagiando a todos su alegría y buena vibra.

Inspirada en su vida y en aprendizajes sobre este texto tan conmovedor, comprendo mejor ahora que aceptar la muerte implica vivir el presente en verdadera presencia, sirviendo con amor, sin menospreciar cada instante, sabiendo que puede ser el último día para mí hoy, este día, esta mañana. Además que quiero ser consciente de instantes de dolor e incomodidad que llegan irremediablemente ante la enfermedad o la vejez, mía y de mis seres queridos, implementando prácticas y herramientas para estar mejor yo inicialmente y así compartir ese bien-estar.

"Los momentos en que padeceis el sufrimiento pueden ser precisamente aquellos en los que estáis más abiertos, y allí donde sois sumamente vulnerables puede ser en realidad el lugar donde yace vuestra mayor fuerza".

..."La aflicción puede ser el jardín de la compasión, escribió Rumi"


EL CAMINO POSTERIOR A LA MUERTE


Esta última parte, contiene una información que encontré impactante e interesante y que me ha permitido comprender un poco las etapas propuestas por el autor y por el budismo, desde  tradiciones que han estado por años en su cultura.


Entonces, sobre el camino posterior, luego de morir, existen etapas. En mi opinión, no es fácil de asimilar y menos de explicar el proceso. Por más que el texto ofrece descripciones bastante detalladas, considero que para nosotros en la cultura occidental puede ser difícil digerir y aceptar esta teoría. Encuentro también que entre más racionales seamos, menos crédito podemos darle a estas visiones.

Sin embargo, para mí ha sido clave en mi camino espiritual, entender menos y comprender más desde el corazón, aceptando que hay muchas posibles visiones, explicaciones diferentes a lo que nos pasa, que antes no cabían en mi cabeza. 


Son tres etapas las que se describen en esta última parte: Luminosidad base, Bardo (o etapa) del Dharmata y Bardo del devenir. Una parte que ha llamado mi atención en especial, es la etapa de llamada Bardo del dharmata.

Al pensar en lo que sucede en este periodo, se vino a mi cabeza el momento en que hice mi primera toma de Ayahuasca. Fue un viaje tremendamente loco, revelador, con partes disfrutadas y otras difíciles. Tuve visiones psicodélicas casi toda la noche. Podía ver una mandalas en movimiento sobre el chico que dirigía la ceremonia mientras cantaba junto a la fogata en el centro del lugar, yo estaba acostada en mi 'sleeping' observando y escuchando, inmersa en sus canciones. Un recuerdo bastante vívido en mi memoria. 


La idea es que esas visiones se volvieron un poco tormentosas cuando sentí que pasaba el tiempo y ya quería que pararan. Esta experiencia es muy similar a lo que el libro explica que sucede. Comentamos incluso en el grupo que fue una etapa demasiado 'volada' para algunas lectoras. 

Sin embargo, creo que precisamente parte del reto que implica nuestra evolución es soltar la mente racional, tan valorada en nuestra sociedad, y en este caso, el 'cómo debería' verse esa realidad post- mortem. Poder conectar con la parte más intuitiva, dónde están presentes muchas formas, colores, movimiento, combinaciones. Es como que en ese momento somos observadores o creadores de obras de arte subjetivas, locas, nada convencionales.


Por otro lado, en el llamado Bardo del devenir, la última de esta secuencia, se menciona el hecho de querer volver a las viejas tendencias de nuestro carácter en vida. Habitar nuevamente esas características y hábitos que nos definieron durante la vida terrenal. Y eso puede convertirse en un lastre, que nos hace elegir volver al plano terrenal a vivir experiencias que sentimos familiares. "Dualidad después de la muerte: Se nos presenta el medio de alcanzar la liberación, pero simultáneamente nos seduce la llamada de nuestros hábitos e Instintos. Experimentamos la energía pura de la mente y, al mismo tiempo, toda su confusión".


MI EXPERIENCIA PERSONAL


Y como creo enormemente en las sincronías o coincidencias que llamamos muchas veces casualidades, está última parte viene a confirmar algo que he adoptado como filosofía de vida de un tiempo para acá: 

'Vine a soltar miedos, nudos o bloqueos que voy echando al bolsillo a lo largo de la vida'. Tengo además creencias, acciones y comportamientos que 'me definen' y que me han traído sensaciones incómodas, malucas, que se repiten y en las que quiero trabajar y mejorar.

Me he hecho consciente con este texto que hay cantidad de contenido que he acumulando a lo largo de la vida y EL TRABAJO, la tarea real es poder vaciarme de mucho de ese contenido, pues algunas de esas tendencias que me definen son limitantes, generan dolor. Me impiden aceptar e integrar otras visiones, posibilidades diferentes y en ese sentido impiden ponerme en el lugar de otras personas para practicar la compasión. 

