• INICIO
  • ENSEÑANZAS
    • TÉCNICAS
      • POSTURAS
      • RESPIRACIÓN
      • RELAJACIÓN
    • FILOSÓFICAS
    • ENERGÉTICAS
    • PSICOLÓGICAS
    • ESPIRITUALES
    • PEDAGÓGICAS
  • CURSOS & TEXTOS
    • SEMBRANDO HUMANIDAD
    • YOGA SUTRAS
    • YOGA VASISHTHA
    • BHAGAVAD GITA
    • MATERIAL COMPLEMENTARIO
      • CUENTOS SOBRE LA MENTE
      • TEXTOS DE INSPIRACIÓN
  • APUNTES
    • LA VIDA DIARA
    • EL ARTE DE VIAJAR
    • JARDINERIA DE LA ENSEÑANZA
  • ENCUENTROS
    • GRUPOS DE ESTUDIO
    • FORMACIÓN
    • PEREGRINAJES
    • RETIROS
    • AYUNOS
    • SADHANA ITINERANTE
    • PROYECTO EDITORIAL
    • YOGAVERSO (PODCAST)
  • QUIÉNES SOMOS
    • HISTORIA
    • APORTE VOLUNTARIO
    • BITACORA
  • CONTACTO
Yogaverso podcast youtube YOGAVERSO Whasapp instagram EA

SEMILLERO DE YOGA



YFV. Filosofía 2

El Susurro del Ser: Un Relato de Ham-Sa y So-Ham

La continuación de esta clase comienza recordándonos que no somos seres aislados, sino parte de un ritmo universal. Nos habló de Ham-Sa, ese sonido sutil que emerge cuando inhalamos y exhalamos. Explicó que, al inhalar, el aire entra con el sonido "Ham" y, al salir, se despide con un suave "Sa". Es el "Cisne" del espíritu, una metáfora de la pureza y la capacidad de discernir entre lo eterno y lo transitorio. Cuenta la leyenda que es un ave migratoria que queda atrapada en las redes y que lo que nos atrapa también la libera. La clase propuso la respiración no solo como una función biológica, sino como el puente sagrado que reconecta la conciencia individual con la conciencia universal.

Este ciclo incesante constituye una oración biológica que ocurre en cada ser vivo, independientemente de su credo o nivel de conciencia. La práctica sugerida en la clase fue, por tanto, el acto de "escuchar" este mantra preexistente, permitiendo que la respiración se convierta en un objeto de meditación constante.

Uno de los pilares de la clase fue el símbolo del Cisne (Hamsa). En la tradición del Advaita Vedanta, el cisne es el emblema del alma liberada o el buscador de la verdad. La relatoría profundiza en dos niveles de interpretación presentados en la sesión:

  1. La pureza del ser: Al igual que el cisne habita en las aguas puras del lago, pero sus plumas no se mojan, el alma habita en el mundo de los fenómenos sin ser contaminada por sus fluctuaciones.

  2. El vuelo de la libertad: El movimiento del cisne simboliza la ascensión de la conciencia desde los centros inferiores hacia la liberación espiritual. Todo esto envuelto en una metáfora… ¿Qué nos libera? ¿De qué queremos liberarnos?¿Para qué queremos llegar a la liberación?


El karma y su tipología

En el marco de la clase, se desmitificó el concepto de Karma, definiéndolo de forma rigurosa no como un sistema de castigos o recompensas, sino como la ley fundamental de acción y reacción (causa y efecto) que rige tanto la materia como el plano mental. Se explicó que cada acción física o pensamiento deja una huella (Samskara) en la conciencia.

Se expuso la clasificación clásica del Karma en tres grandes dimensiones temporales y energéticas:

  • Prarabdha Karma (El karma fructificando): Es la porción específica del Sanchita Karma que ha madurado y está destinada a experimentarse en la encarnación actual. Fue ilustrado con la metáfora de la flecha que ya abandonó el arco: una vez en vuelo, no puede detenerse, sino que debe experimentarse hasta agotar su inercia.

  • Agami o Kriyamana Karma (El karma en creación): Son las acciones voluntarias que se están realizando en el momento presente y que generarán las semillas del futuro.

  • Sanchita Karma (El depósito acumulado): Es la totalidad del karma o archivo latente acumulado en el pasado (incluyendo existencias previas). Es la reserva kármica que aún no ha madurado.

De igual manera nos invita a reflexionar sobre la soberanía que tenemos sobre este proceso, pues es cíclico, pasado presente y futuro.

Desmitificar el karma y entenderlo como una física de la conciencia, una ley de causa y efecto, lejos de la idea de premio o castigo; nos entrega una de las enseñanzas más liberadoras y desafiantes: la absoluta responsabilidad sobre nuestra propia existencia.

El aprendizaje central que nos deja esta tipología radica en enseñarnos exactamente dónde debemos enfocar nuestra energía vital. A menudo, el sufrimiento humano proviene de luchar incansablemente contra el Prarabdha Karma (la flecha que ya está en vuelo). Estas son las circunstancias actuales, los retos físicos o las situaciones ineludibles que ya han madurado. La gran lección aquí es la aceptación radical. Comprender que no podemos detener esa flecha en el aire nos invita a soltar la resistencia mental y a atravesar la experiencia con ecuanimidad, permitiendo que su inercia se agote de forma natural.

Sin embargo, el verdadero poder transformador y el corazón de la práctica reside en el Agami Karma. Ya sea al extender el mat para iniciar una práctica de asanas, al diseñar un nuevo proyecto profesional o al sostener una conversación difícil, cada respiración consciente, cada pensamiento y cada acción voluntaria es una nueva semilla. Esta ley nos recuerda que no somos víctimas de un destino ciego; somos los arquitectos activos de nuestro futuro.

Si el Sanchita Karma es el inmenso e inmodificable archivo de nuestro pasado, el presente es el único territorio donde tenemos verdadera soberanía.

La libertad espiritual no consiste en intentar borrar el pasado o evadir las flechas que ya están volando hacia nosotros. La verdadera libertad es utilizar el momento actual con total consciencia. Al elegir actuar desde la atención plena y el discernimiento, en lugar de reaccionar desde el automatismo o el miedo, dejamos de crear huellas (Samskaras) dolorosas y comenzamos a tejer una realidad de mayor paz. El karma, visto a través de esta lupa, deja de ser una condena para convertirse en la máxima expresión de nuestro libre albedrío.

Los Purusharthas: los cuatro propósitos de la existencia / búsqueda del ser

Se estableció que la filosofía védica no es un sistema de negación de la vida humana, sino de ordenamiento. La sesión detalló los Purusharthas como los cuatro objetivos legítimos que motivan la acción humana:

  • Kama (Placer): La búsqueda natural del disfrute estético, emocional y sensorial. Se reconoció como un impulso válido siempre que no desborde el equilibrio de la mente.

