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SEMILLERO DE YOGA


Imagen tomada del libro: La Ciencia Sagrada de Sri Yukteswar



YFV. Filosofía 1

¿Cómo puede el ser humano relacionarse con el misterio de la existencia?

La filosofía suele habitar un territorio ambiguo dentro de nuestra sociedad y nuestra cultura. Se le reconoce como un saber fundamental, pero con frecuencia aparece asociada a sistemas de pensamiento que parecen distantes de la experiencia cotidiana. En muchos escenarios, la filosofía se presenta como un recorrido por ideas ajenas, por teorías ya elaboradas, por estructuras conceptuales que se aprenden, se repiten y, en ocasiones, se olvidan. Sin embargo, cuando la filosofía se aproxima a tradiciones contemplativas como el yoga, su naturaleza comienza a transformarse. Deja de ser un ejercicio orientado únicamente a comprender lo que otros pensaron y se convierte en una invitación a cuestionar la propia existencia.

Desde esta perspectiva, filosofar implica reconocer la capacidad profundamente humana de preguntarse. No se trata solamente de formular interrogantes para encontrar respuestas definitivas, sino de desarrollar la sensibilidad necesaria para habitar el misterio que se abre detrás de cada pregunta. La reflexión filosófica se desplaza así del terreno de la acumulación de conocimientos hacia un proceso de exploración que involucra la experiencia, la percepción y la construcción de sentido.

Dentro del campo del yoga, esta comprensión adquiere una dimensión particular. La filosofía no aparece como un saber aislado, sino como un espacio que articula aquello que en la tradición occidental suele abordarse de manera fragmentada. En esta visión, ciencia, psicología y metafísica no constituyen disciplinas separadas, sino lenguajes distintos para aproximarse a la experiencia de la conciencia y al lugar que el ser humano ocupa dentro del universo. Así, filosofar no se reduce a comprender la realidad, sino que se convierte en una práctica orientada a transformar la relación que el ser humano establece con ella.

Desde esta mirada emerge una comprensión distinta de la mente. Lejos de concebirse exclusivamente como un mecanismo generador de ideas o como un instrumento destinado a resolver problemas, la mente se entiende como un espacio que, al aquietarse, puede permitir el encuentro con dimensiones más profundas de la experiencia. Así, el pensamiento filosófico no busca multiplicar conceptos, sino refinar la capacidad de observar, de percibir y de abrirse a aquello que no puede ser reducido completamente al lenguaje.

Uno de los ejes que atraviesa esta mirada es la tensión entre trascendencia e inmanencia, dos formas de comprender la relación entre lo humano y lo sagrado. La trascendencia plantea la posibilidad de que lo sagrado se encuentre más allá de la experiencia material y de la condición humana. Desde esta perspectiva, el camino espiritual suele entenderse como un proceso de superación de las limitaciones del mundo ordinario, una búsqueda orientada hacia estados superiores de conciencia o hacia realidades consideradas más elevadas.

Por otro lado, la inmanencia propone que lo sagrado no se encuentra fuera del mundo, sino dentro de él. La experiencia cotidiana, el cuerpo, la materia y las relaciones humanas se convierten en escenarios posibles de realización espiritual. En lugar de plantear la espiritualidad como una huida del mundo, esta visión invita a reconocer el potencial transformador que habita en la experiencia misma de vivir.

Estas dos perspectivas no aparecen necesariamente como posturas excluyentes, sino como expresiones de un diálogo que ha atravesado distintas tradiciones espirituales y filosóficas a lo largo de la historia. Cada una de ellas representa una manera particular de responder a preguntas fundamentales sobre la naturaleza humana, el sentido de la existencia y la relación con lo absoluto. Estas respuestas, lejos de surgir en el vacío, se encuentran profundamente vinculadas a los contextos culturales, sociales y geográficos en los que emergen. Desde esta mirada, las tradiciones espirituales pueden comprenderse como mapas simbólicos construidos para orientar la experiencia humana dentro de realidades específicas, reconociendo que “el mapa no es el territorio”.

En este sentido, el yoga no puede entenderse como un sistema homogéneo ni como una tradición estática. Más bien, aparece como un entramado vivo que se ha nutrido de múltiples corrientes filosóficas y culturales. La exploración de estas raíces permite reconocer que la práctica contemporánea del yoga es el resultado de procesos históricos complejos en los que convergen distintas formas de comprender la conciencia, la materia y la existencia. Entre estas raíces se encuentran tradiciones como el Samkhya, el Yoga clásico, el Vedanta y el Tantra, cada una de las cuales ofrece una interpretación particular sobre la naturaleza de la realidad y el camino hacia la comprensión de la experiencia humana.