Son creencias y pensamientos que generan separación, con la idea de que SOY DIFERENTE, como que 'yo nunca voy a estar en su posición'. Incluso me hacen juzgarme de forma severa a mí misma. Muchas veces hago críticas propias, con rigidez y ahí empieza el juicio con el que miro a otros. Pero pues en el tema de la muerte no hay escapatoria, seré una persona moribunda y/o enferma en algún momento, eso es seguro. Entonces chévere y a la vez retador pensar cuidar y acompañar a otros -moribundos o no- como yo quisiera ser acompañada.


Confirmo entonces que ese es el TRABAJO al que vinimos en esta experiencia terrenal, no es solo aprender la supervivencia en este plano material, estar en una oficina o  en un oficio la mayor parte de la vida. Es un trabajo interno de desarrollo personal que implica integrar herramientas como la meditación y otras, que ayudan a integrar el silencio, la soledad, la compasión, los vínculos sanos, el cuidado propio y de otros, la cercanía con lo sagrado, que a su vez nos preparan para afrontar la muerte de la mejor manera.



Sembrado por Sandra Velazques (enero 2026)

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La pandemia del COVID-19 fue para mí, como para muchas personas un gran punto de quiebre en la existencia. Me recuerdo en aquellos meses en una actitud abstraída frente a una realidad bastante oscura que día a día era presentada por los noticieros, la internet y la radio. Por ese periodo, la vida me brindó un compañero de vida, que con su fortaleza, historias y practicidad me sostuvo firme ante la incertidumbre de la época. 


Liberada pues, de la minucia que conlleva la rutina debido a los buenos oficios de mi compañero, me sumergí con un empeño, nunca antes experimentado, en el aprendizaje de diversos asuntos; incluso desempolvé deudas intelectuales alojadas pacientemente en el recuerdo. Con qué deleite devoré tantos saberes teóricos y prácticos, con qué facilidad llegaba a mis manos el conocimiento, que, si por lo menos no podía dominar, si tenía la estructura mental necesaria para irlo cultivando. 


En esa gran Biblioteca de los fuegos un buen día me topé con El libro tibetano de la vida y la muerte de Songyal Rimpoché. El título destacaba un asunto sobre el cual me había sentido atraída desde siempre, la muerte. La lectura me motivó interesantes reflexiones sobre la impermanencia, la reencarnación, la meditación, la vida, de la vida-muerte; las dos caras de la moneda, las dos polaridades. Fue bello sumergirme en él y encontrar orden dentro del caos, porque si bien, para mí, una mujer occidental, el libro resulta complejo, lo poco o lo mucho que logré interpretar en sus líneas me brindó una explicación, extraña, quizás mágica, imposible, sobrenatural, pero por primera vez una explicación sistemática de la existencia. 


A continuación, comparto un ejercicio de escritura que realicé en una sesión del Círculo de Lectura de “El libro Tibetano de la vida y la muerte” direccionado en esa ocasión por Carol Jaramillo. 


04-08-25 


Holiii yo moribundo 

¿Te acuerdas cuando leímos por primera vez aquel que libro que hablaba de la muerte? Bueno, me imagino que ya has tenido tiempo y energía para leer muchos más, recuerdo que el tema nos apasionaba. Espero que no hayas dejado de lado tus meditaciones, ¿te acuerdas?, estas tomaron más fuerza cuando las alimentaste con los planteamientos del libro. Espero que no hayas nunca abandonado tu isla-bloque, tus mantras, tu respiración y que estos hayan sido grandes sustentos durante todo este tiempo. Ahora estás ahí, en medio de la vida que sigue su cauce. Siéntete tranquila, enfocada, no es tiempo de distraerse; ellos se quedarán, seguirán sus caminos, irán tras sus consecuencias, y con fuerza de voluntad un día lograrán desvelar sus causas. No te distraigas en el momento, serénate y prepárate para el gran cambio. Despídete del compañero más fiel que te pudo haber sido entregado, honra su disolución y ve tras tu camino. Despierta y únete a la fuente para reposar en el anhelado Rigpa. 


En esa ocasión lloré escribiéndola, hoy lloro de nuevo y pido a Dios que siga guiando nuestro camino en el conocimiento de la existencia, pero sobre todo que ilumine y aliente nuestra práctica. 



Sembrado por María Teresa Echeverri Marín  (enero 2026)

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Hace un tiempo ya que este libro o su par, me hacían ojitos: “El libro tibetano de la vida y la muerte”, eso sonaba muy interesante, especialmente porque en ese momento yo no tenía ni idea cuáles eran las creencias de los tibetanos con respecto a la muerte; el mío ha sido el camino del yoga así que lo poco que conozco de creencias orientales conectadas a la muerte van más por esa vía. Hay, eso sí, un mantra tibetano que lleva años resonando conmigo. Cuando empecé a meterme en el mundo del yoga, no tenía ni idea de que existían mantras de diferentes culturas e incluso diferentes mantras para cada linaje, recuerdo que un día, en la primera escuela de yoga a la que asistí, un chico me preguntó: ¿cuál es tu mantra favorito? OM MANI PADME HUM, le dije, completamente ignorante de que estaba fuera de contexto, pero a la vez, llena de certeza; y es que el efecto calmante que generaba y genera en mí escuchar o pronunciar este mantra es absolutamente poderoso. 