  • Artha (Riqueza y Seguridad): La consecución de recursos materiales, estatus profesional y estabilidad económica necesarios para sostener la vida personal y familiar.

  • Dharma (El Deber o la Rectitud): El eje central que regula y equilibra los dos anteriores. Es la acción ética alineada con el orden cósmico. Se subrayó que ni Kama ni Artha deben perseguirse violando el Dharma.

  • Moksha (Liberación): El propósito supremo. Es la trascendencia de los tres objetivos anteriores mediante el reconocimiento de la naturaleza eterna e inmutable del ser.

El mayor aprendizaje que nos dejan los Purusharthas es quitarnos de encima la falsa idea de que para ser espirituales hay que renunciar a todo. Esta filosofía nos da el "permiso" de abrazar nuestra humanidad: buscar la estabilidad económica (Artha) y disfrutar de los placeres de la vida (Kama) son motores completamente válidos y naturales. El secreto de este equilibrio está en el Dharma, que actúa como nuestra brújula ética; nos recuerda que podemos ir tras la abundancia y el gozo, siempre y cuando no pasemos por encima de nuestros valores, de nuestra paz mental ni de los demás.

En el fondo, se trata de aprender a jugar el juego de la vida con maestría sin dejarnos tragar por él. Una vez que hemos construido y disfrutado, Moksha (la liberación) llega para darnos el toque final: recordarnos que, aunque lo demos todo en la cancha, no somos nuestros títulos, ni el dinero, ni nuestras posesiones. Es la invitación a vivir plenamente en el mundo material, pero manteniendo siempre la certeza profunda de que nuestra verdadera esencia es libre, inmutable y va mucho más allá de cualquier logro terrenal.

Las fases evolutivas: Los Ashramas

Para organizar la experiencia vital y permitir el cumplimiento de los Purusharthas, se expuso el modelo sociológico y espiritual de los Ashramas o etapas de la vida. Las etapas cronológicas de la vida:

  • Brahmacharya (Etapa de Estudiante): El periodo de juventud dedicado a la disciplina, el celibato temporal (como contención de energía), el estudio formal y el desarrollo del carácter e intelecto. 

  • Grihastha (Sostenedor del Hogar): La fase central de la vida adulta dedicada a formar familia, generar Artha y disfrutar de Kama, asumiendo responsabilidades sociales. Se destacó que es la etapa que sostiene económicamente a las demás fases de la sociedad.

  • Vanaprastha (Etapa de Retiro o "Morador del Bosque"): La transición donde las responsabilidades mundanas y familiares han sido cumplidas. El individuo delega sus deberes materiales y comienza un retiro gradual, orientando su energía hacia la contemplación y la filosofía. El retiro gradual, donde las obligaciones mundanas ceden paso a la reflexión.

  • Sannyasa (Etapa de Renunciación): La etapa culminante. El individuo se desapega por completo de las identificaciones mundanas para dedicarse exclusivamente a la contemplación de lo Divino y la búsqueda de Moksha. La renunciación total en pos de la liberación.

El aprendizaje es entender que la vida no es una carrera donde hay que lograrlo todo al mismo tiempo, sino un viaje con estaciones naturales. A veces nos llenamos de ansiedad porque queremos tener la sabiduría y la paz del retiro cuando apenas estamos empezando, o nos frustramos cuando la vida nos pide bajar el ritmo y seguimos aferrados a producir sin parar (algo tan común en estos tiempos donde vamos tan rápido y pensamos igual). Esta enseñanza nos quita un peso enorme de encima al recordarnos que hay un tiempo perfecto para cada cosa: tiempo para prepararnos y absorber (Brahmacharya), tiempo para salir a comernos el mundo, hacer dinero, amar y sostener a la sociedad, y finalmente, tiempo para empezar a soltar las maletas, delegar y mirar hacia adentro.

Para entender de dónde viene todo esto, es fundamental hablar de las Leyes de Manu (el Manusmriti). Este texto fue el gran código ético, legal y civil de la antigua India. Manu buscaba que la sociedad funcionara de manera armónica, organizando la vida humana en un mapa claro para que lo material y lo espiritual no chocaran, sino que se complementaran. Aunque su base organizativa (Varnashrama Dharma) tenía la intención de crear orden, con el tiempo se volvió un manual muy rígido que terminó justificando desigualdades y el sistema de castas por nacimiento. Por eso, desde esta práctica, tomamos la sabiduría de su estructura, pero desechamos la rigidez de su aplicación dogmática.

La gran lección que nos deja esta mezcla entre los Ashramas y el código de Manu es el arte de saber habitar el presente. Nos invita a abrazar la etapa en la que estamos hoy sin querer saltarnos el proceso. Si estás en la etapa de sostener, producir y amar, hazlo con toda la energía y sin culpa. Pero guarda siempre en el corazón la sabiduría de que el "éxito" no es quedarse estancado en la cima del mundo material para siempre, sino saber reconocer cuándo llega el momento de ir soltando el control y los títulos para regresar, ligeros de equipaje, a la paz del espíritu.

Los Varnas

Se instruyó abordar los Varnas apartándose de la deformación histórica del "sistema de castas" por nacimiento, definiéndolos en su origen védico como las predisposiciones psicológicas intrínsecas (Gunas) con las que encarna un individuo para manifestar su vocación en el mundo:

  • Shudras: La disposición fundamentada en el servicio, la labor física y el apoyo logístico que permite el funcionamiento orgánico de la sociedad.

  • Vaishyas: La inclinación hacia la producción, el comercio, la gestión de recursos, la agricultura y la economía.

  • Kshatriyas: La disposición natural hacia la protección, el valor, el liderazgo sociopolítico y la administración de la justicia.

  • Brahmanas: La naturaleza orientada al cultivo del intelecto, la enseñanza, la reflexión filosófica y el liderazgo espiritual.

En el contexto, se enfatizó que, frente al ideal de liberación, todos los Varnas tienen el mismo potencial espiritual; la clave reside en ejecutar la acción que corresponde a la propia naturaleza (Sva-dharma) con total dedicación y ausencia de ego.

Aquí es donde entran a jugar los Gunas, que son como los tres ingredientes básicos de nuestra energía o psicología: Sattva (la luz, la calma, la claridad mental), Rajas (el fuego, la pasión, el empuje y el movimiento) y Tamas (la tierra, la inercia, la solidez y la estructura). Todos venimos al mundo con un cóctel único de estas tres fuerzas. Si tu naturaleza es de pura acción, comercio o liderazgo (Vaishya con mucho Rajas), o si tu don es sostener a otros y servir desde lo práctico (Shudra en Tamas), tratar de forzarte a ser un filósofo contemplativo que se la pasa meditando (Brahmana en Sattva) solo te va a generar frustración. El aprendizaje vital es dejar de pelear con nuestro propio diseño energético.