La reflexión sobre estas tradiciones conduce inevitablemente a cuestionar nociones aparentemente universales, como la forma en que se comprende el tiempo. La relación con el tiempo constituye una de las dimensiones más profundas a través de las cuales las culturas organizan su experiencia del mundo. En algunas sociedades, el tiempo se concibe principalmente como una proyección hacia el futuro, una estructura que orienta la acción humana hacia metas, logros y transformaciones por venir. Esta mirada, profundamente arraigada en la modernidad occidental, tiende a privilegiar la planificación, el progreso y la construcción permanente de horizontes por alcanzar. Sin embargo, esta orientación también puede generar dinámicas de ansiedad, aceleración e insatisfacción, al situar el sentido de la experiencia en aquello que aún no ocurre.

Otras culturas han privilegiado una comprensión del tiempo orientada hacia el pasado, reconociendo en la memoria, en los ancestros y en la tradición los elementos fundamentales para construir identidad y sentido. Desde esta perspectiva, el pasado no representa únicamente lo que ya fue, sino el territorio donde se conservan los vínculos que sostienen la experiencia colectiva.

Existen también visiones que centran la experiencia en el presente, entendiendo que la realidad solo puede ser habitada en el instante actual. Esta perspectiva resalta la posibilidad de vivir con mayor plenitud la experiencia inmediata, aunque también puede confrontar la necesidad humana de proyectarse y planificar.

Finalmente, algunas tradiciones espirituales han propuesto una comprensión cíclica del tiempo. Desde esta mirada, el tiempo no avanza únicamente en línea recta, sino que se mueve en ciclos que se repiten, se transforman y se regeneran. Los ciclos naturales, como el día y la noche o las estaciones, se convierten en metáforas para comprender el movimiento de la vida y de la conciencia.

Dentro de esta visión cíclica surge la noción de las yugas, entendidas como eras que describen transformaciones en la relación entre la humanidad y su origen. Estas eras (Satya Yuga, Treta Yuga, Dvapara Yuga y Kali Yuga) representan distintos momentos dentro de un ciclo cósmico en el que la conciencia transita por procesos de mayor o menor cercanía con su fuente original. En este modelo, el tiempo se concibe como un movimiento en el que el universo emerge desde un punto de origen, se expande y, al alejarse progresivamente de ese centro, experimenta transformaciones en su relación con la conciencia. Sin embargo, el ciclo no se detiene en ese alejamiento, sino que plantea la posibilidad de un retorno, sugiriendo que los procesos de transformación contienen siempre la semilla de un nuevo acercamiento al origen.

Comprender estas nociones no implica necesariamente asumirlas como verdades absolutas, sino reconocerlas como formas simbólicas de interpretar la experiencia del tiempo, la historia y la conciencia. Desde esta perspectiva, el estudio filosófico del yoga no busca ofrecer respuestas definitivas sobre la naturaleza de la realidad, sino ampliar los marcos desde los cuales es posible comprenderla.


Sobre aquello que no muere

Al adentrarse en las raíces filosóficas que nutren la práctica contemporánea del yoga, particularmente en el diálogo entre el Yoga clásico, el Samkhya, el Vedanta y el Tantra,  empieza a hacerse evidente que, aunque estas tradiciones se desarrollaron en contextos históricos, culturales y espirituales distintos, parecen orbitar alrededor de un mismo conjunto de inquietudes fundamentales. No necesariamente comparten doctrinas ni conclusiones definitivas, pero sí comparten preguntas dignas de ser habitadas.

Más que sistemas cerrados de pensamiento, estas corrientes pueden leerse como intentos reiterados por comprender cinco grandes misterios de la existencia humana: la naturaleza de aquello que somos, la forma en que percibimos la realidad, el origen del sufrimiento, la posibilidad de liberarnos de él y los caminos concretos que permiten recorrer esa transformación.

Una intuición atraviesa de manera persistente estas tradiciones: la sospecha de que el ser humano no se reduce a su dimensión visible, ni a su historia personal, ni siquiera a su vida biológica. Existe la idea, expresada con distintos lenguajes, de que hay en nosotros un principio que no nace ni muere, una forma de conciencia que permanece como testigo silencioso de la experiencia.

En algunas visiones, esta conciencia aparece como una presencia que observa sin involucrarse, una suerte de fundamento inmutable que permanece intacto mientras todo lo demás cambia. En otras, esta misma conciencia no solo constituye la esencia del individuo, sino que es idéntica a la esencia del universo entero, borrando la frontera entre lo íntimo y lo absoluto.

