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SEMILLERO DE YOGA

Hace un tiempo ya que este libro o su par, me hacían ojitos: “El libro tibetano de la vida y la muerte”, eso sonaba muy interesante, especialmente porque en ese momento yo no tenía ni idea cuáles eran las creencias de los tibetanos con respecto a la muerte; el mío ha sido el camino del yoga así que lo poco que conozco de creencias orientales conectadas a la muerte van más por esa vía. Hay, eso sí, un mantra tibetano que lleva años resonando conmigo. Cuando empecé a meterme en el mundo del yoga, no tenía ni idea de que existían mantras de diferentes culturas e incluso diferentes mantras para cada linaje, recuerdo que un día, en la primera escuela de yoga a la que asistí, un chico me preguntó: ¿cuál es tu mantra favorito? OM MANI PADME HUM, le dije, completamente ignorante de que estaba fuera de contexto, pero a la vez, llena de certeza; y es que el efecto calmante que generaba y genera en mí escuchar o pronunciar este mantra es absolutamente poderoso. 

 OM MANI PADME HUM es el mantra del Buda de la Compasión y según el autor, “purifica todas las emociones negativas que son la causa del renacimiento” y es, entre otras, una de las herramientas para ayudar después de la muerte. Este libro es básicamente eso, un manual que, apoyado en anécdotas, pretende ofrecerle una nueva perspectiva al lector occidental sobre la vida y la muerte y dotarlo de herramientas para que viva mejor y, en consecuencia, esté mejor preparado para esa transición, tanto la propia como la de los demás. En Tíbet, cuenta Sogyal Rimpoché, la muerte es vista como un proceso natural, “la muerte se asemeja más a un cambio de vestimenta cuando está vieja y gastada que a un final definitivo”, una visión contraria a lo que pasa en general en occidente, en donde es aún, un tema tabú sobre el que, a una gran mayoría, les cuesta hablar. Rimpoché invita a que “frecuentemos la muerte y nos acostumbremos a ella”, dice que: “si deseamos morir bien, debemos aprender a vivir bien” y ¿qué significa vivir bien? 

Tener carro, casa y beca, es lo que pienso jocosamente para responder a esa pregunta. No sé de dónde habrá salido, pero soy consciente de que esa frase está en mi cabeza desde muy joven. En una sociedad capitalista en la que pareciera que solo vales por lo que tienes, vivir bien se conecta directamente con tener, ¿qué tienes? y ¿qué tan valioso es eso que tienes? pero no valioso para ti, sino para el constructo social que habitas. Con los años, la práctica y montones de preguntas sobre por qué vivimos como vivimos y creemos lo que creemos, esa respuesta ha mutado. Destacaría siete palabras clave que se mencionan en el libro como herramientas para el buen vivir: meditación, purificación, sabiduría, devoción, compasión, amor y sufrimiento. 

‘Volver a casa’ es como se hace referencia a la meditación en el texto. Es la oportunidad de observar la mente, una herramienta para entenderla y domesticarla, un viaje para descubrir mi auténtica naturaleza. La mente no se domestica en un día, transformar el foco de mis pensamientos requiere entrenamiento constante, “el hombre se convierte en aquello en lo que piensa” y las tendencias a pensar en lo que hemos pensado siempre halan con demasiada fuerza. “La mente de un loco suele estar completamente ocupada por una obsesión que regresa una y otra vez”. “Tanto la expectativa como el miedo son enemigos de nuestra paz mental. Las expectativas nos engañan y nos dejan vacíos, decepcionados, y los temores nos paralizan en la estrecha celda de una falsa identidad”. 

“La meditación no es un medio para evadirse del mundo, es un medio directo para ayudarnos a comprendernos verdaderamente y para relacionarnos con la vida y con el mundo”. Y es que a través de la meditación nos vamos purificando, vamos quitando de a poco las capas que nos hemos ido poniendo para protegernos, capas y capas de ego que nos separan del todo, en ese proceso de purificación van floreciendo la sabiduría y el discernimiento. 