 OM MANI PADME HUM es el mantra del Buda de la Compasión y según el autor, “purifica todas las emociones negativas que son la causa del renacimiento” y es, entre otras, una de las herramientas para ayudar después de la muerte. Este libro es básicamente eso, un manual que, apoyado en anécdotas, pretende ofrecerle una nueva perspectiva al lector occidental sobre la vida y la muerte y dotarlo de herramientas para que viva mejor y, en consecuencia, esté mejor preparado para esa transición, tanto la propia como la de los demás. En Tíbet, cuenta Sogyal Rimpoché, la muerte es vista como un proceso natural, “la muerte se asemeja más a un cambio de vestimenta cuando está vieja y gastada que a un final definitivo”, una visión contraria a lo que pasa en general en occidente, en donde es aún, un tema tabú sobre el que, a una gran mayoría, les cuesta hablar. Rimpoché invita a que “frecuentemos la muerte y nos acostumbremos a ella”, dice que: “si deseamos morir bien, debemos aprender a vivir bien” y ¿qué significa vivir bien? 

Tener carro, casa y beca, es lo que pienso jocosamente para responder a esa pregunta. No sé de dónde habrá salido, pero soy consciente de que esa frase está en mi cabeza desde muy joven. En una sociedad capitalista en la que pareciera que solo vales por lo que tienes, vivir bien se conecta directamente con tener, ¿qué tienes? y ¿qué tan valioso es eso que tienes? pero no valioso para ti, sino para el constructo social que habitas. Con los años, la práctica y montones de preguntas sobre por qué vivimos como vivimos y creemos lo que creemos, esa respuesta ha mutado. Destacaría siete palabras clave que se mencionan en el libro como herramientas para el buen vivir: meditación, purificación, sabiduría, devoción, compasión, amor y sufrimiento. 

‘Volver a casa’ es como se hace referencia a la meditación en el texto. Es la oportunidad de observar la mente, una herramienta para entenderla y domesticarla, un viaje para descubrir mi auténtica naturaleza. La mente no se domestica en un día, transformar el foco de mis pensamientos requiere entrenamiento constante, “el hombre se convierte en aquello en lo que piensa” y las tendencias a pensar en lo que hemos pensado siempre halan con demasiada fuerza. “La mente de un loco suele estar completamente ocupada por una obsesión que regresa una y otra vez”. “Tanto la expectativa como el miedo son enemigos de nuestra paz mental. Las expectativas nos engañan y nos dejan vacíos, decepcionados, y los temores nos paralizan en la estrecha celda de una falsa identidad”. 

“La meditación no es un medio para evadirse del mundo, es un medio directo para ayudarnos a comprendernos verdaderamente y para relacionarnos con la vida y con el mundo”. Y es que a través de la meditación nos vamos purificando, vamos quitando de a poco las capas que nos hemos ido poniendo para protegernos, capas y capas de ego que nos separan del todo, en ese proceso de purificación van floreciendo la sabiduría y el discernimiento. 

Sabiduría y discernimiento para recordar que todo es impermanente y no aferrarnos a nada; para poder reconocer nuestros estados cambiantes y ser conscientes del equipaje que llevamos: nuestras deficiencias, fantasías y proyecciones; para tener un foco que nos mantenga alejados de distracciones y obstáculos; y para elegir conscientemente cada acción y no precipitarnos hacia cualquier lugar que parezca ofrecer cierta seguridad. “Cuanto más a menudo escuches a ese guía sabio, más fácil te resultará cambiar tus estados de ánimo negativos, ver más allá de ellos como los dramas absurdos e ilusiones ridículas que en realidad son”. “Cuando encarnas la firme estabilidad de la visión, ya no te dejas engañar ni distraer por lo que surge de modo que no puedes ser víctima de la ilusión”. 

Devoción ¿a qué? A Buda, si le preguntas al libro. Como yo lo veo, devoción al amor, entendido como esa energía universal que nos conecta y que hace que todo sea bello. El texto habla de invocar al Buda, yo elijo invocar al amor para que me sostenga y me ayude a volver a casa; al amor le pido “el poder de comprender el sentido de nuestro sufrimiento y transformarlo”, le pido que en nuestra vida “crezca la claridad, la paz y el discernimiento”. 

La compasión es “la joya que concede los deseos” según el libro y el amor incondicional es uno de sus poderes. “El agua de la compasión discurre por el canal de la bondad amorosa”. El amor y la compasión florecen desde el interés por el que sufre (que somos todos), un reconocimiento de las necesidades y el dolor del otro y una determinación sostenida y práctica de hacer todo lo que sea posible y necesario para contribuir a aliviar su sufrimiento. “Cuando tu miedo toca el dolor del otro se convierte en lástima, cuando tu amor toca el dolor del otro, se convierte en compasión”. 