Otras tradiciones, lejos de oponer esa conciencia al mundo material, sugieren que esta se expresa precisamente a través de la materia, del cuerpo, de la energía y de la experiencia sensible. La espiritualidad, en este sentido, no consistiría en escapar del mundo, sino en aprender a reconocer lo sagrado en su manifestación cotidiana.

Ligado a esta pregunta surge otra inquietud: si existe una dimensión más profunda de la realidad, ¿por qué nuestra experiencia cotidiana parece estar atravesada por la confusión?

Estas corrientes hablan de una especie de velo que cubre la percepción humana. No necesariamente un engaño en el sentido moral, sino una forma de interpretación que hace que lo cambiante parezca permanente, que lo fragmentado parezca separado, que lo superficial parezca definitivo.

Este velo, a veces nombrado como ilusión creadora, no solo oculta la realidad última, sino que también la hace posible. No es únicamente un obstáculo, sino también una forma en que lo absoluto se manifiesta en la multiplicidad del mundo.

Mientras algunas corrientes espirituales proponen trascender esa ilusión para alcanzar un estado más puro de conciencia, otras sugieren que la ilusión misma puede convertirse en un camino de revelación si se la observa con suficiente profundidad.

Otra coincidencia profunda entre estas tradiciones es el reconocimiento de que la existencia humana está inevitablemente atravesada por el sufrimiento. No como una afirmación pesimista, sino como un diagnóstico lúcido de la vida misma.

La impermanencia de todas las cosas, el apego a aquello que cambia y la tendencia a identificarnos con nuestros pensamientos, emociones o roles generan una tensión constante que se expresa como insatisfacción, ansiedad o temor.

Desde esta perspectiva, el sufrimiento no sería simplemente un accidente de la vida, sino una consecuencia de una confusión más profunda sobre quiénes creemos ser. En la medida en que la conciencia se identifica con lo que observa, queda atrapada en el vaivén de los cambios.

Algunas tradiciones, sin negar el dolor, plantean incluso que la experiencia del sufrimiento puede convertirse en una puerta hacia la transformación cuando se atraviesa con presencia y comprensión.

Ahora, si el sufrimiento es posible, también lo es la liberación. 

Para algunas visiones, liberarse implica reconocer la diferencia radical entre la conciencia y la naturaleza cambiante del mundo. Para otras, la liberación no consiste en alcanzar un estado nuevo, sino en recordar una verdad que siempre ha estado presente. También existen perspectivas que no conciben la liberación como una salida del mundo, sino como la capacidad de experimentar unidad dentro de la experiencia misma.

En cualquiera de sus formulaciones, la liberación aparece menos como una conquista externa y más como un cambio en la forma de percibir la realidad.


La condición humana

Si las tradiciones del Yoga, el Samkhya, el Vedanta y el Tantra dedicaron amplios esfuerzos a explorar la naturaleza de la conciencia, la ilusión y la posibilidad de liberación, es porque parten desde una misma mirada: existir implica habitar un ciclo constante de experiencia, transformación y repetición.

Esta dinámica suele conocerse como Samsara, un término que hace alusión al flujo continuo de nacimientos, muertes y renacimientos. Más allá de su interpretación literal o simbólica, la idea de Samsara describe la sensación de moverse en patrones que se repiten, en historias que parecen cambiar de forma pero conservan estructuras similares, en aprendizajes que regresan con nuevos rostros.

Samsara no solo habla del ciclo de la vida y la muerte en un sentido cosmológico, sino también del modo en que los seres humanos recreamos constantemente nuestras propias narrativas, vínculos, temores y deseos. Es el movimiento circular de la experiencia cuando la conciencia permanece atrapada en aquello que desconoce.

En el corazón de este ciclo aparece otro concepto fundamental: Duhkha, usualmente traducido como sufrimiento, pero que podría entenderse también como una forma de fricción inherente a la existencia. No se trata únicamente del dolor evidente, sino de una sensación más sutil de insatisfacción, de incompletitud, de inestabilidad frente a un mundo en permanente cambio.

Estas tradiciones coinciden en señalar que esta experiencia de sufrimiento no surge como castigo ni como error accidental de la vida, sino como consecuencia de Avidya, la ignorancia fundamental sobre la naturaleza de la realidad y sobre quiénes creemos ser. Cuando la conciencia se identifica exclusivamente con aquello que cambia (el cuerpo, los pensamientos, las emociones, los roles sociales) queda inevitablemente expuesta a la fragilidad de lo transitorio.

Sin embargo, el reconocimiento del sufrimiento no aparece como una postura fatalista, sino como un punto de partida para la transformación. Comprender la raíz del sufrimiento abre la posibilidad de interrumpir su repetición.