La liberación no se trata de cambiar de estrato, de título o de trabajo para parecer "iluminados", sino de agarrar eso que por naturaleza se nos da bien y convertirlo en nuestra ofrenda desinteresada para el mundo.

Los Ideales de la Liberación

Como síntesis integral de este segmento, la clase convergió nuevamente en el propósito último:

  • Moksha o la liberación absoluta: Para expandir la comprensión de este estado supremo y multidimensional, la sesión abordó otros tres conceptos fundamentales de la realización espiritual que complementan la visión de la libertad.

  • Kaivalyam (El Aislamiento Trascendental: Es el estado culminante en el que la Conciencia Pura (Purusha) "se aísla" y reconoce que es absolutamente independiente, incondicionada y libre de las ataduras de la materia y de la mente (Prakriti). El ser comprende que su verdadera naturaleza jamás estuvo manchada por la experiencia mundana. Solo la muerte libera.

  • Nirvana (La Extinción de la Ilusión): "extinción" o "apagar el fuego". En el contexto de la clase, el Nirvana se definió no como la aniquilación del ser o un vacío inerte, sino como la extinción definitiva de la ignorancia, los apegos, las aversiones y el fuego del egoísmo que genera sufrimiento. En este estado se saborea lo absoluto.

  • Samadhi (La Absorción Contemplativa): Se expuso que el camino hacia la liberación requiere estabilizarse en el Samadhi. Se aclaró detalladamente que no se trata de un trance evasivo o una pérdida de conocimiento, sino de un estado de supra-conciencia y lucidez total. Es la absorción profunda donde la mente cesa sus fluctuaciones (Vrittis) y descansa permanentemente en su propia fuente.

El análisis final de la sesión unificó todos los conceptos descritos. Se concluyó que el "humano liberado" es aquel que experimenta las etapas de la vida (Ashramas), desempeña el rol inherente a su naturaleza (Varna), persigue objetivos materiales y emocionales (Artha y Kama) sustentados por la ética (Dharma), pero lo hace desde la conciencia inquebrantable del observador (So-Ham).

A través de la práctica de saber observar y filtrar lo que realmente importa (el ejemplo del cisne), nos damos cuenta de que no somos el personaje estresado que sufre en la película de la vida, sino la luz tranquila que simplemente se sienta a observar cómo pasa todo.

En resumen, liberarse no significa salir corriendo a esconderse del mundo o evitar los problemas. Es seguir aquí, en medio del día a día, pero viviendo desde una paz profunda y con la tranquilidad absoluta de saber que somos uno con el universo ("Yo soy Eso") y entendiendo que el único lugar donde todo puede ocurrir es en el aquí y el ahora, es decir en la presencia.


Para reflexionar…

¿Cómo sería la humanidad si todos viviéramos desde la claridad?


Sembrado por: Catalina Hernández Jaramillo (11 de febrero de 2026, como relatoría de la segunda sesión del Módulo de Filosofía del Ciclo de Profundización de Yoga como Filosofía Viva)



Share
Tweet
Pin
Share
No comentarios

YFV. Sadhana 1

 Sādhanā: el arte de relacionarnos con la vida


Respirando juntos

Práctica grupal - Catalina & Uma. 

Una práctica impregnada de belleza abrió nuestra primera Sadhana. Respiramos el pulso de la vida para abrir espacio a la inteligencia colectiva y recordar quiénes somos como individuos y sobre todo, como comunidad -común-unidad-. 

La pedagogía del fuego

En la pedagogía tradicional del Yoga encontramos los tres pilares que lo sostienen y nos invitan a recorrer el camino para encender la luz de nuestra hoguera. Así, el SATSANGHA es el paso que damos para juntamos con aquellos con quienes coincidimos en la misma búsqueda de encender los leños de nuestra hoguera; en el SHAKTI-PATA encontramos a otros que nos inspiran porque ya han encendido sus propias hogueras y nos pueden guiar con la habilidad y sabiduría que les ha brindado su propio caminar; la SADHANA por su parte, nos moviliza al sostenernos a nosotros mismos para, en ese sentido, también sostener la Sangha. 

Estos pilares no son el manual de pasos ABC, son más bien un llamado a mirar y recorrer con paciencia y constancia nuestro proceso individual acompañado de la comunidad (en unidad con otros) hasta lograr caminar en la actitud de un SADHU, es decir, de un ser que cultiva su soberanía en trabajo diario.

Cultivar la Sadhana 

Sesión teórica - Esteban.

La Sadhana como pilar transversal es la que invita a la acción, a honrar nuestro proceso de encender y sostener nuestra hoguera mediante la práctica. Por ello, sería importante preguntarnos sobre la relación que tenemos con nuestra práctica, para qué la estamos realizando y cómo la estamos realizando.

Cuando uno practica Yoga, ¿Qué es lo que practica?

¿A dónde lo conduce a uno la práctica del Yoga? (si es que lo debe conducir a algún lugar)

¿Cómo la práctica del Yoga me lleva a ese lugar?

Y como la vida misma, no hay una única respuesta a estas preguntas, sino que surgen múltiples a partir de la experiencia de cada quien, recordándonos que Yoga replica la sabiduría de la vida y pues la vida es diversa. No obstante, algunas premisas son fundamentales para respondernos. 

Recordemos los principios de la práctica de Yoga

Actividad colectiva - Esteban.

El ritual de la práctica de Yoga nos propone una guía para permitirnos respirar el ritmo de nuestro pulso entre Abhyasa y Vairagya, es decir, entre el esfuerzo y el soltar. Reconociendo que la práctica de Yoga es un rito que transforma, pues cuando salimos de ella somos distintos de cómo entramos, activamos nuestra inteligencia colectiva para evocar entre todos los principios que estructuran este rito:

1. Ofrendar 

Dejando a un lado lo que estábamos haciendo disponiéndonos a pasar el umbral para entrar al espacio con reverencia, con entrega, comprendiendo que ofrendar es distinto de intencionar la práctica, lo cual nace desde una necesidad individual.

  Técnicas que acompañan: 

Recitar el mantra sagrado OM -ॐ-.

2. Purificar 

Entregándonos a la gravedad para sacar lo que no se debería expandir mediante la práctica. Este momento está regido por la exhalación. 

 Técnicas que acompañan:

-Nidra -descanso-: relajarse, tumbarse para entregarse. 

-Pranayamas -cuidado de la energía-: respirar con centro en la exhalación, soplar, sacudir, vibrar. 

3. Activar 

Avivar la energía ya purificada. La inhalación guía este momento. 