 Acá tengo que traer otro mantra que me gusta mucho y que en muchas formas resume este principio tibetano LOKAH SAMASTAH SUKHINO BHAVANTU que significa: que todos los seres, en todas partes, sean felices y libres. 

El sufrimiento y la compasión está interconectados y por eso el texto dedica también una buena parte a resignificarlo. La aflicción puede ser el jardín de la compasión, dice Rumi y cuando nuestra mente no está entrenada y la sabiduría y el discernimiento aún no han florecido en nosotros el sufrimiento es inevitable, “somos el juez y el acusado” y es en meditación cuando podemos reconocer esos patrones y el dolor que los acompaña. Una vez identificado ese sufrimiento, no se trata de huir, sino de utilizarlo de la mejor manera posible para volvernos más compasivos y más capaces de ayudar a los demás. Además, “es posibles que lleguéis a sentiros misteriosamente agradecidos hacia vuestro sufrimiento porque os ofrece esta oportunidad de trabajar en él y transformarlo”; “el dolor, la pena, la pérdida y la constante frustración responden a un propósito real y muy definido: existen para despertarnos, para inducirnos y casi obligarnos a romper los lazos que nos atan al ciclo del samsara y liberar así nuestro esplendor aprisionado” y “solo el corazón recobrado puede sentirse alguna vez satisfecho y libre, gracias a todo lo que ha renunciado, para regocijarse en su supremacía”. 

 Sobre el sufrimiento, les recomiendo este episodio del podcast Yogaverso: https://open.spotify.com/episode/4ROaIpCyFA3DIXQhWtrqq9?si=905588e63da744a1 ________________________ 

¿Y qué significa morir bien? Sogyal Rimpoché murió de una embolia pulmonar en 2019 mientras recibía tratamiento por cáncer colorrectal, esto después de haber sido acusado de graves delitos, entre otros, abuso sexual, mental y físico como cita la BBC en este artículo https://www.bbc.com/news/world-asia-49505098. Cuando supe esto pensé si habría de verdad, él mismo, entendido y aplicado las prácticas que profesaba para vivir y morir bien. En el grupo con el que leímos el texto tuvimos desde la sesión uno la discusión sobre el autor y su manchada reputación, aun así, decidimos adentrarnos en la lectura todo el tiempo conscientes de este hecho, pero también abiertas a lo que las enseñanzas de las tradiciones del Tíbet pudieran agregar a los procesos de introspección y autoconocimiento de cada una. Sogyal Rimpoché tal vez no haya sido el ejemplo vivo de la filosofía tibetana, pero en el libro incluye montones de anécdotas de personas que sí ejemplifican el buen morir. Con esos ejemplos y el de la muerte de la mamá de mi querida amiga Josefina, entendí que no se trata de una muerte libre de sufrimiento sino de un proceso de partida en el que, a pesar del posible dolor físico, la persona se mantiene en estado de contento, o Ananda, como decimos en yoga. El ‘moribundo’, como se nombra en el libro, se desapega y se despide desde el amor y la gratitud y eso, unido a una práctica espiritual sostenida y sostenedora es la fórmula para que, llegado ese momento, haya paz interior. Todos somos moribundos, a cada segundo estamos muriendo, así que por qué no aplicar esta fórmula a cada instante de la vida y vivir con paz interior. 

 Gracias por llegar hasta acá en la lectura. Este escrito no es, ni pretende ser un resumen del libro, tampoco expone sus principales ideas, no mencioné a los bardos por ejemplo, que son el hilo conductor de sus contenidos, este escrito es simplemente un compartir de un poquito de lo que a mí me queda. Te invito ya para cerrar, a hacer una actividad preciosa y conmovedora que hicimos en alguno de nuestros encuentros en torno al libro. Busca un espacio solitario y tranquilo, tal vez después de meditar y escríbete una carta, pero no a tu yo de hoy sino a tu yo moribundo, si te vieras ad portas de la muerte, ¿qué te dirías para hacer más amoroso ese proceso?, tú que te conoces como nadie. Y la ñapa, este episodio del podcast Querida Valeria, muy alineado con el tema: https://youtu.be/fYAkQSn7jfE?si=RD0nnW6AOs2KVOpD 

 Feliz vida y feliz muerte. 

 Sembrado por Carol Jaramillo Hurtado en diciembre del 2025
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Encuentro alrededor de la sangha, 2024


Hoy nos reunimos para celebrar simbólicamente los 20 años de nuestro SEMILLERO DE YOGA, digo simbólicamente porque la fecha oficial fue hace varios meses, pero por fin tuvimos el valor de hacerlo. No quisimos hacer una gran convocatoria para quienes alguna vez pasaron por ahí, porque, si bien el aniversario es motivo de celebración, a la vez estábamos compartiendo la noticia que el semillero llega a su final.