En este punto emerge el concepto de Karma, entendido no como un sistema de premios y castigos morales, sino como la ley de causalidad que atraviesa la experiencia humana. Cada acción, pensamiento o intención genera consecuencias que, de manera directa o indirecta, configuran la realidad que habitamos. El karma no opera como destino rígido, sino como una red dinámica de causas y efectos en la que cada ser humano participa activamente.

Desde esta perspectiva, la libertad no consiste en escapar del entramado de la experiencia, sino en volverse consciente de la forma en que participamos en su construcción. La ignorancia reproduce el ciclo; la conciencia introduce la posibilidad de transformarlo.

………………….

Si algo parece revelarse al recorrer estas nociones, es que las tradiciones que nutren el yoga no buscan negar la condición humana, sino comprenderla con total profundidad. El sufrimiento, la repetición y la consecuencia de nuestras acciones no son errores del sistema, sino expresiones de un proceso de aprendizaje que puede conducir, eventualmente, al reconocimiento de aquello que permanece más allá del cambio.

En ese sentido, la filosofía deja de ser una colección de ideas sobre la realidad para convertirse en una invitación a habitar la existencia con mayor lucidez. La práctica del yoga, entendida desde sus raíces filosóficas, no aparece entonces como un conjunto de posturas o técnicas aisladas, sino como un camino que busca transformar la relación entre la conciencia, el mundo y la experiencia humana.

Quizá el valor más profundo de estas tradiciones no reside en ofrecer respuestas definitivas sobre el universo, sino en recordarnos que la pregunta por quiénes somos sigue abierta. Y que, tal vez, el verdadero recorrido espiritual no consiste en abandonar la condición humana, sino en atravesarla con suficiente atención como para descubrir, en medio de su movimiento constante, aquello que nunca ha dejado de estar presente.


Sembrado por: Estefanía García (4 de febrero de 2026, como relatoría de la primera sesión del Módulo de Filosofía del Ciclo de Profundización de Yoga como Filosofía Viva)

 

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¿Por qué ayunar? 

Cuando suspendemos la ingesta de alimentos, iniciamos en nuestro cuerpo un proceso de depuración y limpieza, además toda la energía que empleamos en digerir la comida podemos direccionarla hacia un propósito espiritual. Es importante entender que ayunar es muy diferente a dejar de comer, ya que el ayuno implica un profundo estado de recogimiento y reconexión interior, y lo que hacemos es que durante unos días cambiamos la fuente de nuestra energía, por ello conservaremos una práctica constante de diferentes artes y terapias meditativas que favorezcan nuestra capacidad de estar presentes en cada instante. Proponemos hacer un ayuno en retiro para desacelerarnos de nuestra cotidianidad, para recargarnos, reconectarnos con nosotros mismos y volver a mundo con una capacidad ampliada de amar y servir. 


 ¿En qué consiste? 

Estaremos cinco días de retiro, de los cuales tendremos tres días de ayuno total, y dedicaremos el primer día a la instalación y a una alimentación frugal que facilite la entrada al ayuno, y en el último día contaremos con una retorno gradual a la ingesta de alimentos. 

Durante cada día tendremos una Sadhana específica, conjugando diversas técnicas y prácticas alrededor de Yoga y Meditación, que comenzarán antes de la salida del sol y nos acompañarán a lo largo de la jornada. Observaremos estrictos momentos de silencio y también momentos libres de esparcimiento consciente. Durante cada uno de los días contaremos con diálogos y tareas específicas favorecer el proceso de autoconocimiento. 


Recomendaciones previas: 

  •  Abstenerse de consumir carne, bebidas alcohólicas, drogas, azúcar en exceso durante la semana previa al ayuno. 
  •  Hablar consigo mismo para prepararse para ese regalo de varios días de reconexión interior a través del ayuno. 


 Este ayuno es para ti : 

  • Si buscas conocer más sobre ti mismo.
  • Si sientes un llamado a purificarte en los diferentes niveles de la existencia: física, vital, emocional y mental. 
  • Si quieres profundizar en la práctica de Yoga, la meditación y el silencio. 
  • Si quieres tejer comunidad con otros practicantes y profesores de estas disciplinas. 
  •  Si sientes que te vendría bien una jornada de autoconocimiento y autotransformación desde un proceso colectivo y una guianza personal. 


¿Qué debes llevar? 