 Técnicas que acompañan: 

-Pranayamas -cuidado de la energía-: los activantes como el Kapalabhati cumplen ambas funciones de inhalación y exhalación (bombeo -sacar-, retención -acelerar-, magnetización -potenciar-).

4. Desbloquear 

Durante esta fase dinámica se desbloquea la columna vertebral para que permanezca afinada dentro del asana. Las cargas de los cinturones pélvico y escapular se liberan con la exhalación como guía, conduciendo a que la respiración se expanda a través del movimiento abriendo espacio para que la energía fluya. Aquí los movimientos no se sostienen de forma prolongada y son encadenados por la respiración.

 Técnicas que acompañan: 

-Pawanmuktasana -serie de liberación-: secuencia de movimientos que preparan al cuerpo para entrar en las asanas.

-Surya Namaskar -Saludo al Sol: esta secuencia fija de doce posturas se encadena a través de la respiración y es también una extensión del Pawanmuktasana. En esta secuencia saludamos a nuestro sol interno (plexo solar) que comanda los movimientos que sostienen nuestra vida. 

-Vinyasa -movimiento dinámico-: segundo tercio de las doce posturas del Saludo al Sol que permiten la expansión a otras secuencias, preparando para el asana. 

5. Condensar 

En esta fase regida por la inhalación es el momento de permanecer y respirar en las asanas para centrar la energía en puntos específicos de forma descendente o ascendente de acuerdo con la sabiduría que nos ofrecen las tradiciones de la alta montaña, que buscaban el descenso y las de la selva, que buscaban el ascenso. Esta analogía nos brinda la forma de identificar qué estamos necesitando para encontrar nuestro balance. 

 Técnicas que acompañan:

Asanas -permanecer en postura-: en las asanas permanecemos varias respiraciones bajo la premisa de que el tiempo en Yoga se mide en respiraciones. Podemos dirigir las asanas desde cada Kosha según sus dimensiones física (estructuras musculares, apoyos, rotación, etc.); energética (direccionamiento de la respiración); mental (el sentir); intelectual (encarnando el símbolo de la asana); o espiritual (la ofrenda). 

Las asanas básicas nos guían para el movimiento de la energía:

-Erguida: para conectar la tierra con el cielo recordando nuestro lugar. La energía asciende hacia la coronilla. 

-Flexionada: para abrir espacio en la espalda, trabajando con nuestra sombra. La energía va hacia nuestro plexo solar.

-Expandida: para calibrar nuestra brújula reconociendo hacia dónde queremos ir. La energía llega al corazón. 

-Invertida: para ver el mundo con otros ojos; para conectar nuestro cielo con la tierra y nuestra tierra con el cielo. El flujo se dirige a la cabeza y centros superiores. 

-Torsionada: expandirnos y recogernos reconectando el adentro y el afuera. La energía se distribuye a todos lados. 

-Integrada: reúne la totalidad de todas las demás posturas (paro de hombros). La energía se integra resolviendo todas las polaridades. 

Notas: 

El mejor punto para transitar de la fase dinámica de activación a la de condensación son las posturas de  equilibrio, que nos permite asentar la energía en cada asana.

Las posturas de torsión (redistribución) y paro de hombros (integración) son fundamentales para cerrar el ciclo de asanas.

6. Expandir 

A través de la relajación en entrega y rendición expandimos la energía y nos soltamos para que esta vaya a donde tiene que ir. 

Técnicas que acompañan:

Nidra: -descanso-: relajarse. Tumbarse y rendirse a la tierra con la gravedad confiando y dejándose sostener.

7. Direccionar -Dharana- 

Llevamos la energía a donde sentimos que debe ir justo al salir de la relajación durante la fase de expansión.

Técnicas que acompañan:

-Pranayamas alternos: para conducir la energía hacia el canal energético central Sushumna Nadi balanceando Ida y Pingala (Solar y Lunar). Recordemos que esta práctica requiere permanecer un tiempo considerable dando paso al verdadero proceso de balance combinando magnetización, visualización, mantras, bandhas, entre otras técnicas secundarias. 

-Kriya Yoga tiende el camino a través del canal energético central llevando la respiración desde y hacia ciertos puntos, dejándola en el centro.

8. Disolver -Dhyana- 

Nos quitamos del medio comprendiendo que no somos el centro y nos contemplamos como parte de algo más grande y permitimos que emerja la presencia como resultado del trabajo realizado.

 Técnicas que acompañan:

Dhyana -concentración-.

Otros elementos transversales:

De forma transversal estamos integrando en distintos momentos de la práctica elementos como Naada en donde el sonido se hace presente como silencio; Mouna como quietud; Mantras cuya importancia está en el silencio que llega con su vibración; y los Mudras para canalizar flujos energéticos. 

Volvamos a nuestras preguntas iniciales

Cuando practicamos Yoga practicamos principios, no técnicas.

Repetir un compendio de posturas físicas es una definición de Yoga común en el colectivo moderno que lo sustrae de su esencia primordial. En cambio, una práctica esencial está mediada por los códigos éticos de los Yamas y de los Niyamas relacionados con nuestra conducta personal. 

Tapas, Svadhyaya e Ishvara Pranidhana 

De forma sustancial estamos integrando los Niyamas Tapas, Swadiaya e Ishvara Pranidana durante la práctica:

Tapas -calor- como el fuego que refina por medio de la voluntad y el esfuerzo que nos abre la puerta para poder aceptar en nosotros lo que necesita refinarse. Está presente en las fases de activación, desbloqueo y condensación. 

Svadhyaya -autoconocimiento- en dirección adentro y afuera en donde la respiración es la vía para identificar qué de lo que hay en nuestra profundidad lo compartimos con los otros. Está presente en las etapas de purificación, expansión y dirección.

Ishvara Pranidhana -reverencia- está presente en la ofrenda y la disolución recordándonos que hacemos parte de algo más grande y que no somos el centro. 

Abhyasa y Vairagya

El pulso de nuestra práctica estará regida por la armonía entre Abhyasa (el esfuerzo) y Vairagya (el desapego) recordándonos que si actuamos sólo desde el esfuerzo, esto inevitablemente nos llevará al cansancio. Estos dos pilares están presentes en nuestra respiración evocando lo que somos cuando vamos hacia nuestro interior en la inhalación, y lo que no somos, cuando nos vaciamos en la exhalación.

Yoga nos conduce hacia el balance.

Yoga es una práctica artificial para llevarnos a nuestro estado natural. Con Yoga, si es que nos debe conducir a algún lugar, nos permitimos ir al estado de armonía. Con la práctica de la respiración que nos brinde equilibrio, balanceamos nuestros canales Solar y Lunar conduciendo la energía al canal energético central Sushumna Nadi. 

La práctica de Yoga nos otorga el regalo de la presencia. Cuando observamos y cuidamos nuestra respiración estamos practicando la presencia, que también llega como una recompensa que emerge de la práctica misma. 