Pararme frente a este momento y poder comunicar esto, me lleva a mirar atrás, a ver todo lo que ha sido de mí en los últimos 20 años, ver cómo mi propia historia se ha tejido con la historia del semillero, poder recordar y agradecer a todos los que han hecho posible que nos hayamos podido encontrar este tiempo.

Semillero de instructores de yoga 2013


Semillero de yoga 2023

Debo aclarar que el semillero no fue un invento mío, siempre hay seres detrás de uno que abren el camino, y esta vez no fue la excepción; acá honro a la figura precursora de todo esto, mi viejo hermano y amigo Jhon Ramírez. Él fue el creador de las típicas frases "el aporte es voluntario, pero el abrazo es obligatorio" y "uno los viernes a las seis de la tarde está donde quiere estar". Jhon empezó a convocar gente, amigos, conocidos y alumnos para abrir un espacio en el que pudiéramos conversar sobre yoga, estudiar yoga y sobre todo en el que pudiéramos vivir el yoga. En aquella época todo lo relacionado con yoga era muy incipiente; yoga era un término desconocido para el público general; no existía casi ninguna de las escuelas de hoy. Este espacio nació como un lugar para aprender sobre yoga y para formar futuros profesores, ya que no había ninguna oferta de este tipo en la ciudad.


John también tuvo su mentor, Memo, otro viejo amigo y hermano, quien de hecho lo formó en estas cosas místicas del yoga y más, y lo impulsó a abrir espacios como el del semillero para compartir estas enseñanzas, libres de doctrinas, escuelas y dogmas. Siguiendo los pasos de ambos entro yo, que en aquella época era joven, aunque no me consideraba así, y es raro que haya empezado a ser parte de esto porque, aunque había estado inmerso en este mundo desde la infancia, no era algo que me llamara, y mucho menos para compartir. Por aquella época era un ferviente practicante de artes marciales y un estudioso de todos sus fundamentos filosóficos, pero el yoga no me llamaba, no lo sentía parte de mí, y eso de ser profesor, menos. De hecho, ni me veía dando clases de kung fu, yo sólo entrenaba para mí, creo que en esa época me había comprado muy bien esa idea de la búsqueda de la iluminación individual. Sin embargo, nuestras vidas empezaron a tejerse de muchas formas, yo era un aprendiz consagrado y receptivo, y recuerdo que Memo me dijo que debería complementar las artes marciales con yoga, y yo seguí ese consejo, así fue que empecé este camino.


En un principio el semillero tenía dos fases, una externa hacia el público, y era la que lideraba John y funcionaba los viernes. Era un espacio para practicar con la guía del profe y para conversar sobre ciertos temas alrededor de yoga, donde siempre estaba abierta la palabra para que todos aportáramos. John, con sus historias y explicaciones divertidas, siempre permitía encontrar claridades y llevar a feliz término cada temática, eso sí, no era un espacio para todo el mundo, había dos requisitos básicos: tener algún tipo de conocimiento o experiencia previa sobre yoga y los asistentes debían comprometerse a sostener la práctica personal.


Retiro de ayuno del semillero en Cisneros 2012 o 2013

La segunda cara del semillero era interna, liderada por Memo, ahí estaba yo. Era un espacio para unos pocos, nos reuníamos los lunes en la noche, y ahí todos teníamos el compromiso de liderar, nos rotábamos para ello, y era sin previo aviso, es decir, que a cada encuentro todos llegábamos dispuestos para compartir la práctica. Adicionalmente había una propuesta de temario; cada lunes alguno de nosotros debía exponer ante el grupo, la dinámica era que todos debíamos exponer todos los temas, por lo que un tema era abordado muchas veces y así nos nutríamos de múltiples perspectivas. Esta modalidad hacía que fuera un espacio donde todos teníamos un rol activo, y ninguno podía ser un mero espectador.


Se me hace muy bello ver en retrospectiva estas metodologías, no había un precio por todo el proceso, eso lo hacía invaluable, teníamos que pagar con la disciplina, con la constancia, con nuestra propia preparación, pero sobre todo con nuestra disposición a compartirnos. Tampoco había un punto de partida ni uno de llegada, era una espiral constante, siempre abierta a lo que emergía.


Con el tiempo, este grupo interno se fue decantando, a pesar de eso, duramos así varios años, la mayoría de los que participaban no lograron sostener el ritmo de estar estudiando y compartiendo constantemente, ahí comprendí lo difícil que es encontrar personas dispuestas a aprender con esas metodologías, ya que la mayoría quiere ir sólo para que le enseñen, pero poca gente esta dispuesta a aprender desde el enseñar. Esta metodología intenté implementarla en múltiples ocasiones, pero generalmente con los mismos resultados.