  • Ropa cómoda para la práctica, de baño y de abrigo.
  • Elementos de aseo personal. 
  • Una agenda en blanco. 
  • Un velón mediano.
  • Mat o estera para hacer yoga. 
  • Cojín para sentarse a meditar. 
  • Manta para abrigarse en las prácticas
  • Botella para el agua. 
  • Elementos para el altar

Itinerario 

Día 0: Viernes 20 de Marzo: Llegada al municipio San Rafael, cuenca del arenal, por cuenta de cada uno de los participantes,  y procederemos a las labores de adecuación, práctica de yoga, cena para nuestra última ingesta (6:00pm). Instalación del ayuno.
Día 1-2-3: Sábado, domingo, lunes: Jornadas de ayuno completo acompañadas de secuencias de cultivo de pranayamas, prácticas de depuración (satkarmas), ejercicios de autoconocimiento, clases de yoga, ejercicios de contemplación y meditación, círculo de palabra (satsanga).
Día 4: Martes 24 de Marzo: Práctica matutina y vuelta a la alimentación, labores de adecuación. Salida del lugar hasta las 12:00 m


Detalles logísticos

Para llegar a nuestro punto de encuentro en el municipio de San Rafael, se puede llegar en transporte público, o podemos coordinar entre todos los asistentes compartir algún vehículo particular, se dospondrá de un grupo de Whatsapp para ello.

Guianza a cargo de Esteban Augusto: 


 Actualmente se dedica a compartir procesos de acompañamiento, formación y enseñanza de Yoga. Ha recorrido diversas escuelas de Yoga, recogiendo de éstas aprendizajes, acreditaciones nacionales y certificaciones internacionales en diferentes métodos y estilos de Yoga (Yoga Integral, Hatha Yoga, Raja Yoga, Kriya Yoga, Kundalini Yoga, Yoga Terapéutico, AcroYoga, Sivananda Yoga), pero su recorrido lo ha llevado a practicar y enseñar otro tipo de artes como el Tai Chi y el Kung Fu. Coordinador de Semillero de Yoga, y creador de la Diplomatura en Yoga que se ofrece actualmente desde la Facultad de Medicina de la Universidad de Antioquia y el Parque de la Vida. Se ha dedicado a compartir la práctica durante más de 20 años en la ciudad, y ha coordinado y direccionado retiros de ayuno desde hace más de 15 años. 



Nuestro hogar será: 





Hábitat Manawa: 
Municipio de San Rafael, Antioquia, 

















Aporte Logístico:

$570.000


Incluye: Estadía, materiales, logística y alimentación del primer y último día.
NO incluye Traslados al lugar del encuentro.


 Aporte voluntario:

 Este aporte será exclusivamente para la guianza, se hará al final del encuentro.

En caso de dudas o asesorías por favor escribir directamente al 3164963370


Procedimiento para acompañarnos en este retiro:

1º Completar el formulario presente al final del enlace.
2º Cuando te contactemos de acuerdo a los datos que hayas dejado en el formulario, te compartiremos la cuenta para hacer el pago.
3º Enviándonos en comprobante de pago queda asegurado tu cupo para sumarte a esta experiencia.


 “El ayuno en su versión terapéutica genera un proceso de limpieza y desintoxicación física y emocional. En su versión espiritual fortalece la voluntad y nos permite proyectarnos claramente en nuestras vidas”



Puedes comenzar tu proceso de inscripción aquí o escribirnos para más información. 

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UN ÚLTIMO ENCUENTRO


La última vez que nos vimos de forma presencial, ella preparó para mí una rica sopa de mondongo, un plato típico popular en mi región. Y aunque no es de mis favoritos, si estaba preparado por ella, lo disfrutaba porque amaba su "sasón".  Arroz con pollo, lentejas, fríjoles, ensaladas, postres, todas estás preparaciones salían de sus manos para los encuentros fiesteros, celebrando cumpleaños, navidades y otros eventos familiares. Ella tenía el don del sabor, además que amaba servir generosamente a su gente.


Guardo un recuerdo grato de ese, nuestro último encuentro, pues conversamos bastante. Fue justo un año atrás por esta época, creo que fue la primera vez que compartimos una comida solas las dos, hablando principalmente de nuestro 'asunto' en común:  su hijo -mi compañero de vida-. Hablamos de las nuevas experiencias como migrantes, viviendo lejos de las familias y adaptándonos a una nueva cultura, también sobre Picasso y su Candi, hijos perrunos que nos acompañan. Hoy ya no está con nosotros "Doña Magnolia" más conocida como 'Chavela'. Hace ya unas semanas falleció. Fue una muerte repentina, que nadie esperaba, pues era una mujer activa, enérgica, muy vital siempre.


EL MISTERIO DE LA MUERTE


Pensando en este deceso, me he hecho consciente de que en nuestra cultura hay mucho miedo frente al tema de LA MUERTE, la propia y la de nuestros seres queridos.  Es contradictorio, que siendo considerados tan abiertos en las conversaciones de familia y amigos, siento que solemos dejarlo de lado. Puede ser que lo veamos como un tema lleno de misterio, entonces mejor ignorarlo, o pensar que está ligado principalmente al dolor, es lo que aprendimos desde los rituales católicos, entonces, para qué pensar en él o en lo que pueda pasar luego de dejar este plano material.


