PARADOJA DE LA CONDICIÓN HUMANA

by - febrero 18, 2026



YFV. Filosofía 2

El Susurro del Ser: Un Relato de Ham-Sa y So-Ham

La continuación de esta clase comienza recordándonos que no somos seres aislados, sino parte de un ritmo universal. Nos habló de Ham-Sa, ese sonido sutil que emerge cuando inhalamos y exhalamos. Explicó que, al inhalar, el aire entra con el sonido "Ham" y, al salir, se despide con un suave "Sa". Es el "Cisne" del espíritu, una metáfora de la pureza y la capacidad de discernir entre lo eterno y lo transitorio. Cuenta la leyenda que es un ave migratoria que queda atrapada en las redes y que lo que nos atrapa también la libera. La clase propuso la respiración no solo como una función biológica, sino como el puente sagrado que reconecta la conciencia individual con la conciencia universal.

Este ciclo incesante constituye una oración biológica que ocurre en cada ser vivo, independientemente de su credo o nivel de conciencia. La práctica sugerida en la clase fue, por tanto, el acto de "escuchar" este mantra preexistente, permitiendo que la respiración se convierta en un objeto de meditación constante.

Uno de los pilares de la clase fue el símbolo del Cisne (Hamsa). En la tradición del Advaita Vedanta, el cisne es el emblema del alma liberada o el buscador de la verdad. La relatoría profundiza en dos niveles de interpretación presentados en la sesión:

  1. La pureza del ser: Al igual que el cisne habita en las aguas puras del lago, pero sus plumas no se mojan, el alma habita en el mundo de los fenómenos sin ser contaminada por sus fluctuaciones.

  2. El vuelo de la libertad: El movimiento del cisne simboliza la ascensión de la conciencia desde los centros inferiores hacia la liberación espiritual. Todo esto envuelto en una metáfora… ¿Qué nos libera? ¿De qué queremos liberarnos?¿Para qué queremos llegar a la liberación?


El karma y su tipología

En el marco de la clase, se desmitificó el concepto de Karma, definiéndolo de forma rigurosa no como un sistema de castigos o recompensas, sino como la ley fundamental de acción y reacción (causa y efecto) que rige tanto la materia como el plano mental. Se explicó que cada acción física o pensamiento deja una huella (Samskara) en la conciencia.

Se expuso la clasificación clásica del Karma en tres grandes dimensiones temporales y energéticas:

  • Prarabdha Karma (El karma fructificando): Es la porción específica del Sanchita Karma que ha madurado y está destinada a experimentarse en la encarnación actual. Fue ilustrado con la metáfora de la flecha que ya abandonó el arco: una vez en vuelo, no puede detenerse, sino que debe experimentarse hasta agotar su inercia.

  • Agami o Kriyamana Karma (El karma en creación): Son las acciones voluntarias que se están realizando en el momento presente y que generarán las semillas del futuro.

  • Sanchita Karma (El depósito acumulado): Es la totalidad del karma o archivo latente acumulado en el pasado (incluyendo existencias previas). Es la reserva kármica que aún no ha madurado.

De igual manera nos invita a reflexionar sobre la soberanía que tenemos sobre este proceso, pues es cíclico, pasado presente y futuro.

Desmitificar el karma y entenderlo como una física de la conciencia, una ley de causa y efecto, lejos de la idea de premio o castigo; nos entrega una de las enseñanzas más liberadoras y desafiantes: la absoluta responsabilidad sobre nuestra propia existencia.

El aprendizaje central que nos deja esta tipología radica en enseñarnos exactamente dónde debemos enfocar nuestra energía vital. A menudo, el sufrimiento humano proviene de luchar incansablemente contra el Prarabdha Karma (la flecha que ya está en vuelo). Estas son las circunstancias actuales, los retos físicos o las situaciones ineludibles que ya han madurado. La gran lección aquí es la aceptación radical. Comprender que no podemos detener esa flecha en el aire nos invita a soltar la resistencia mental y a atravesar la experiencia con ecuanimidad, permitiendo que su inercia se agote de forma natural.