Sabiduría y discernimiento para recordar que todo es impermanente y no aferrarnos a nada; para poder reconocer nuestros estados cambiantes y ser conscientes del equipaje que llevamos: nuestras deficiencias, fantasías y proyecciones; para tener un foco que nos mantenga alejados de distracciones y obstáculos; y para elegir conscientemente cada acción y no precipitarnos hacia cualquier lugar que parezca ofrecer cierta seguridad. “Cuanto más a menudo escuches a ese guía sabio, más fácil te resultará cambiar tus estados de ánimo negativos, ver más allá de ellos como los dramas absurdos e ilusiones ridículas que en realidad son”. “Cuando encarnas la firme estabilidad de la visión, ya no te dejas engañar ni distraer por lo que surge de modo que no puedes ser víctima de la ilusión”. 

Devoción ¿a qué? A Buda, si le preguntas al libro. Como yo lo veo, devoción al amor, entendido como esa energía universal que nos conecta y que hace que todo sea bello. El texto habla de invocar al Buda, yo elijo invocar al amor para que me sostenga y me ayude a volver a casa; al amor le pido “el poder de comprender el sentido de nuestro sufrimiento y transformarlo”, le pido que en nuestra vida “crezca la claridad, la paz y el discernimiento”. 

La compasión es “la joya que concede los deseos” según el libro y el amor incondicional es uno de sus poderes. “El agua de la compasión discurre por el canal de la bondad amorosa”. El amor y la compasión florecen desde el interés por el que sufre (que somos todos), un reconocimiento de las necesidades y el dolor del otro y una determinación sostenida y práctica de hacer todo lo que sea posible y necesario para contribuir a aliviar su sufrimiento. “Cuando tu miedo toca el dolor del otro se convierte en lástima, cuando tu amor toca el dolor del otro, se convierte en compasión”. 

 Acá tengo que traer otro mantra que me gusta mucho y que en muchas formas resume este principio tibetano LOKAH SAMASTAH SUKHINO BHAVANTU que significa: que todos los seres, en todas partes, sean felices y libres. 

El sufrimiento y la compasión está interconectados y por eso el texto dedica también una buena parte a resignificarlo. La aflicción puede ser el jardín de la compasión, dice Rumi y cuando nuestra mente no está entrenada y la sabiduría y el discernimiento aún no han florecido en nosotros el sufrimiento es inevitable, “somos el juez y el acusado” y es en meditación cuando podemos reconocer esos patrones y el dolor que los acompaña. Una vez identificado ese sufrimiento, no se trata de huir, sino de utilizarlo de la mejor manera posible para volvernos más compasivos y más capaces de ayudar a los demás. Además, “es posibles que lleguéis a sentiros misteriosamente agradecidos hacia vuestro sufrimiento porque os ofrece esta oportunidad de trabajar en él y transformarlo”; “el dolor, la pena, la pérdida y la constante frustración responden a un propósito real y muy definido: existen para despertarnos, para inducirnos y casi obligarnos a romper los lazos que nos atan al ciclo del samsara y liberar así nuestro esplendor aprisionado” y “solo el corazón recobrado puede sentirse alguna vez satisfecho y libre, gracias a todo lo que ha renunciado, para regocijarse en su supremacía”. 

 Sobre el sufrimiento, les recomiendo este episodio del podcast Yogaverso: https://open.spotify.com/episode/4ROaIpCyFA3DIXQhWtrqq9?si=905588e63da744a1 ________________________ 

¿Y qué significa morir bien? Sogyal Rimpoché murió de una embolia pulmonar en 2019 mientras recibía tratamiento por cáncer colorrectal, esto después de haber sido acusado de graves delitos, entre otros, abuso sexual, mental y físico como cita la BBC en este artículo https://www.bbc.com/news/world-asia-49505098. Cuando supe esto pensé si habría de verdad, él mismo, entendido y aplicado las prácticas que profesaba para vivir y morir bien. En el grupo con el que leímos el texto tuvimos desde la sesión uno la discusión sobre el autor y su manchada reputación, aun así, decidimos adentrarnos en la lectura todo el tiempo conscientes de este hecho, pero también abiertas a lo que las enseñanzas de las tradiciones del Tíbet pudieran agregar a los procesos de introspección y autoconocimiento de cada una. Sogyal Rimpoché tal vez no haya sido el ejemplo vivo de la filosofía tibetana, pero en el libro incluye montones de anécdotas de personas que sí ejemplifican el buen morir. Con esos ejemplos y el de la muerte de la mamá de mi querida amiga Josefina, entendí que no se trata de una muerte libre de sufrimiento sino de un proceso de partida en el que, a pesar del posible dolor físico, la persona se mantiene en estado de contento, o Ananda, como decimos en yoga. El ‘moribundo’, como se nombra en el libro, se desapega y se despide desde el amor y la gratitud y eso, unido a una práctica espiritual sostenida y sostenedora es la fórmula para que, llegado ese momento, haya paz interior. Todos somos moribundos, a cada segundo estamos muriendo, así que por qué no aplicar esta fórmula a cada instante de la vida y vivir con paz interior. 