Desde hace un tiempo he sentido un interés particular sobre el tema. Recuerdo que en 2020, luego de vivir la parte más difícil de la pandemia, durante un retiro de yoga, tuve en mis manos por primera vez el Libro tibetano de la vida y la muerte. Justo por esta época, en diciembre de 2020. Y en sintonía con esa lectura, llegaron aprendizajes que me movieron un montón sobre la meditación, la salud, la enfermedad, la vida y la muerte. También pude transitar y comprender un poco la muerte de alguien muy cercano que luego de afrontar un cáncer, murió el 22 de diciembre de ese año, de allí salió 'Cuando la muerte nos sorprende'.


Una nueva coincidencia con esa experiencia, es que este año, participando en un círculo de lectura propuesto por Almatelier, llegó nuevamente el Libro tibetano de la vida y de la muerte. Esta vez pude leerlo completo gracias al apoyo y la compañía del grupo. No fue una lectura fácil, hubo partes difíciles de comprender, que encontré contradictorias o pesadas. Sin embargo, al final me quedé con nuevas ideas, algunas muy prácticas e inspiradoras, por ejemplo, claves para una práctica meditativa más chévere y amorosa, que se convierte en una preparación para afrontar la muerte propia y de otros. También sobre el acompañamiento a personas cercanas que estén en el final de la vida. En ese sentido, he querido aplicar lo aprendido sobre cómo ayudar a los moribundos en su 'trabajo' de trascender de forma tranquila.


El libro está compuesto por 3 partes principales: 

La vida, 

La muerte,

Muerte y renacimiento.


La segunda parte me impactó enormemente. Esta parte no solo explica detalladamente el estado mental de un moribundo, muchos asuntos y percepciones que nunca había contemplado, sino que de ella extraje ideas y aprendizajes que quisiera aplicar al momento de acompañar a otros en esa difícil tarea de dejar este mundo.


ACOMPAÑAR A OTROS EN SU TRANSICIÓN


Una recomendación con la que resueno y quiero implementar, es integrar más en mi vida es LA ESCUCHA ATENTA, permitir y posibilitar que todas las personas y en especial enfermos y/o moribundos se expresen libremente. Me hice consciente de la cantidad de miedos y preguntas que puede afrontar una persona a punto de partir de este mundo. Lo siento como un salto al vacío. Incertidumbres e inquietudes como: 

¿Qué hay después de...?

¿Habrá dolor? 

¿Que pasa con aquello que 'hice mal' o dejé de hacer? 

¿Qué hay con mis culpas o remordimientos?

Un tema que puede causar angustia es esto último de las culpas y los remordimientos asociadas a acciones -u omisiones- y también a los vínculos, y que sin duda van a llegar en esos momentos. Frente a esa sensación de tensión y angustia, en los que podemos sentirnos como 'malas personas', no merecedoras de descansar en  paz, de llegar al cielo, -al nirvana o al samadhi-, el libro propone dejar que la persona se exprese libremente. Y esto implica que puede tener emociones consideradas negativas como rabia, rechazo, angustia y temor.

 

Además me encantó esta parte:

"He visto a menudo que las personas que están muy enfermas anhelan que las toquen, anhelan que las traten como a personas vivas y no como enfermedades. Puede darse mucho consuelo a los enfermos tocándoles las manos, mirándolos a los ojos, dándoles un suave masaje, acunándolos o respirando suavemente al mismo ritmo que ellos. El cuerpo tiene su propio lenguaje de amor; utilízalo sin temor y descubrirás que ofreces solaz y consuelo al moribundo. Muchas veces olvidamos que los moribundos están perdiendo todo su mundo: su casa, su trabajo, su familia, sus amistades, su cuerpo y su mente. Lo están perdiendo todo".


Un primer propósito es entonces establecer comunicación compasiva, tanto verbal como gestual. Escuchar en silencio, sin juzgar. Incluso cuestionar para que sea él o ella quien encuentre respuestas de acuerdo a su visión de la vida, a sus experiencias y su sabiduría interna.  Es un reto que encuentro adorable. Servir para dar confianza, incluso admitir que no tengo las respuestas, mostrarme vulnerable o incluir el humor, la imaginación y la alegría en momentos que hemos visto comunmente como demasiado serios o solemnes.


Otra recomendación interesante de la lectura es crear un ambiente de conexión espiritual para el ser querido. Sea cuál sea la creencia del moribundo, poder hacer una especie de altar, con objetos que representen su fé. Esto ayuda a la persona en tránsito a fomentar su confianza. Hacerlo sentir acompañado, sabiendo que hay una sabiduría superior a la cual regresamos. Permitir el ritual, le quita a la muerte su connotación del gran final y permite verle como una etapa del ciclo vida-muerte.