Siguiendo el pulso del palpitar que expande y contrae.

Si consideramos la práctica de Yoga como un constante palpitar energético, una expansión y una contracción, como el pulso de la vida, comprenderemos que durante una práctica de Yoga guiamos respiración, no movimientos, nos medimos por respiraciones, no por minutos teniendo como brújula los principios de Abhyasa (el esfuerzo) y Vairagya (el desapego).

La poesía del Yoga 

El practicante de Yoga crea su propio poema, 

el poema es hija del instante,

la práctica es hija del instante,

el instante nos susurra qué necesitamos para escribir nuestro propio poema. 


Estrategias de sincronización colectiva 

Actividad - Esteban.

Aceptamos la invitación al juego sincronizando nuestros sentidos para integrarnos en un pulso colectivo, nos vimos en los ojos del otro, sentimos la respiración del otro, el palpitar del otro para fundirnos en un palpitar conjunto. 

Vernos en los ojos del otro 

Actividad - Esteban & Iván.

Nos permitimos entrar en contacto íntimo con el otro para reconocernos en él, recordar lo que nos une en nuestra condición de humanidad y experimentar la compasión. 

¿Qué tengo en común con el otro? 

Contemplándonos en los ojos del otro ser reconocemos qué historias, recuerdos, juegos tenemos en común con él. 

¿Qué virtudes reconozco en el otro?

Sincronizando nuestra respiración con el otro ser, lo reconocemos totalmente como único e irrepetible con sus propias historia y camino; contemplamos a un ser habitado por virtudes que son una medicina deseando desde lo profundo que esa medicina se expanda hacia todos los demás seres. Deseamos para él, bondad en su camino.

La medicina de la compasión

Sintiendo el contacto de las palmas del otro ser nos permitimos percibir sus posibles sufrimientos, tristezas, dolores y dificultades transitadas. Sentir el pulso de su palpitar en sus palmas nos sensibiliza para evocar que como humanidad compartimos el sufrimiento. Invocamos la compasión frente al dolor y sufrimiento de ese ser en frente nuestro y nos disponemos a acompañarle para alivianar su carga aún cuando no podemos solucionarla. Observamos cómo nos sentimos en este estado compasivo ante ese ser y cómo nos sentimos al ser también cuidados y acompañados por él. 

Tu alegría, mi alegría

Sintiendo el contacto con el otro ser y mirando sus ojos, evocamos sus alegrías, sus sueños, sus logros, sus dichas y todo aquello que pueda darle felicidad. Nos preguntamos si tenemos algo en común y recordamos que como humanidad también compartimos la alegría y sentimos que la felicidad del otro ser es nuestra felicidad; su alegría nuestra alegría. Observamos qué se siente celebrar la alegría del otro y cómo ello nos nutre.

La ecuanimidad serena

Tomando las manos del otro ser, nos permitimos traer a través de su mirada a otro ser con quien tenemos algo pendiente, algo que nos cuestiona, algo que nos confronta. Vemos a ese ser, a través de los ojos de quien tenemos al frente y le ofrecemos ecuanimidad serena. Deseamos que en esa ecuanimidad se disuelvan todos los pendientes y los conflictos. Lo abrazamos en esa ecuanimidad y saboreamos la medicina de estar en paz, sin cargas, en serenidad. 

El otro, mi espejo

Sintiendo el contacto de nuestra mano derecha puesta hacia abajo y la izquierda hacia arriba en contacto con las del otro ser, nos abrimos a vernos en el espejo de los ojos del otro. Abrimos nuestro corazón a ofrecer lo que tenemos para dar: dulzura, ecuanimidad, compasión. Nos disponemos a regalarnos a través de esa mirada lo que necesitamos en ese instante y de la misma forma, a recibirlo practicando la generosidad en ese dar y darnos. Identificamos en esa mirada del otro el amor infinito que el universo nos ofrece en forma de dulzura, ecuanimidad, compasión. Vivimos la posibilidad de ofrecer y recibir las diferentes manifestaciones infinitas del amor.

Cómo estamos viviendo nuestra propia Sadhana

Práctica individual.

Habrá tantas formas de llevar a cabo la autopráctica como diversos somos nosotros. La estructura nos brinda un lenguaje común y podremos guiarnos por ella, más no estrictamente ceñirnos a ella, pues la improvisación también nos brinda la posibilidad de observar cómo estamos viviendo nuestra Sadhana en relación con la respiración y nuestros principios. Recordamos que cuando preparamos una clase, estamos preparándonos a nosotros mismos.

Acompañándonos en nuestra Sadhana

El camino de la Sadhana no marca una meta, es un peregrinaje que requiere constancia. Acompañarnos en ese camino nos fortalece para animarnos y animar a otros a continuar en la búsqueda de encontrarnos a nosotros mismos. Así pues, acudimos al poder de caminar en grupos con elementos y seres de nuestra misma especie para acompañarnos compartiendo nuestras dudas, claridades, incomodidades, alegrías o lo que llegue en nuestro caminar mientras vamos escribiendo nuestros poemas con la ayuda de nuestros guías.

Sembrado por: Paola Andrea Acevedo Alzate (31 de enero de 2026, como relatoría de la primera sesión del Módulo de Sadhana del Ciclo de Profundización de Yoga como Filosofía Viva)

Share
Tweet
Pin
Share
No comentarios


Imagen tomada del libro: La Ciencia Sagrada de Sri Yukteswar



YFV. Filosofía 1

¿Cómo puede el ser humano relacionarse con el misterio de la existencia?

La filosofía suele habitar un territorio ambiguo dentro de nuestra sociedad y nuestra cultura. Se le reconoce como un saber fundamental, pero con frecuencia aparece asociada a sistemas de pensamiento que parecen distantes de la experiencia cotidiana. En muchos escenarios, la filosofía se presenta como un recorrido por ideas ajenas, por teorías ya elaboradas, por estructuras conceptuales que se aprenden, se repiten y, en ocasiones, se olvidan. Sin embargo, cuando la filosofía se aproxima a tradiciones contemplativas como el yoga, su naturaleza comienza a transformarse. Deja de ser un ejercicio orientado únicamente a comprender lo que otros pensaron y se convierte en una invitación a cuestionar la propia existencia.

Desde esta perspectiva, filosofar implica reconocer la capacidad profundamente humana de preguntarse. No se trata solamente de formular interrogantes para encontrar respuestas definitivas, sino de desarrollar la sensibilidad necesaria para habitar el misterio que se abre detrás de cada pregunta. La reflexión filosófica se desplaza así del terreno de la acumulación de conocimientos hacia un proceso de exploración que involucra la experiencia, la percepción y la construcción de sentido.