Sin embargo, el verdadero poder transformador y el corazón de la práctica reside en el Agami Karma. Ya sea al extender el mat para iniciar una práctica de asanas, al diseñar un nuevo proyecto profesional o al sostener una conversación difícil, cada respiración consciente, cada pensamiento y cada acción voluntaria es una nueva semilla. Esta ley nos recuerda que no somos víctimas de un destino ciego; somos los arquitectos activos de nuestro futuro.

Si el Sanchita Karma es el inmenso e inmodificable archivo de nuestro pasado, el presente es el único territorio donde tenemos verdadera soberanía.

La libertad espiritual no consiste en intentar borrar el pasado o evadir las flechas que ya están volando hacia nosotros. La verdadera libertad es utilizar el momento actual con total consciencia. Al elegir actuar desde la atención plena y el discernimiento, en lugar de reaccionar desde el automatismo o el miedo, dejamos de crear huellas (Samskaras) dolorosas y comenzamos a tejer una realidad de mayor paz. El karma, visto a través de esta lupa, deja de ser una condena para convertirse en la máxima expresión de nuestro libre albedrío.

Los Purusharthas: los cuatro propósitos de la existencia / búsqueda del ser

Se estableció que la filosofía védica no es un sistema de negación de la vida humana, sino de ordenamiento. La sesión detalló los Purusharthas como los cuatro objetivos legítimos que motivan la acción humana:

  • Kama (Placer): La búsqueda natural del disfrute estético, emocional y sensorial. Se reconoció como un impulso válido siempre que no desborde el equilibrio de la mente.

  • Artha (Riqueza y Seguridad): La consecución de recursos materiales, estatus profesional y estabilidad económica necesarios para sostener la vida personal y familiar.

  • Dharma (El Deber o la Rectitud): El eje central que regula y equilibra los dos anteriores. Es la acción ética alineada con el orden cósmico. Se subrayó que ni Kama ni Artha deben perseguirse violando el Dharma.

  • Moksha (Liberación): El propósito supremo. Es la trascendencia de los tres objetivos anteriores mediante el reconocimiento de la naturaleza eterna e inmutable del ser.

El mayor aprendizaje que nos dejan los Purusharthas es quitarnos de encima la falsa idea de que para ser espirituales hay que renunciar a todo. Esta filosofía nos da el "permiso" de abrazar nuestra humanidad: buscar la estabilidad económica (Artha) y disfrutar de los placeres de la vida (Kama) son motores completamente válidos y naturales. El secreto de este equilibrio está en el Dharma, que actúa como nuestra brújula ética; nos recuerda que podemos ir tras la abundancia y el gozo, siempre y cuando no pasemos por encima de nuestros valores, de nuestra paz mental ni de los demás.

En el fondo, se trata de aprender a jugar el juego de la vida con maestría sin dejarnos tragar por él. Una vez que hemos construido y disfrutado, Moksha (la liberación) llega para darnos el toque final: recordarnos que, aunque lo demos todo en la cancha, no somos nuestros títulos, ni el dinero, ni nuestras posesiones. Es la invitación a vivir plenamente en el mundo material, pero manteniendo siempre la certeza profunda de que nuestra verdadera esencia es libre, inmutable y va mucho más allá de cualquier logro terrenal.

Las fases evolutivas: Los Ashramas

Para organizar la experiencia vital y permitir el cumplimiento de los Purusharthas, se expuso el modelo sociológico y espiritual de los Ashramas o etapas de la vida. Las etapas cronológicas de la vida:

  • Brahmacharya (Etapa de Estudiante): El periodo de juventud dedicado a la disciplina, el celibato temporal (como contención de energía), el estudio formal y el desarrollo del carácter e intelecto. 