Semillero de instructores de yoga 2008

Con este giro, Jonh me invitó a ser parte del grupo de los viernes, con la propuesta de que lo guiáramos entre los dos, y así lo hicimos; fue una etapa muy bella para el Semillero de Yoga, que por aquel entonces no se llamaba así, sino El semillero de instructores de yoga, y esta palabra adicional marcaba la dirección de todos nuestros encuentros. Ya en sinergia, John y yo le inyectamos nuevas metodologías y nuevas temáticas. De esa época recuerdo muy claramente a John explicando a principio de año cómo funcionaba la metodología de los encuentros; contaba que el semillero era como la huerta de la abuela, enfatizando en que había lugar para todos, que cada uno crecía y daba frutos a su propio ritmo, y que cuando llegaba el momento cada uno debía trasplantarse a otros lugares para continuar compartiendo sus semillas.


Unos años más tarde empezaron a aparecer en la ciudad varias formaciones para hacerse profesor de yoga, cuando eso sucedió, John y yo nos miramos y sentimos que el semillero había cumplido su propósito. Les dijimos a todos que fueran a formarse y a nutrir esos otros espacios que estaban germinando. Nos despedimos y dejamos de encontrarnos, pero esta pausa no duró ni un año porque las propuestas que fueron llegando eran muy dogmáticas, excluyentes, cerradas a otras visiones, y muchas personas nos pidieron que volviéramos, así que reavivamos nuestros encuentros, y vino una época muy floreciente, con asistencias muy generosas y la integración de visiones muy complementarias.


Más adelante se nos metió una idea en la cabeza, crear de todo lo que se había gestado en el semillero un curso para ofrecer desde la universidad, era una idea loca, había que hablar el lenguaje académico para poder convencerlos, pero antes cambiamos todo el formato del semillero, ahora desde inicio del año teníamos asignados temas para cada encuentro, y nos dimos la libertad de explorar múltiples metodologías para compartir cada uno de esos temas, y con toda esa experiencia y ese pilotaje construimos una propuesta que presentamos a la universidad. Ellos aceptaron, pero no nos convencieron los términos que nos propusieron; querían que fuera sólo para sus egresados y nosotros queríamos que fuera abierto a todo público, así que abandonamos la idea loca de poder llegar a más personas haciendo sinergias con la universidad.


El tiempo siguió pasando y pudimos ser testigos del rumbo que estaba tomando el yoga. Todo cada vez era más caro, había más y más formaciones, cada una más cara que la anterior, y cada vez estaban más de espaldas a la gente menos favorecida. Todos querían crear sus propias escuelas, todos estaban buscando cómo librar las inversiones de los cursos costosos que habían hecho, y ahí, en medio de tanta indignación me dió por escribir un manifiesto que titulé "Yoga para todos". Este texto le dio lugar a uno de los primeros hijos del semillero, una iniciativa con la que convocamos a muchos profes de yoga de múltiples tradiciones a compartir estas enseñanzas en hogares de paso infantiles, con personas en situación de calle y muchos otros públicos en situaciones vulnerables.


Fue una etapa muy bella, yo particularmente me sentía muy feliz de poder expandir este compartir, sin embargo, con el tiempo, los profes fueron manifestando que no se sentían lo suficientemente bien para acompañar estos grupos, que ver el dolor y el sufrimiento de frente les desestabilizaba mucho y no tenían cómo manejarlo. Debido a eso, el grupo de profes también se fue decantando, al final quedamos muy pocos, tan pocos que ya no podíamos cubrir los espacios que nos habíamos propuesto y nos tuvimos que retirar. Aunque nos despedimos de esta forma de compartir, nos quedaron muchos aprendizajes, el principal de ellos venía del reconocer que las formaciones de yoga de donde habían salido todos estos profes, los habían preparado para "enseñarle" a gente joven, saludable, bonita y con plata, pero no los habían sensibilizado para reconocer que la mayoría de la población no tiene esos privilegios y mucho menos les habían dado herramientas para traducir las enseñanzas del yoga a estos públicos. Entendimos entonces, que para poder hacer que una iniciativa como "Yoga para todos" funcionara, primero había que capacitar a los profesores sobre otras maneras de compartir la práctica más allá de las formas externas y que había que crear lazos y conexiones para que entre todos los profes pudiéramos sostenernos, aprender mutuamente y concebir nuevos proyectos que permitieran que el yoga floreciera en las grietas de nuestra civilización. Ese fue entonces el rumbo que nos trazamos.