 Gracias por llegar hasta acá en la lectura. Este escrito no es, ni pretende ser un resumen del libro, tampoco expone sus principales ideas, no mencioné a los bardos por ejemplo, que son el hilo conductor de sus contenidos, este escrito es simplemente un compartir de un poquito de lo que a mí me queda. Te invito ya para cerrar, a hacer una actividad preciosa y conmovedora que hicimos en alguno de nuestros encuentros en torno al libro. Busca un espacio solitario y tranquilo, tal vez después de meditar y escríbete una carta, pero no a tu yo de hoy sino a tu yo moribundo, si te vieras ad portas de la muerte, ¿qué te dirías para hacer más amoroso ese proceso?, tú que te conoces como nadie. Y la ñapa, este episodio del podcast Querida Valeria, muy alineado con el tema: https://youtu.be/fYAkQSn7jfE?si=RD0nnW6AOs2KVOpD 

 Feliz vida y feliz muerte. 

 Sembrado por Carol Jaramillo Hurtado en diciembre del 2025
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Hace algún tiempo estudiando sobre la tradición budista, recuerdo que hablaban de tres raíces que nos atan al sufrimiento, la codicia, el odio y la ignorancia. De hecho también se les nombra como los tres venenos, porque cuando permitimos que entren a nuestro sistema terminan intoxicando todas las dimensiones de nuestra vida, impactando nuestras decisiones, nuestras relaciones, y conduciendo nuestros pasos en esta existencia de separación y aflicción.

El primero de estos venenos es la codicia, entendido como el ansia de poseer, el impulso de querer cada vez más, y se hace manifiesto en el apego y en la avaricia. La codicia se apoya en la creencia que podemos ser dueños de algo, para ello se necesita de alguien que posea y algo a ser poseído y por eso en ella esta el germen de la separación. Si bien la codicia a regido gran parte de nuestras decisiones como humanidad, como las grandes exploraciones, las conquistas, y las invasiones hoy se hace muy evidente en su variación actualizada, el consumismo, que no es más que la insatisfacción disfrazada de plenitudes efímeras. Es esta codicia hecha consumismo la que nos lleva a creer que podemos ser dueños de todo lo que nos propongamos y no medir las consecuencias de nuestras ambiciones para con los demás y para con la Tierra.

 

El segundo veneno es el odio, que nace de nuestros juicios, y que nos lleva a etiquetar todo de acuerdo a nuestras apetencias, generando una incapacidad de validar y valorar todo aquello que es diferente, de él se desprenden manifestaciones como la aversión y el desprecio, que suelen matirializarse en la agresión. El odio también refuerza el sentido de separación, porque niega la capacidad de tender puntos de encuentro, y refuerza la ilusión del yo, bien sea un yo personal o un yo colectivo, que se sostiene por sus diferencias hacia un otro u otros. Una forma muy tangible de reconocer el odio en nuestros tiempos, es en todo el belicismo que permea desde nuestro lenguaje hasta nuestras acciones, haciéndose muy manifiesto en toda la estructura militarista dedicada al exterminio de aquello que es diferente, pasando por alto que al destruir al otro, estamos destruyendo también una parte de nosotros mismos.