Dentro del campo del yoga, esta comprensión adquiere una dimensión particular. La filosofía no aparece como un saber aislado, sino como un espacio que articula aquello que en la tradición occidental suele abordarse de manera fragmentada. En esta visión, ciencia, psicología y metafísica no constituyen disciplinas separadas, sino lenguajes distintos para aproximarse a la experiencia de la conciencia y al lugar que el ser humano ocupa dentro del universo. Así, filosofar no se reduce a comprender la realidad, sino que se convierte en una práctica orientada a transformar la relación que el ser humano establece con ella.

Desde esta mirada emerge una comprensión distinta de la mente. Lejos de concebirse exclusivamente como un mecanismo generador de ideas o como un instrumento destinado a resolver problemas, la mente se entiende como un espacio que, al aquietarse, puede permitir el encuentro con dimensiones más profundas de la experiencia. Así, el pensamiento filosófico no busca multiplicar conceptos, sino refinar la capacidad de observar, de percibir y de abrirse a aquello que no puede ser reducido completamente al lenguaje.

Uno de los ejes que atraviesa esta mirada es la tensión entre trascendencia e inmanencia, dos formas de comprender la relación entre lo humano y lo sagrado. La trascendencia plantea la posibilidad de que lo sagrado se encuentre más allá de la experiencia material y de la condición humana. Desde esta perspectiva, el camino espiritual suele entenderse como un proceso de superación de las limitaciones del mundo ordinario, una búsqueda orientada hacia estados superiores de conciencia o hacia realidades consideradas más elevadas.

Por otro lado, la inmanencia propone que lo sagrado no se encuentra fuera del mundo, sino dentro de él. La experiencia cotidiana, el cuerpo, la materia y las relaciones humanas se convierten en escenarios posibles de realización espiritual. En lugar de plantear la espiritualidad como una huida del mundo, esta visión invita a reconocer el potencial transformador que habita en la experiencia misma de vivir.

Estas dos perspectivas no aparecen necesariamente como posturas excluyentes, sino como expresiones de un diálogo que ha atravesado distintas tradiciones espirituales y filosóficas a lo largo de la historia. Cada una de ellas representa una manera particular de responder a preguntas fundamentales sobre la naturaleza humana, el sentido de la existencia y la relación con lo absoluto. Estas respuestas, lejos de surgir en el vacío, se encuentran profundamente vinculadas a los contextos culturales, sociales y geográficos en los que emergen. Desde esta mirada, las tradiciones espirituales pueden comprenderse como mapas simbólicos construidos para orientar la experiencia humana dentro de realidades específicas, reconociendo que “el mapa no es el territorio”.

En este sentido, el yoga no puede entenderse como un sistema homogéneo ni como una tradición estática. Más bien, aparece como un entramado vivo que se ha nutrido de múltiples corrientes filosóficas y culturales. La exploración de estas raíces permite reconocer que la práctica contemporánea del yoga es el resultado de procesos históricos complejos en los que convergen distintas formas de comprender la conciencia, la materia y la existencia. Entre estas raíces se encuentran tradiciones como el Samkhya, el Yoga clásico, el Vedanta y el Tantra, cada una de las cuales ofrece una interpretación particular sobre la naturaleza de la realidad y el camino hacia la comprensión de la experiencia humana.

La reflexión sobre estas tradiciones conduce inevitablemente a cuestionar nociones aparentemente universales, como la forma en que se comprende el tiempo. La relación con el tiempo constituye una de las dimensiones más profundas a través de las cuales las culturas organizan su experiencia del mundo. En algunas sociedades, el tiempo se concibe principalmente como una proyección hacia el futuro, una estructura que orienta la acción humana hacia metas, logros y transformaciones por venir. Esta mirada, profundamente arraigada en la modernidad occidental, tiende a privilegiar la planificación, el progreso y la construcción permanente de horizontes por alcanzar. Sin embargo, esta orientación también puede generar dinámicas de ansiedad, aceleración e insatisfacción, al situar el sentido de la experiencia en aquello que aún no ocurre.

Otras culturas han privilegiado una comprensión del tiempo orientada hacia el pasado, reconociendo en la memoria, en los ancestros y en la tradición los elementos fundamentales para construir identidad y sentido. Desde esta perspectiva, el pasado no representa únicamente lo que ya fue, sino el territorio donde se conservan los vínculos que sostienen la experiencia colectiva.

Existen también visiones que centran la experiencia en el presente, entendiendo que la realidad solo puede ser habitada en el instante actual. Esta perspectiva resalta la posibilidad de vivir con mayor plenitud la experiencia inmediata, aunque también puede confrontar la necesidad humana de proyectarse y planificar.

Finalmente, algunas tradiciones espirituales han propuesto una comprensión cíclica del tiempo. Desde esta mirada, el tiempo no avanza únicamente en línea recta, sino que se mueve en ciclos que se repiten, se transforman y se regeneran. Los ciclos naturales, como el día y la noche o las estaciones, se convierten en metáforas para comprender el movimiento de la vida y de la conciencia.

Dentro de esta visión cíclica surge la noción de las yugas, entendidas como eras que describen transformaciones en la relación entre la humanidad y su origen. Estas eras (Satya Yuga, Treta Yuga, Dvapara Yuga y Kali Yuga) representan distintos momentos dentro de un ciclo cósmico en el que la conciencia transita por procesos de mayor o menor cercanía con su fuente original. En este modelo, el tiempo se concibe como un movimiento en el que el universo emerge desde un punto de origen, se expande y, al alejarse progresivamente de ese centro, experimenta transformaciones en su relación con la conciencia. Sin embargo, el ciclo no se detiene en ese alejamiento, sino que plantea la posibilidad de un retorno, sugiriendo que los procesos de transformación contienen siempre la semilla de un nuevo acercamiento al origen.

Comprender estas nociones no implica necesariamente asumirlas como verdades absolutas, sino reconocerlas como formas simbólicas de interpretar la experiencia del tiempo, la historia y la conciencia. Desde esta perspectiva, el estudio filosófico del yoga no busca ofrecer respuestas definitivas sobre la naturaleza de la realidad, sino ampliar los marcos desde los cuales es posible comprenderla.


Sobre aquello que no muere

Al adentrarse en las raíces filosóficas que nutren la práctica contemporánea del yoga, particularmente en el diálogo entre el Yoga clásico, el Samkhya, el Vedanta y el Tantra,  empieza a hacerse evidente que, aunque estas tradiciones se desarrollaron en contextos históricos, culturales y espirituales distintos, parecen orbitar alrededor de un mismo conjunto de inquietudes fundamentales. No necesariamente comparten doctrinas ni conclusiones definitivas, pero sí comparten preguntas dignas de ser habitadas.