Y así pensar en la muerte sin tanto drama, llanto o sufrimiento -que muchas veces le imprimimos en nuestra cultura-. Es un cambio de visión interesante. A diferencia de nuestro país, en el que asociamos la muerte a dolor, ausencia y un final definitivo, existen culturas en el mundo que proponen ceremonias menos fúnebres, más neutrales, incluso con celebración.


Siento que cuando alguien cercano muere, debemos permitirnos momentos y espacios para expresar libremente tristeza, vivir el duelo por la pérdida. Sin embargo resueno con expresar además GRATITUD por lo vivido con esa persona que vamos a extrañar, pensando más en vivencias compartidas, en el disfrute de lo vivido, SU PROCESO y los encuentros antes de partir.


LA LLEGADA DE LA MUERTE


Sobre el momento en que llega la muerte, me llamó la atención que el texto insiste en la dificultad de ACEPTAR  que ya no estaremos más en la tierra. Parte importante de esta angustia proviene de LOS APEGOS. Apegos de muchos tipos: a lo material, al cuerpo, a las formas conocidas, a las personas. Y nada de eso estará en ese nuevo estado. Una forma práctica para el moribundo de liberarse de aferramientos es despedirse de familia y amigos, distribuír todo lo material, incluso expresar su deseo de que algunas personas no estén. Y para los acompañantes la idea es cuidar la 'calidad de la atmósfera que rodea' a nuestro ser querido.


"Nuestro estado mental en el momento de la muerte tiene una enorme importancia. Si morimos con una actitud mental positiva, podemos mejorar nuestra próxima encarnación, a pesar del karma negativo. Si, por el contrario, estamos alterados y angustiados, eso puede tener un efecto perjudicial aunque hayamos utilizado bien la vida. Esto quiere decir que el último pensamiento y la última emoción que tenemos justo antes de morir ejerce un poderosísimo efecto determinante sobre nuestro futuro inmediato".


EN HONOR A 'CHAVELA'


Es es esta segunda parte del libro donde se menciona una forma de ayudarle a nuestro ser querido a trascender de forma tranquila con una PRÁCTICA ESENCIAL llamada PHOWA.

Explicarla va más allá de mi capacidad en este momento. La idea que he tratado de llevarla a cabo desde mi comprensión y la verdad es que han sido momentos llenos de lágrimas, he sentido por pequeños instantes una gran conexión espiritual, paz y armonía que intento transmitir al ser querido, entonces ha llegado una sensación bien especial de gran conexión con esa alma.


Ahora, pensando en estas prácticas y resaltando lo mejor de quien ha partido, quiero ofrecer este texto por 'Chavela': Una maestra para quienes la conocimos. Ella, sin tener conocimiento del asunto, practicó la asistencia a los moribundos de la mejor manera. 


Una de sus últimas aventuras fue servir de forma desinteresada, acompañando un joven moribundo, aprovechando su condición de 'jubilada'. Donando su tiempo y buena disposición para estar en el hospital y así alivianar la carga de la madre del chico, quien contó con gran apoyo para proseguir con sus rutinas, sabiendo que alguien más cuidaba de su hijo. Sentí mucha admiración por ese acto de compasión, además porque ella siempre fue la más 'animada', cantora y bailarina, contagiando a todos su alegría y buena vibra.

Inspirada en su vida y en aprendizajes sobre este texto tan conmovedor, comprendo mejor ahora que aceptar la muerte implica vivir el presente en verdadera presencia, sirviendo con amor, sin menospreciar cada instante, sabiendo que puede ser el último día para mí hoy, este día, esta mañana. Además que quiero ser consciente de instantes de dolor e incomodidad que llegan irremediablemente ante la enfermedad o la vejez, mía y de mis seres queridos, implementando prácticas y herramientas para estar mejor yo inicialmente y así compartir ese bien-estar.

"Los momentos en que padeceis el sufrimiento pueden ser precisamente aquellos en los que estáis más abiertos, y allí donde sois sumamente vulnerables puede ser en realidad el lugar donde yace vuestra mayor fuerza".

..."La aflicción puede ser el jardín de la compasión, escribió Rumi"


EL CAMINO POSTERIOR A LA MUERTE


Esta última parte, contiene una información que encontré impactante e interesante y que me ha permitido comprender un poco las etapas propuestas por el autor y por el budismo, desde  tradiciones que han estado por años en su cultura.