El tercer veneno, la ignorancia, parte del desconocimiento de lo que somos, y se hace manifiesto cuando caemos en la confusión y el engaño, cuando nos identificamos con aquello que nos limita. Es la ignorancia la que nos lleva a la ilusión de la separación, la que alimenta los actos autodestructivos y la que nubla nuestro discernimiento. En nuestros tiempos ésta ya no es sólo una ignorancia de nuestra naturaleza más íntima, sino que hemos caído en la confusión propia de la realidad, y los medios de comunicación y las plataformas virtuales de información al servicio de las corporaciones se han convertido en los grandes promotores de toda esta ignorancia colectiva, vendiéndonos cada vez más narrativas de ambición y más motivos para odiar lo diferente, con la cual reinician y potencian la acción de los otros venenos.


Si la gran proeza propuesta por el Budha era liberarnos de estos venenos en nuestra vida diaria, nuestro reto actual va más allá de la mera acción individual, porque hoy en día resulta importante plantarle cara a sus evoluciones colectivas: el consumismo, el militarismo, y la confusión mediática, para ello la tradición enseña aprender a incorporar los tres grandes antídotos: la generosidad que nos permite abrir las manos para dejar de acaparar y empezar a compartir; la benevolencia que nos conduce a aspirar siempre lo mejor para la vida de todos, en especial aquellos que son diferentes a nosotros; y la sabiduría que nos permite discernir con claridad entre lo real y lo ilusorio. Pero más allá de estos, la medicina más poderosa contra estos venenos siempre será el despertar a la realidad de la interexistencia, porque en ella podemos desvanecen todos los velos de la separación, comprendiendo que lo que somos es mucho más que aquello que queremos, repudiamos, o desconocemos.


Sembrado por Esteban Augusto (junio 2025)

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Honra y agradece con tu práctica a todos los que te antecedieron, a los que abrieron el camino y lo recorrieron antes que tú.

Honra y agradece con tu práctica a todos los que de alguna forma u otra vendrán a aprender de ti y transitaran el camino que estás recorriendo.

Hónrate y agradécete por el camino que estas transitando, por todo lo que te ha permitido llegar a este instante y saboreártelo con deleite.



Uno de los atributos de yoga, es su carácter iniciático, eso decía Mircea Eliade, un reconocido historiador de las religiones, y el que sea iniciático, quiere decir que se aprende de alguien, de alguien que ya ha dado unos pasitos más que uno, y se abre a compartirte algo de su recorrido, pero que también te invita a que el camino lo recorras por ti mismo, es decir, que uno no tiene que inventarse desde cero el camino, pero si debe recorrerlo por su propia cuenta.

Hoy tuve el honor de ser el profesor invitado en la Diplomatura de Yoga de la U de A y compartir un poco sobre los maestros de yoga, conversamos sobre todos estos personajes, algunos muy particulares, algunos muy cuestionables, algunos muy inspiradores. Pero todo esto de trenzar un árbol genealógico que integre las diferentes formas de yoga de las cuales hemos bebido en occidente y poder evidenciar como todas las formas de yoga que nos vemos hoy en día están teñidas por toda esta historia, solamente es una excusa para hablar sobre la humildad, la generosidad y la soberanía.

La humildad para poder reconocer que este proceso de lo humano, no es un camino solitario, es una senda colectiva, donde todos somos aprendices y todos somos maestros, humildad para reconocer que no somos el centro dle mundo sino que somos parte de un proceso colectivo donde todos nos sostenemos entre todos. Pero para poder activar ese proceso colectivo, debemos conectar con la humildad, y dejarnos guiar por aquellos que han dado unos pasos más que nosotros, ojo, no de seres perfectos, sino de otros humanos como nosotros, que se han ofrecido a compartir su camino y nos han puesto a dispocisión la cosecha que han cultivado.

El rollo es que a veces, por andar proponiendo humildad, terminan es vendiendo sometimiento, y ahí hay que aprender a discernir con claridad si mi gesto de reverenciar es para honrar y reconocer o para inflar la importancia personal del otro.

En un mundo donde todos quieren ser maestros, pocos tienen la humildad para entregarse a los procesos y dejarse guiar, habrá que ser muy valiente para ser humilde. Así que ahí esta la enseñanza que viene de la humildad, reconocer nuestra fragilidad, nuestra ignorancia, para reconocernos como parte de algo más grande y dejarnos acompañar para transitar colectivamente este camino de cultivo interior.