Más que sistemas cerrados de pensamiento, estas corrientes pueden leerse como intentos reiterados por comprender cinco grandes misterios de la existencia humana: la naturaleza de aquello que somos, la forma en que percibimos la realidad, el origen del sufrimiento, la posibilidad de liberarnos de él y los caminos concretos que permiten recorrer esa transformación.

Una intuición atraviesa de manera persistente estas tradiciones: la sospecha de que el ser humano no se reduce a su dimensión visible, ni a su historia personal, ni siquiera a su vida biológica. Existe la idea, expresada con distintos lenguajes, de que hay en nosotros un principio que no nace ni muere, una forma de conciencia que permanece como testigo silencioso de la experiencia.

En algunas visiones, esta conciencia aparece como una presencia que observa sin involucrarse, una suerte de fundamento inmutable que permanece intacto mientras todo lo demás cambia. En otras, esta misma conciencia no solo constituye la esencia del individuo, sino que es idéntica a la esencia del universo entero, borrando la frontera entre lo íntimo y lo absoluto.

Otras tradiciones, lejos de oponer esa conciencia al mundo material, sugieren que esta se expresa precisamente a través de la materia, del cuerpo, de la energía y de la experiencia sensible. La espiritualidad, en este sentido, no consistiría en escapar del mundo, sino en aprender a reconocer lo sagrado en su manifestación cotidiana.

Ligado a esta pregunta surge otra inquietud: si existe una dimensión más profunda de la realidad, ¿por qué nuestra experiencia cotidiana parece estar atravesada por la confusión?

Estas corrientes hablan de una especie de velo que cubre la percepción humana. No necesariamente un engaño en el sentido moral, sino una forma de interpretación que hace que lo cambiante parezca permanente, que lo fragmentado parezca separado, que lo superficial parezca definitivo.

Este velo, a veces nombrado como ilusión creadora, no solo oculta la realidad última, sino que también la hace posible. No es únicamente un obstáculo, sino también una forma en que lo absoluto se manifiesta en la multiplicidad del mundo.

Mientras algunas corrientes espirituales proponen trascender esa ilusión para alcanzar un estado más puro de conciencia, otras sugieren que la ilusión misma puede convertirse en un camino de revelación si se la observa con suficiente profundidad.

Otra coincidencia profunda entre estas tradiciones es el reconocimiento de que la existencia humana está inevitablemente atravesada por el sufrimiento. No como una afirmación pesimista, sino como un diagnóstico lúcido de la vida misma.

La impermanencia de todas las cosas, el apego a aquello que cambia y la tendencia a identificarnos con nuestros pensamientos, emociones o roles generan una tensión constante que se expresa como insatisfacción, ansiedad o temor.

Desde esta perspectiva, el sufrimiento no sería simplemente un accidente de la vida, sino una consecuencia de una confusión más profunda sobre quiénes creemos ser. En la medida en que la conciencia se identifica con lo que observa, queda atrapada en el vaivén de los cambios.

Algunas tradiciones, sin negar el dolor, plantean incluso que la experiencia del sufrimiento puede convertirse en una puerta hacia la transformación cuando se atraviesa con presencia y comprensión.

Ahora, si el sufrimiento es posible, también lo es la liberación. 

Para algunas visiones, liberarse implica reconocer la diferencia radical entre la conciencia y la naturaleza cambiante del mundo. Para otras, la liberación no consiste en alcanzar un estado nuevo, sino en recordar una verdad que siempre ha estado presente. También existen perspectivas que no conciben la liberación como una salida del mundo, sino como la capacidad de experimentar unidad dentro de la experiencia misma.

En cualquiera de sus formulaciones, la liberación aparece menos como una conquista externa y más como un cambio en la forma de percibir la realidad.


La condición humana

Si las tradiciones del Yoga, el Samkhya, el Vedanta y el Tantra dedicaron amplios esfuerzos a explorar la naturaleza de la conciencia, la ilusión y la posibilidad de liberación, es porque parten desde una misma mirada: existir implica habitar un ciclo constante de experiencia, transformación y repetición.

Esta dinámica suele conocerse como Samsara, un término que hace alusión al flujo continuo de nacimientos, muertes y renacimientos. Más allá de su interpretación literal o simbólica, la idea de Samsara describe la sensación de moverse en patrones que se repiten, en historias que parecen cambiar de forma pero conservan estructuras similares, en aprendizajes que regresan con nuevos rostros.

Samsara no solo habla del ciclo de la vida y la muerte en un sentido cosmológico, sino también del modo en que los seres humanos recreamos constantemente nuestras propias narrativas, vínculos, temores y deseos. Es el movimiento circular de la experiencia cuando la conciencia permanece atrapada en aquello que desconoce.

En el corazón de este ciclo aparece otro concepto fundamental: Duhkha, usualmente traducido como sufrimiento, pero que podría entenderse también como una forma de fricción inherente a la existencia. No se trata únicamente del dolor evidente, sino de una sensación más sutil de insatisfacción, de incompletitud, de inestabilidad frente a un mundo en permanente cambio.

Estas tradiciones coinciden en señalar que esta experiencia de sufrimiento no surge como castigo ni como error accidental de la vida, sino como consecuencia de Avidya, la ignorancia fundamental sobre la naturaleza de la realidad y sobre quiénes creemos ser. Cuando la conciencia se identifica exclusivamente con aquello que cambia (el cuerpo, los pensamientos, las emociones, los roles sociales) queda inevitablemente expuesta a la fragilidad de lo transitorio.

Sin embargo, el reconocimiento del sufrimiento no aparece como una postura fatalista, sino como un punto de partida para la transformación. Comprender la raíz del sufrimiento abre la posibilidad de interrumpir su repetición.

En este punto emerge el concepto de Karma, entendido no como un sistema de premios y castigos morales, sino como la ley de causalidad que atraviesa la experiencia humana. Cada acción, pensamiento o intención genera consecuencias que, de manera directa o indirecta, configuran la realidad que habitamos. El karma no opera como destino rígido, sino como una red dinámica de causas y efectos en la que cada ser humano participa activamente.

Desde esta perspectiva, la libertad no consiste en escapar del entramado de la experiencia, sino en volverse consciente de la forma en que participamos en su construcción. La ignorancia reproduce el ciclo; la conciencia introduce la posibilidad de transformarlo.

………………….

Si algo parece revelarse al recorrer estas nociones, es que las tradiciones que nutren el yoga no buscan negar la condición humana, sino comprenderla con total profundidad. El sufrimiento, la repetición y la consecuencia de nuestras acciones no son errores del sistema, sino expresiones de un proceso de aprendizaje que puede conducir, eventualmente, al reconocimiento de aquello que permanece más allá del cambio.