Semillero de yoga 2014

Un suceso inesperado reformuló todo. Un martes, hace más de diez años, John murió en un accidente de moto. Fue un momento muy fuerte, creo que pocos eran conscientes del impacto que había tenido John en la vida de tantas personas, fueron muchos años acompañando procesos, dando clases, guiando a otros profes, abriendo el camino de lo que sería la masificación del yoga en la ciudad. Con su partida tuve el honor de acompañar muchos espacios en la ciudad donde cientos de personas honraron su vida, y mientras intentaba estar ahí para todos ellos, mientras intentaba hacer lo mejor posible para acompañar a su familia, y mientras me derrumbaba por dentro al perder a una de las figuras que más me habían impulsado y apoyado en los últimos años, también me debatía sobre qué hacer con el semillero. Una parte de mí sentía que la mejor forma de honrarlo era llevando el semillero a feliz término, además no me sentía lo suficientemente seguro de poder liderarlo solo, otra parte de mí quería seguir sosteniendo el espacio, quería encontrar el valor y la sabiduría necesarios para poder hacerlo; al final, esta segunda parte mía, no se cómo, ni mucho menos cuándo, ganó la partida. Logré rearmar todo lo que dentro de mí se había derrumbado, pararme frente a todos y decirles: esto continuará en la medida en que todos sigamos sosteniéndolo; yo voy a estar aquí, si ustedes vienen, esto va a seguir. Ellos siguieron yendo, y yo también, y así iniciamos un nuevo capítulo en la historia del semillero.

No quisiera seguir este texto sin antes honrar los aprendizajes que me dejó este hermano de la vida, y es que de él aprendí a escuchar, para desde ahí improvisar; de él aprendí que lo más importante para enseñar era el humor, puede que no me lo crean, pero yo la mayor parte de mi vida hasta esa época era muy amargado, y fue gracias a John que logré reconocer la importancia de reírme y de hacer reír. También aprendí sobre la disposición; él era de esos seres que siempre estaban disponibles para conversar con todo aquel que se lo pidiera. Recuerdo muchas veces verlo atravesando la ciudad en medio de un aguacero solamente para estar ahí para alguien que lo había llamado. La generosidad fue otro gran aprendizaje, al final de los encuentros sacaba un taleguito y recogía en aporte voluntario, y decía: y si no tiene para echar algo, entonces es porque le hace falta, así venga y saque algo al menos para que tenga los pasajes para regresar a su casa, tamaña generosidad. Con todo lo que hizo me dejó una marca que aún vive, una invitación a abrir las manos, a nunca cerrarle las puertas a aquel que quiera aprender y a apoyar a todos aquellos que necesiten una mano para labrarse a sí mismos. De él también aprendí la rebeldía de no tragarse los protocolos ni las instituciones, y la nobleza de traducir todos estos conocimientos con los lenguajes más entendibles para todo público. La confianza que depositó en mí para que creáramos juntos, independiente de que yo tuviera mucha menos experiencia que él, me dejó el aprendizaje de abrirme, reconocer el potencial de los demás e invitarlos a que caminemos y creemos juntos. Dicho todo esto, debo aclarar que el principal aprendizaje que me dejó es siempre estar dispuesto a morir y a dejar morir.


Semillero de yoga 2018

Después de sortear y sostenernos tras este trágico momento, pasó algo muy gracioso, y es que se volvieron a abrir las puertas con la universidad, así que sin tanto esfuerzo y en los términos que queríamos logró germinar el que ha sido el hijo más prominente del semillero, la Diplomatura en Yoga. Para mí era muy raro estar ahí sin mi viejo amigo con quien me había soñado todo eso, pero hoy puedo reconocer que no he estado solo, siempre he estado rodeado de viejos amigos, colegas y alumnos con los que hemos sostenido la diplomatura ya diez años.

Diplomatura de yoga cohorte del 2020

La diplomatura siento que fue como un florecimiento muy bello, todo lo que habíamos piloteado en el semillero en el pasado encontró su lugar, y desde ahí logramos acompañar procesos formativos de largo aliento, tal como nos lo habíamos soñado, logramos invitar a tejer sueños personales y colectivos, tendimos un puente entre el mundo académico y este mundo místico, alzamos voz para recordar que el mundo no necesita más profesores de yoga sino más humanos cotidianos que se cultiven a sí mismos, y desde la diplomatura nos permitimos recobrar un yoga conectado con la vida cotidiana, basado en los principios y no en los protocolos.


Pareciera que el nacimiento del diplomado iba a ser el fin del semillero, ¿qué sentido podría tener un espacio como el semillero, que no tenía ni principio ni fin, que no tenía temáticas preestablecidas, que era basado en lo espontáneo, al lado de un proceso formativo estructurado? Lo gracioso es que fue todo lo contrario, las generaciones de estudiantes que fueron pasando por el diplomado terminaron enriqueciendo el semillero, querían sostener el tejido, querían seguir alimentando el fuego, querían seguir enriqueciéndose de un compartir donde todos tenían voz y donde las conversaciones giraban alrededor del yoga de la vida. Todo esto le dio lugar a una época muy preciosa en donde el semillero se expandió, creamos grupos de estudio sobre libros y temáticas específicas, incluso logramos contar con diferentes grupos que operaban en simultáneo en diferentes regiones de la ciudad.