Humildad: Honra y agradece con tu práctica a todos los que te antecedieron, a los que abrieron el camino y lo recorrieron antes que tu. 

La generosidad, es la otra cara de humildad, si la humildad nos permite reconocer nuestra pequeñez, la generosidad nos permite reconocer nuestra grandeza, es con la generosidad con la que nos abrimos a compartir con otros los pasos que hemos recorrido. Y se hace importante abrirnos a la generosidad, para no quedarnos atesorando los aprendizajes, para no creernos dueños de las cosas, que es una de las enfermedades que paracitan la práctica hoy en día, el sentido de propiedad privada que nos ha llevado a que cada uno crea que puede crear su propio yoga y venderlo al mejor postor para poder "recuperar la inversión".

Cuando miramos la generosidad como lenguaje de la vida, reconocemos que todo tiene su tiempo, las flores se abren a su tiempo, y los frutos se dan a su tiempo, los cachorros nacen a su tiempo, y ahí es muy importante reconocer que aquel que se dedica a enseñar, debe aprender a reconocer su propio tiempo. Son los que llegan a aprender contigo los que te hacen maestro, no los certificados ni las iniciaciones recibidas, así que el tiempo de la generosidad es el tiempo de la cosecha, pero para que haya cosecha primero hubo una preparación del terreno y una siembra, y la cosecha simplemente abre sus manos y se comparte. Tal como la flor se ofrece a todo aquel que se anime a recibirla, la práctica cuando está madura se abre camino y encuentra con quien ser compartida.

A veces la avaricia se disfraza de generosidad para vender necesidades, pero ahí mismo es donde se puede activar la medicina que viene con la generosidad, que es la de reconocer que no podemos ser dueños de nada, y que la mejor forma de conservar algo, es compartirlo, ponerlo a circular, porque lo que se atesora, se estanca, y lo que se estanca se pudre, por lo que en el disponernos a compartir está la posibilidad de aprender con más profundidad, ya que en fondo no compartimos de lo que sabemos sino de lo que somos.

Generosidad:
Honra y agradece con tu práctica a todos los que de alguna forma u otra vendrán a aprender de ti y transitarán el camino que estás recorriendo.


Y la soberanía, esa si que debería ser el eje de la enseñanza. El yoga del mercado de hoy en día, que ve al otro como cliente, lo que menos le interesa es que sea un soberano de si mismo, ni que tenga una relación directa con su propia práctica o con lo sagrado, todo lo vuelven producto, y las instituciones son expertas en ello, en su afán de engrandecerse terminan empequeñeciendo las individualidades de quienes llegan, es decir que se alimentan de los egos personales para inflar su ego colectivo. Habrá que tener muy activo el discernimiento para reconocer cuales de estos personajes que solemos llamar como "maestros" o "profesores" están ahí para impulsarnos a que seamos soberanos de nosotros mismos, o a que alimentemos una institución que gravita ante grandes personalidades.

La enseñanza que viene con la soberanía, es la que nos ayuda a contrarrestar el sentido de carencia que convertimos en dependencia. Seguro es mucho más fácil que alguien nos diga qué hacer y cómo hacerlo, nos ahorraría tantos problemas, pero la madurez en el camino de la práctica del yoga viene con aprender a asumirnos a nosotros mismos, a no cargar cosas que no son nuestras, ni mucho menos ser carga para otros.

Soberanía:
Hónrate y agradécete por el camino que estas transitando, por todo lo que te ha permitido llegar a este instante y saboreártelo con deleite.

Todos estos personajes que a veces llamamos maestros, sólo son excusas para reflejarnos y vernos mejor a nosotros mismos, son humanos como nosotros, y verlos humanos, es lo mejor que podemos hacer por ellos, porque en enaltecernos abrimos la puerta para juzgarles más duro de lo que nos juzgamos a nosotros mismos.