  • Grihastha (Sostenedor del Hogar): La fase central de la vida adulta dedicada a formar familia, generar Artha y disfrutar de Kama, asumiendo responsabilidades sociales. Se destacó que es la etapa que sostiene económicamente a las demás fases de la sociedad.

  • Vanaprastha (Etapa de Retiro o "Morador del Bosque"): La transición donde las responsabilidades mundanas y familiares han sido cumplidas. El individuo delega sus deberes materiales y comienza un retiro gradual, orientando su energía hacia la contemplación y la filosofía. El retiro gradual, donde las obligaciones mundanas ceden paso a la reflexión.

  • Sannyasa (Etapa de Renunciación): La etapa culminante. El individuo se desapega por completo de las identificaciones mundanas para dedicarse exclusivamente a la contemplación de lo Divino y la búsqueda de Moksha. La renunciación total en pos de la liberación.

El aprendizaje es entender que la vida no es una carrera donde hay que lograrlo todo al mismo tiempo, sino un viaje con estaciones naturales. A veces nos llenamos de ansiedad porque queremos tener la sabiduría y la paz del retiro cuando apenas estamos empezando, o nos frustramos cuando la vida nos pide bajar el ritmo y seguimos aferrados a producir sin parar (algo tan común en estos tiempos donde vamos tan rápido y pensamos igual). Esta enseñanza nos quita un peso enorme de encima al recordarnos que hay un tiempo perfecto para cada cosa: tiempo para prepararnos y absorber (Brahmacharya), tiempo para salir a comernos el mundo, hacer dinero, amar y sostener a la sociedad, y finalmente, tiempo para empezar a soltar las maletas, delegar y mirar hacia adentro.

Para entender de dónde viene todo esto, es fundamental hablar de las Leyes de Manu (el Manusmriti). Este texto fue el gran código ético, legal y civil de la antigua India. Manu buscaba que la sociedad funcionara de manera armónica, organizando la vida humana en un mapa claro para que lo material y lo espiritual no chocaran, sino que se complementaran. Aunque su base organizativa (Varnashrama Dharma) tenía la intención de crear orden, con el tiempo se volvió un manual muy rígido que terminó justificando desigualdades y el sistema de castas por nacimiento. Por eso, desde esta práctica, tomamos la sabiduría de su estructura, pero desechamos la rigidez de su aplicación dogmática.

La gran lección que nos deja esta mezcla entre los Ashramas y el código de Manu es el arte de saber habitar el presente. Nos invita a abrazar la etapa en la que estamos hoy sin querer saltarnos el proceso. Si estás en la etapa de sostener, producir y amar, hazlo con toda la energía y sin culpa. Pero guarda siempre en el corazón la sabiduría de que el "éxito" no es quedarse estancado en la cima del mundo material para siempre, sino saber reconocer cuándo llega el momento de ir soltando el control y los títulos para regresar, ligeros de equipaje, a la paz del espíritu.

Los Varnas

Se instruyó abordar los Varnas apartándose de la deformación histórica del "sistema de castas" por nacimiento, definiéndolos en su origen védico como las predisposiciones psicológicas intrínsecas (Gunas) con las que encarna un individuo para manifestar su vocación en el mundo:

  • Shudras: La disposición fundamentada en el servicio, la labor física y el apoyo logístico que permite el funcionamiento orgánico de la sociedad.

  • Vaishyas: La inclinación hacia la producción, el comercio, la gestión de recursos, la agricultura y la economía.

  • Kshatriyas: La disposición natural hacia la protección, el valor, el liderazgo sociopolítico y la administración de la justicia.

  • Brahmanas: La naturaleza orientada al cultivo del intelecto, la enseñanza, la reflexión filosófica y el liderazgo espiritual.

En el contexto, se enfatizó que, frente al ideal de liberación, todos los Varnas tienen el mismo potencial espiritual; la clave reside en ejecutar la acción que corresponde a la propia naturaleza (Sva-dharma) con total dedicación y ausencia de ego.