Retiro del ayuno del semillero San Carlos 2016

De esta época germinaron muchos hijos más del semillero: el blog donde nos permitimos escribir nuestras reflexiones, críticas y propuestas y a la vez sistematizar muchos de los contenidos alrededor del yoga, que con el tiempo rebrotaron en la forma de nuestros libros de apuntes peregrinos. También nacieron los peregrinajes, que fueron una forma de poner en práctica esta conexión con la sabiduría de la vida visitando diversos santuarios naturales y aprendiendo de ellos. Además, emergió un proceso colectivo que llamamos Yoga como Filosofía Viva, desde el cual nos propusimos seguir compartiendo espacios formativos, sin prisa, sin doctrinas, sin necesidad de certificados, promoviendo la forma de aprender desde los principios, honrando la forma como la aprendimos. También surgió el Yogaverso como un podcast para hablar sobre el yoga cotidiano y sembrar reflexiones que pudieran llegar mediante la virtualidad a polinizar otras latitudes.


La primer sadhana itinerante en Tamesis 2018 o 2019

Hoy, al escribir sobre todos estos hijos del semillero, que sumados a todas las semillas humanas que son todos los que han pasado por este espacio y todos los proyectos que de ellos han salido, siento mi corazón rebosante de alegría y gratitud por todo lo que hemos ayudado a gestar para sembrar el cambio que queremos ver en el mundo, y siento que por todo ello es que no me duele decir que este es el momento adecuado para despedirnos del semillero como ha sido, sé que está y estará vivo en todos los que han pasado por él, y siento que me puedo despedir en paz porque no siento que hayan quedado pendientes.

Semillero de yoga 2017

Semillero de yoga 2025

Al ver lo que se ha vuelto el yoga hoy en día, siento que el semillero como ha sido hasta ahora no tienen lugar para florecer, y no lo digo solamente porque no tenemos una sede fija para nuestros encuentros (esto, si bien nos ha afectado, también nos ha permitido hacer depuraciones periódicas) sino porque he notado que la mayoría de la gente hoy no quiere procesos de largo aliento, no quiere co-crear y menos si no hay rentabilidad garantizada, la gente hoy sólo quiere experiencias, experiencias consumibles, instagrameables, experiencias que se puedan capitalizar, quieren dedicarse a coleccionar títulos y certificados, y sólo valoran lo que está mediado por el dinero, esos no son los idiomas que quiero hablar. Durante dos décadas hemos ofrecido una alternativa ante tanto ruido, y siento que es mejor despedirse acá, honrando y agradeciendo lo vivido, en vez de quedarme ahogándome en la amargura de sentir que la gente hoy no se compromete, que dan por sentado que siempre estaremos ahí, y que los profes no se animen a asumir el reto de cooliderar estos espacios ni a apoyar a los que sí lo hacen.


Seguro yo soy el principal responsable de todo esto, por no hacerlo rentable, por no enganchar a la gente, por no hacerlo deseable y consumible, por no hablar el lenguaje del mundo de hoy, por abrirme a confiar en otras personas y sé que debo asumir esa responsabilidad, pero para ser sincero prefiero despedirme con paz y coherencia por haber sostenido mis principios, que haberme unido al ruido de lo que está pasando hoy. De igual forma reconozco que han surgido otras perspectivas críticas que nutren y cuestionan el panorama, confío en que ellas puedan ser faros que guíen las transformaciones que el yoga necesita. Yo por ahora aprovecharé para dirigir mi energía hacia otros procesos, y me despido confiando en que todas las semillas que preservamos y cuidamos durante tantos años puedan encontrar tierras fértiles donde echar raíces y compartir sus frutos para hacer de este un mundo más bello.


Encuentro final del semillero de yoga  noviembre 2025

 

Honrando y agradeciendo a los cientos de personas que han pasado por las diferentes actividades, encuentros, cursos que han nacido del semillero, a todos los que han leído, visto o escuchado nuestras reflexiones, y a todos los que han sabido recibir, cuidar y compartir todo lo que hemos compartido.


Sembrado por Esteban Augusto (Noviembre 2025)



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¿QUIÉNES SOMOS?

El semillero de yoga es una plataforma de encuentro para compartir, practicar, estudiar y vivir el Yoga en toda su profundidad. Nació como un espacio de preparación para futuros profesores de Yoga, en donde el único prerrequisito era tener instalada una práctica constante, y a lo largo de estos años ha servido como punto de encuentro para vivenciar el Yoga mucho más allá de una clase. Hoy en día conserva su esencia de estimular procesos formativos desde la pedagogía tradicional de Yoga, en donde el compartir, el practicar y el enseñar son los verdaderos maestros, y cumple su función mediante grupos de estudio, Diplomaturas en Yoga, talleres de profundización, retiros de autoconocimiento y actividades de servicio a la comunidad.

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