Hoy es super fácil dedicarnos a ver las incoherencias de los otros, pero en vez de dedicarnos a ver la carencia, y no estoy diciendo que se nieguen o encubran las atrocidades cometidas, estaría más sabio dedicarnos a ver lo que nos inspira, y si ni hay eso, dedicarnos a agradecer el haber encontrado todo aquello que no quisiéremos ser ni hacer.
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Cuando recorremos este camino con humildad, generosidad y soberanía, reconocemos que todos somos aprendices, y todos somos maestros, en eso consiste la vida, es ese compartir constante que nos labra, y es en ese encuentro, que es la vida misma, en el que podemos comprender que somos aprendices cuando nos abrimos a enseñar, y aquellos que llegan a aprender con nosotros son nuestros maestros.


Sembrado por Esteban Augusto (Abril del 2025)


 

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La intersección espiritual entre la comunidad cristiana primitiva y la Sangha del yoga: Un diálogo de amor y sabiduría



En este tiempo de preparación para la Semana Santa, momento de introspección y renovación espiritual para muchos alrededor del mundo, nos embarcamos en una reflexión que busca tender puentes entre las ricas tradiciones de la comunidad cristiana primitiva y la Sangha de yoga. Esta época, que invita a la reflexión sobre los sacrificios y enseñanzas Jesús, nos ofrece una oportunidad única para profundizar en nuestro entendimiento espiritual y fortalecer nuestra conexión con lo divino. Al explorar las resonancias y enseñanzas compartidas entre estos dos caminos espirituales, buscamos no solo honrar la profundidad de la Semana Santa, sino también expandir nuestra perspectiva sobre la universalidad de la búsqueda espiritual, el amor incondicional y la entrega a un propósito mayor que nos unifica a todos en este sagrado viaje de la vida.

En los albores de una era marcada por la ascensión de Jesús hacia la inmensidad del Padre Eterno, los apóstoles persistieron en la diseminación de un mensaje que, a pesar de su simplicidad aparente, encerraba la profundidad de lo que Paramahansa Yogananda describiría como “la omnisciente Inteligencia de Dios” o “El hijo unigénito de Dios: la Conciencia Crística”. Esta figura, Jesús de Nazaret, se erigió no solo como un hombre entre hombres, sino como el epítome del servicio incondicional hacia los demás. Fue en este contexto donde los apóstoles, aquellos "enviados", llevaron adelante su misión en pequeñas comunidades, las cuales abarcaban desde judíos hasta gentiles, pasando por viudas y todo aquel que deseara acogerse al nuevo evangelio, viviendo el principio de que “Y la multitud de los que habían creído era de un corazón y un alma; y ninguno decía ser suyo propio nada de lo que poseía, sino que tenían todas las cosas en común.” (Hch 4,32). Este ethos comunitario, profundamente arraigado en el amor y la solidaridad, refleja el concepto de Sangha, una palabra de origen pali o sánscrito que alude a una "asociación", "asamblea" o "comunidad".

La noción de Sangha en el budismo, extendida a un sentido más amplio, evoca una congregación de individuos que, sostenidos mutuamente en sus esfuerzos, conforman una verdadera familia espiritual. De manera similar, la comunidad cristiana primitiva creció y se fortaleció bajo los mismos preceptos de amor y apoyo mutuo. La función de los apóstoles, como aquellos enviados para difundir la palabra de Jesús, guarda paralelismo con la de gurús o chamanes en diversas tradiciones espirituales, quienes proveen guía desde los aspectos más terrenales hasta las inquietudes más elevadas del ser. Jesús, al encomendarles la misión de “Y les dijo: Id por todo el mundo y predicad el evangelio a toda criatura.” (Marcos 16,15), marcó el inicio de un viaje espiritual que, tras años de aprendizaje y purificación, les permitiría compartir su mensaje y perpetuar su legado.


Dentro del ámbito del yoga, este traspaso de sabiduría es conocido como Parampara, una cadena de transmisión del conocimiento que fluye de maestro a discípulo. Esta tradición asegura no solo la continuidad de la práctica sino también la purificación de la mente mediante técnicas ancestrales comprobadas. De este modo, tanto en el cristianismo como en el yoga, se enfatiza la importancia de recurrir a las fuentes originales de conocimiento y adherirse a un linaje de maestros o apóstoles, como vía hacia el desarrollo espiritual personal y colectivo.