Aquí es donde entran a jugar los Gunas, que son como los tres ingredientes básicos de nuestra energía o psicología: Sattva (la luz, la calma, la claridad mental), Rajas (el fuego, la pasión, el empuje y el movimiento) y Tamas (la tierra, la inercia, la solidez y la estructura). Todos venimos al mundo con un cóctel único de estas tres fuerzas. Si tu naturaleza es de pura acción, comercio o liderazgo (Vaishya con mucho Rajas), o si tu don es sostener a otros y servir desde lo práctico (Shudra en Tamas), tratar de forzarte a ser un filósofo contemplativo que se la pasa meditando (Brahmana en Sattva) solo te va a generar frustración. El aprendizaje vital es dejar de pelear con nuestro propio diseño energético.

La liberación no se trata de cambiar de estrato, de título o de trabajo para parecer "iluminados", sino de agarrar eso que por naturaleza se nos da bien y convertirlo en nuestra ofrenda desinteresada para el mundo.

Los Ideales de la Liberación

Como síntesis integral de este segmento, la clase convergió nuevamente en el propósito último:

  • Moksha o la liberación absoluta: Para expandir la comprensión de este estado supremo y multidimensional, la sesión abordó otros tres conceptos fundamentales de la realización espiritual que complementan la visión de la libertad.

  • Kaivalyam (El Aislamiento Trascendental: Es el estado culminante en el que la Conciencia Pura (Purusha) "se aísla" y reconoce que es absolutamente independiente, incondicionada y libre de las ataduras de la materia y de la mente (Prakriti). El ser comprende que su verdadera naturaleza jamás estuvo manchada por la experiencia mundana. Solo la muerte libera.

  • Nirvana (La Extinción de la Ilusión): "extinción" o "apagar el fuego". En el contexto de la clase, el Nirvana se definió no como la aniquilación del ser o un vacío inerte, sino como la extinción definitiva de la ignorancia, los apegos, las aversiones y el fuego del egoísmo que genera sufrimiento. En este estado se saborea lo absoluto.

  • Samadhi (La Absorción Contemplativa): Se expuso que el camino hacia la liberación requiere estabilizarse en el Samadhi. Se aclaró detalladamente que no se trata de un trance evasivo o una pérdida de conocimiento, sino de un estado de supra-conciencia y lucidez total. Es la absorción profunda donde la mente cesa sus fluctuaciones (Vrittis) y descansa permanentemente en su propia fuente.

El análisis final de la sesión unificó todos los conceptos descritos. Se concluyó que el "humano liberado" es aquel que experimenta las etapas de la vida (Ashramas), desempeña el rol inherente a su naturaleza (Varna), persigue objetivos materiales y emocionales (Artha y Kama) sustentados por la ética (Dharma), pero lo hace desde la conciencia inquebrantable del observador (So-Ham).

A través de la práctica de saber observar y filtrar lo que realmente importa (el ejemplo del cisne), nos damos cuenta de que no somos el personaje estresado que sufre en la película de la vida, sino la luz tranquila que simplemente se sienta a observar cómo pasa todo.

En resumen, liberarse no significa salir corriendo a esconderse del mundo o evitar los problemas. Es seguir aquí, en medio del día a día, pero viviendo desde una paz profunda y con la tranquilidad absoluta de saber que somos uno con el universo ("Yo soy Eso") y entendiendo que el único lugar donde todo puede ocurrir es en el aquí y el ahora, es decir en la presencia.


Para reflexionar…

¿Cómo sería la humanidad si todos viviéramos desde la claridad?


Sembrado por: Catalina Hernández Jaramillo (11 de febrero de 2026, como relatoría de la segunda sesión del Módulo de Filosofía del Ciclo de Profundización de Yoga como Filosofía Viva)



You May Also Like

0 comentarios