Entonces, sobre el camino posterior, luego de morir, existen etapas. En mi opinión, no es fácil de asimilar y menos de explicar el proceso. Por más que el texto ofrece descripciones bastante detalladas, considero que para nosotros en la cultura occidental puede ser difícil digerir y aceptar esta teoría. Encuentro también que entre más racionales seamos, menos crédito podemos darle a estas visiones.

Sin embargo, para mí ha sido clave en mi camino espiritual, entender menos y comprender más desde el corazón, aceptando que hay muchas posibles visiones, explicaciones diferentes a lo que nos pasa, que antes no cabían en mi cabeza. 


Son tres etapas las que se describen en esta última parte: Luminosidad base, Bardo (o etapa) del Dharmata y Bardo del devenir. Una parte que ha llamado mi atención en especial, es la etapa de llamada Bardo del dharmata.

Al pensar en lo que sucede en este periodo, se vino a mi cabeza el momento en que hice mi primera toma de Ayahuasca. Fue un viaje tremendamente loco, revelador, con partes disfrutadas y otras difíciles. Tuve visiones psicodélicas casi toda la noche. Podía ver una mandalas en movimiento sobre el chico que dirigía la ceremonia mientras cantaba junto a la fogata en el centro del lugar, yo estaba acostada en mi 'sleeping' observando y escuchando, inmersa en sus canciones. Un recuerdo bastante vívido en mi memoria. 


La idea es que esas visiones se volvieron un poco tormentosas cuando sentí que pasaba el tiempo y ya quería que pararan. Esta experiencia es muy similar a lo que el libro explica que sucede. Comentamos incluso en el grupo que fue una etapa demasiado 'volada' para algunas lectoras. 

Sin embargo, creo que precisamente parte del reto que implica nuestra evolución es soltar la mente racional, tan valorada en nuestra sociedad, y en este caso, el 'cómo debería' verse esa realidad post- mortem. Poder conectar con la parte más intuitiva, dónde están presentes muchas formas, colores, movimiento, combinaciones. Es como que en ese momento somos observadores o creadores de obras de arte subjetivas, locas, nada convencionales.


Por otro lado, en el llamado Bardo del devenir, la última de esta secuencia, se menciona el hecho de querer volver a las viejas tendencias de nuestro carácter en vida. Habitar nuevamente esas características y hábitos que nos definieron durante la vida terrenal. Y eso puede convertirse en un lastre, que nos hace elegir volver al plano terrenal a vivir experiencias que sentimos familiares. "Dualidad después de la muerte: Se nos presenta el medio de alcanzar la liberación, pero simultáneamente nos seduce la llamada de nuestros hábitos e Instintos. Experimentamos la energía pura de la mente y, al mismo tiempo, toda su confusión".


MI EXPERIENCIA PERSONAL


Y como creo enormemente en las sincronías o coincidencias que llamamos muchas veces casualidades, está última parte viene a confirmar algo que he adoptado como filosofía de vida de un tiempo para acá: 

'Vine a soltar miedos, nudos o bloqueos que voy echando al bolsillo a lo largo de la vida'. Tengo además creencias, acciones y comportamientos que 'me definen' y que me han traído sensaciones incómodas, malucas, que se repiten y en las que quiero trabajar y mejorar.

Me he hecho consciente con este texto que hay cantidad de contenido que he acumulando a lo largo de la vida y EL TRABAJO, la tarea real es poder vaciarme de mucho de ese contenido, pues algunas de esas tendencias que me definen son limitantes, generan dolor. Me impiden aceptar e integrar otras visiones, posibilidades diferentes y en ese sentido impiden ponerme en el lugar de otras personas para practicar la compasión. 

Son creencias y pensamientos que generan separación, con la idea de que SOY DIFERENTE, como que 'yo nunca voy a estar en su posición'. Incluso me hacen juzgarme de forma severa a mí misma. Muchas veces hago críticas propias, con rigidez y ahí empieza el juicio con el que miro a otros. Pero pues en el tema de la muerte no hay escapatoria, seré una persona moribunda y/o enferma en algún momento, eso es seguro. Entonces chévere y a la vez retador pensar cuidar y acompañar a otros -moribundos o no- como yo quisiera ser acompañada.


Confirmo entonces que ese es el TRABAJO al que vinimos en esta experiencia terrenal, no es solo aprender la supervivencia en este plano material, estar en una oficina o  en un oficio la mayor parte de la vida. Es un trabajo interno de desarrollo personal que implica integrar herramientas como la meditación y otras, que ayudan a integrar el silencio, la soledad, la compasión, los vínculos sanos, el cuidado propio y de otros, la cercanía con lo sagrado, que a su vez nos preparan para afrontar la muerte de la mejor manera.



Sembrado por Sandra Velazques (enero 2026)

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