La práctica comunitaria de “Se mantenían firmes en la enseñanza de los apóstoles, en la comunión, en el partimiento del pan y en la oración” (Hch 2, 42), simboliza más que un rito; constituye un acto sagrado de unidad y solidaridad, reminiscencia del Ágape y la última cena de Jesús con sus discípulos. Este acto, imbuido de profundo significado, se refleja en el concepto de Satsang en la tradición del yoga, que implica la comunión en la verdad y la búsqueda de la sabiduría en compañía de seres iluminados, a través de la escucha, el canto conjunto o la meditación. Esta práctica es, en esencia, un encuentro de almas que trasciende la individualidad, fomentando el reconocimiento mutuo y la búsqueda del bienestar colectivo.


Al contemplar el inicio de todas las cosas, “In principio erat Verbum et Verbum erat apud Deum et Deus erat Verbum”, (Juan 1. 1-2), nos enfrentamos a la poderosa idea del Logos, la "Palabra" o "Verbo" como principio divino y fundamento de la existencia. Esta noción, que encuentra eco en la filosofía y en la teología de diversas tradiciones, subraya la importancia del diálogo y el pensamiento como expresiones de nuestra esencia más auténtica. Según Yogananda, la “Palabra” representa esa "vibración inteligente"que, en este contexto su manifestación, conforma la totalidad del cosmos, un concepto que resalta la unidad intrínseca de toda creación.


La Biblia nos ofrece una visión poderosa de la unidad en la diversidad a través de las palabras de Pablo a los Corintios: "Pues así como el cuerpo es uno, y tiene muchos miembros, pero todos los miembros del cuerpo, siendo muchos, son un solo cuerpo, así también Cristo" (1 Corintios 12:12). Este pasaje ilustra la idea de que, aunque somos individuos con diferentes roles y funciones, todos formamos parte de un todo unificado en Cristo. De manera similar, Yogananda en "La Autobiografía de un Yogui" reflexiona sobre la unidad subyacente de todas las tradiciones espirituales, enfatizando que "La verdadera religión es la vida que llevamos, no el credo que profesamos". Este paralelismo destaca que, más allá de nuestras diferencias aparentes, compartimos una esencia común que nos une en la diversidad, una enseñanza fundamental tanto en la comunidad cristiana como en la Sangha.


El amor es el núcleo de las enseñanzas de Jesús, como se refleja en su mandamiento: "Un mandamiento nuevo os doy: Que os améis unos a otros; como yo os he amado, que también os améis unos a otros. En esto conocerán todos que sois mis discípulos, si tuviereis amor los unos con los otros." (Juan 13:34-35). Este llamado al amor incondicional entre los seguidores de Cristo es un eco del principio yóguico de Ahimsa, o no violencia, que abarca un amor profundo y compasivo hacia todos los seres. Yogananda explica que "El amor es la ley eterna. Dios es Amor. Y Él que vive en amor, vive en Dios, y Dios en él". Aquí, tanto en las enseñanzas de Jesús como en las de Yogananda, el amor se presenta como la fuerza más poderosa que existe, capaz de transformar el corazón y el alma, fomentando una verdadera comunidad o Sangha espiritual.


La entrega a la voluntad divina es otro tema común entre la comunidad cristiana primitiva y la Sangha de yoga. Jesús manifestó esta entrega en Getsemaní cuando oró: "Padre mío, si es posible, pase de mí esta copa; pero no sea como yo quiero, sino como tú." (Mateo 26:39). Esta profunda aceptación de la voluntad de Dios refleja el concepto yóguico de Ishvara Pranidhana, la entrega al divino. Yogananda nos enseña a ver la mano de Dios en todas las circunstancias de la vida, alentándonos a "Buscar a Dios con alegría, en medio de la prueba y el sufrimiento. Considera todas las circunstancias como mensajes divinos". Así, tanto en el cristianismo como en el yoga, la entrega no se ve como una renuncia pasiva, sino como un acto de fe profunda y confianza en que la guía divina nos lleva hacia nuestro bien más alto.