En ese sentido, la filosofía deja de ser una colección de ideas sobre la realidad para convertirse en una invitación a habitar la existencia con mayor lucidez. La práctica del yoga, entendida desde sus raíces filosóficas, no aparece entonces como un conjunto de posturas o técnicas aisladas, sino como un camino que busca transformar la relación entre la conciencia, el mundo y la experiencia humana.

Quizá el valor más profundo de estas tradiciones no reside en ofrecer respuestas definitivas sobre el universo, sino en recordarnos que la pregunta por quiénes somos sigue abierta. Y que, tal vez, el verdadero recorrido espiritual no consiste en abandonar la condición humana, sino en atravesarla con suficiente atención como para descubrir, en medio de su movimiento constante, aquello que nunca ha dejado de estar presente.


Sembrado por: Estefanía García (4 de febrero de 2026, como relatoría de la primera sesión del Módulo de Filosofía del Ciclo de Profundización de Yoga como Filosofía Viva)

 

Share
Tweet
Pin
Share
No comentarios
Older Posts

¿QUIÉNES SOMOS?

El semillero de yoga es una plataforma de encuentro para compartir, practicar, estudiar y vivir el Yoga en toda su profundidad. Nació como un espacio de preparación para futuros profesores de Yoga, en donde el único prerrequisito era tener instalada una práctica constante, y a lo largo de estos años ha servido como punto de encuentro para vivenciar el Yoga mucho más allá de una clase. Hoy en día conserva su esencia de estimular procesos formativos desde la pedagogía tradicional de Yoga, en donde el compartir, el practicar y el enseñar son los verdaderos maestros, y cumple su función mediante grupos de estudio, Diplomaturas en Yoga, talleres de profundización, retiros de autoconocimiento y actividades de servicio a la comunidad.

PRÓXIMO EVENTO

PRÓXIMO EVENTO
Ciclo de profundización desde YOGA COMO FILOSOFÍA VIVA

Entradas

  • ▼  2026 (6)
    • febrero (3)
    • enero (3)
  • ►  2025 (7)
    • diciembre (1)
    • noviembre (2)
    • octubre (1)
    • junio (1)
    • mayo (1)
    • abril (1)
  • ►  2024 (4)
    • julio (1)
    • abril (1)
    • marzo (1)
    • febrero (1)
  • ►  2023 (11)
    • noviembre (2)
    • octubre (2)
    • septiembre (1)
    • agosto (1)
    • junio (1)
    • marzo (2)
    • febrero (2)
  • ►  2022 (78)
    • noviembre (1)
    • octubre (3)
    • septiembre (34)
    • agosto (20)
    • julio (1)
    • junio (1)
    • abril (1)
    • marzo (4)
    • febrero (3)
    • enero (10)
  • ►  2021 (142)
    • diciembre (2)
    • noviembre (3)
    • octubre (4)
    • septiembre (4)
    • agosto (20)
    • julio (26)
    • junio (2)
    • mayo (15)
    • abril (12)
    • marzo (22)
    • febrero (4)
    • enero (28)
  • ►  2020 (208)
    • diciembre (1)
    • noviembre (18)
    • octubre (22)
    • septiembre (11)
    • agosto (5)
    • julio (17)
    • junio (14)
    • mayo (24)
    • abril (28)
    • marzo (50)
    • febrero (18)
  • ►  2019 (45)
    • noviembre (4)
    • octubre (14)
    • septiembre (3)
    • agosto (2)
    • julio (2)
    • junio (2)
    • mayo (6)
    • abril (12)

Entrada destacada

Ayuno: meditación, silencio y autoconocimiento (Marzo 2026)

¿Por qué ayunar?  Cuando suspendemos la ingesta de alimentos, iniciamos en nuestro cuerpo un proceso de depuración y limpieza, además toda l...

Etiquetas

  • LA VIDA DIARA
  • EL ARTE DE VIAJAR
  • FILOSÓFICAS
  • YOGA SUTRAS
  • JARDINERIA DE LA ENSEÑANZA
  • PEDAGÓGICAS
  • BITACORA
  • YOGA VASISHTHA
  • BHAGAVAD GITA
  • POSTURAS
  • FORMACIÓN
  • PEREGRINAJES
  • PSICOLÓGICAS
  • RETIROS
  • AYUNOS
  • ESPIRITUALES
  • TÉCNICAS
  • RESPIRACIÓN
  • TEXTOS DE INSPIRACIÓN
  • GRUPOS DE ESTUDIO
  • ENERGÉTICAS
  • SEMBRANDO HUMANIDAD
  • RELAJACIÓN
  • EVENTOS
  • YOGAVERSO

Entradas populares

  • Ayuno: meditación, silencio y autoconocimiento (Marzo 2026)
    ¿Por qué ayunar?  Cuando suspendemos la ingesta de alimentos, iniciamos en nuestro cuerpo un proceso de depuración y limpieza, además toda l...
  • UN ÚLTIMO ENCUENTRO
      UN ÚLTIMO ENCUENTRO La última vez que nos vimos de forma presencial, ella preparó para mí una rica sopa de mondongo, un plato típico popul...
  • LO QUE CAMBIA Y LO QUE PERMANECE
    Imagen tomada del libro: La Ciencia Sagrada de Sri Yukteswar YFV. Filosofía 1 ¿Cómo puede el ser humano relacionarse con el misterio de la e...
  • El palpitar energético presente en la estructura de una clase de yoga.
    Hoy en día, cuando pensamos en una clase de yoga se nos viene a la cabeza una especie de protocolo específico, una receta en la que se conju...
  • poema de los átomos
    El poema de los átomos (completo) -Rumi- "Dondequiera que estés, sea cual sea tu condición y hagas lo que hagas, sé siempre un buen ama...
  • SER APRENDIZ
    Los humanos somos seres de rituales, con los cuales manifestamos y expresamos transformaciones y transiciones, y en este acto de pasar por u...
  • CAPÍTULO 1: EL DESALIENTO DE ARJUNA
    El sonido de las caracolas como llamado a la batalla. En el resumen anterior podemos entender el contexto en el que se está gestando esta ba...
  • Yoga Sutras de Patanjali (TEXTO COMPLETO)
    El presente texto es una síntesis de los Yoga Sutras de Patanjali, consolidado a lo largo de los últimos años en diferentes grupos de estu...
  • EL YOGA VASISHTA: SIETE BHUMIKAS
     La obra titulada Yoga-Vasishtha, conocida también como Maharamayana, es un texto hinduista escrito en versos, atribuido al sabio Valmi...
  • CONTEXTUALIZACIÓN Y ACERCAMIENTO AL BHAGAVAD GITA
      La Bhagavad Gita que, suele traducirse como ‘la canción de Dios’ o ‘el canto del Señor’, es un texto pequeño de 18 capítulos que en realid...

Seguidores

Created with by ThemeXpose