A través de este viaje que entrelaza las enseñanzas de la comunidad cristiana primitiva con las de la Sangha de yoga, hemos descubierto no solo las raíces comunes que alimentan ambos caminos espirituales, sino también la universalidad de su mensaje. La unidad en la diversidad, el amor como fuerza transformadora y la entrega a lo divino se revelan como verdades eternas, fundamentos que sostienen una práctica espiritual profunda y auténtica. Estos principios, reflejados en las palabras de Jesús y en las enseñanzas de Yogananda, nos invitan a mirar más allá de las diferencias superficiales, reconociendo que, en esencia, todos buscamos lo mismo: conexión, comprensión y una paz que trascienda lo efímero de nuestra existencia terrenal.


Así, la reflexión que surge de este diálogo entre la comunidad cristiana primitiva y la Sangha de yoga nos desafía a vivir de acuerdo con estos principios universales, a ser testigos del amor incondicional en cada acción y a encontrar en la entrega una libertad que supera todo entendimiento. En última instancia, este encuentro espiritual nos recuerda que, más allá de las etiquetas y las doctrinas, somos viajeros en una misma senda, buscadores de una luz que ilumine no solo nuestro camino individual, sino también el de aquellos que caminan a nuestro lado. Que esta exploración sirva como un faro, guiándonos hacia una comprensión más profunda de nuestra propia espiritualidad y hacia la construcción de un mundo más compasivo y unido, donde las enseñanzas de amor, unidad y entrega se manifiesten en cada corazón y en cada comunidad, creando así un reflejo terrenal del divino.


Sembrado por Sebastian Gonzales (Marzo 2024)

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Abrámosle la puerta a la meditación.
No es garantizado que todo lo que encontremos allá adentro sea bueno o bello, porque al meditar lo primero que encontramos es todo aquello que llevamos adentro, y usualmente nos hemos vuelto coleccionistas de basura en nuestro interior, y lo primero que debemos hacer ensuciarnos un poco limpiando todo ello.
Pero cuando abrimos la puerta de la meditación y experimentemos la presencia y la plenitud aprenderemos a ver la vida con otros ojos y a disfrutarla con otro sabor. Pero eso no quiere decir que debamos encerrarnos detrás de la puerta en nuestro mundo idílico, sino que debemos volver a usar esa puerta para retornar al mundo cotidiano y compartir todo eso que hemos experimentado.
Una puerta puede ser algo que separe, pero también puede ser algo que una, permitamos que la meditación sea una puerta que nos conecte en doble vía, de adentro hacia afuera y de afuera hacia adentro, para que podamos vivir desde la armonía de nuestros mundos externos y nuestros mundos internos.

Sembrado por Esteban Augusto (Marzo, 2022)
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EL GATO Y LA MEDITACIÓN
Cuando, cada tarde, se sentaba el abad a dirigir las prácticas, andaba por allí un gato juguetón en el ashram distrayendo a los practicantes. De manera que ordenó que le
trajeran el gato, entonces mientras todos meditaban, él acariciaba el gato para tranquilizarlo; y así todos lograron meditar sin distraerse.
Mucho después de haber muerto ese abad, aquellos que asumieron el papel de dirigir la práctica seguían acariciando el gato porque era lo que habían visto en su maestro. Y cuando el gato murió llevaron otro gato al ashram para acariciarlo y poder continuar practicando.
Siglos después, los discípulos del gurú escribieron doctos tratados acerca del importante papel que desempeña el gato en la realización de la práctica como es debida.
[cuántas veces no nos quedamos repitiendo lo que hicieron los que nos precedieron, si indagar ni actualizar cada una de las prácticas]





Sembrado por Esteban Augusto (Marzo, 2022)
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¿QUIÉNES SOMOS?

El semillero de yoga es una plataforma de encuentro para compartir, practicar, estudiar y vivir el Yoga en toda su profundidad. Nació como un espacio de preparación para futuros profesores de Yoga, en donde el único prerrequisito era tener instalada una práctica constante, y a lo largo de estos años ha servido como punto de encuentro para vivenciar el Yoga mucho más allá de una clase. Hoy en día conserva su esencia de estimular procesos formativos desde la pedagogía tradicional de Yoga, en donde el compartir, el practicar y el enseñar son los verdaderos maestros, y cumple su función mediante grupos de estudio, Diplomaturas en Yoga, talleres de profundización, retiros de autoconocimiento y actividades de servicio a la comunidad.

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Ciclo de profundización desde YOGA COMO FILOSOFÍA VIVA

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