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SEMILLERO DE YOGA

 



EL GATO Y LA MEDITACIÓN
Cuando, cada tarde, se sentaba el abad a dirigir las prácticas, andaba por allí un gato juguetón en el ashram distrayendo a los practicantes. De manera que ordenó que le
trajeran el gato, entonces mientras todos meditaban, él acariciaba el gato para tranquilizarlo; y así todos lograron meditar sin distraerse.
Mucho después de haber muerto ese abad, aquellos que asumieron el papel de dirigir la práctica seguían acariciando el gato porque era lo que habían visto en su maestro. Y cuando el gato murió llevaron otro gato al ashram para acariciarlo y poder continuar practicando.
Siglos después, los discípulos del gurú escribieron doctos tratados acerca del importante papel que desempeña el gato en la realización de la práctica como es debida.
[cuántas veces no nos quedamos repitiendo lo que hicieron los que nos precedieron, si indagar ni actualizar cada una de las prácticas]





Sembrado por Esteban Augusto (Marzo, 2022)
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Rio Terco, Nuquí, Chocó


Hoy que se celebra el día internacional del Yoga, que sea una invitación para que recordemos:
-Habitar el presente desde diferentes posturas.
-Seguir el camino de la respiración.
-Cultivar la receptividad mediante el silencio.
-Ser observador de la sabiduría de la espontaneidad.
-Abrazar la impermanencia del instante presente.

Sembrado por Esteban Augusto (Junio 2021)
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 El poema no es lo mismo que la poesía.
Los ingredientes no son lo mismo que la receta.


Los ingredientes de los poemas son las letras, las palabras, pero unir unas cuantas letras para formar unas cuantas palabras no hace un poema, también son necesarios los silencios, las pausas, las rimas, los conteos, y sobre todo el sentir artístico y creativo de quien lo escribe, y el sentido de lo que se quiere expresar.

Lo mismo sucede con una práctica de yoga, porque una verdadera práctica de yoga es poesía viva. Que si bien está compuesta por muchos ingredientes, como lo son las diferentes técnicas: movimientos, posturas, respiraciones, relajaciones, visualizaciones, focos de atención, vibraciones, actitudes, y demás, estos deben estar sabiamente combinados para formar un sentido coherente, tal y como las letras deben combinarse sabiamente para formar oraciones.

Pero tener claras estas letras (técnicas) y la forma en que deben combinarse, no hace que sea un poema, porque de ser así cualesquier frase con buena ortografía sería un poema, lo que le hace falta es la marca del artista, de quien lo vive y lo expresa, en este caso el poeta, que es aquel que se dedica a practicar o a enseñar yoga, e impregna su práctica con su capacidad de estar en contacto y de expresar todo lo que sucede en su interior, y con su habilidad para leer el contexto y leer a sus estudiantes.

La gran mayoría de los maestros del pasado eran poetas, y compartieron su sabiduría mediante sus prácticas como poemas, pero con el tiempo lo que ha pasado es que nos quedamos repitiendo los poemas de ajenos, repetiendo las clases o las estructuras de las clases de estos maestros, y repetir poemas ajenos no nos hace poetas, puede que nos prepare o nos sencibilice, pero no nos hace vibrar desde la poesía. 

Porque para vibrar desde la poesía, hace falta despertar ese sentido creativo, que no es mera repetición, porque cada poema, y cada práctica es diferente, y es coherente con la constante transformación en la que estamos inmersos, y no busca homogeneizar con protocolos fijos, sino que nos conduce a la liberación mediante la reconexión con el presente y la expresión de todo lo que somos.

La poesía como el yoga es hija del presente, y por ende hija de lo eterno. 

Así que el llamado es a que seamos artistas, seamos yoguis, seamos poetas, seamos hijos del presente, para que podamos vivir y enseñar de forma tal que todo lo que hagamos sea una obra de arte.


Sembrado por Esteban Augusto (Enero 2021)

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Hoy en día, cuando pensamos en una clase de yoga se nos viene a la cabeza una especie de protocolo específico, una receta en la que se conjugan ciertos ingredientes: unas cuantas asanas, una que otra técnica de respiración y quizá, algún ejercicio de relajación y algún otro de meditación.


Bajo este paradigma, en las últimas décadas diferentes maestros han creado su propia receta, y sus discípulos, o más bien las instituciones que quedaron instauradas en su nombre, se han encargado de hacerlas populares, de categorizarlas como la mejor y de convertirlas en esquemas rígidos. Estas instituciones respaldan su actuar bajo el argumento de que “así lo dijo el maestro”. 


Esta situación ha creado una especie de competencia para decidir cuál es la mejor estructura para una clase de yoga y cada institución se ha dedicado a impartir sus esquemas particulares a sus estudiantes, generando una suerte de homogeneización entre ellos. Estas instituciones, sin embargo, pocas veces se preguntan por los principios que rigen y que subyacen estos protocolos o por las condiciones y propósitos específicos de sus maestros durante el proceso de divulgación de su sabiduría.


Se hace fundamental entender, para entrar en los detalles posteriores de este artículo, que lo que llamamos hoy en día como la estructura de una clase de yoga, es básicamente un orden específico para la ejecución de unas cuantas asanas, que finalizan con una breve relajación, y entre las cuales, ocasionalmente, se invita a un trabajo con la respiración. Bajo estos patrones, los más técnicos han estudiado, desarrollado y perfeccionado la ciencia de la asanología proponiendo prácticas específicas para algunos músculos, o para desarrollar una de esas que llaman ‘asanas avanzadas’, o para profundizar en habilidades específicas como el equilibrio, la flexibilidad, etc. Todo ello apoyándose en el que es uno de los grandes pilares del Yoga hoy en día, la biomecánica. Desde la entrada en escena de este pilar, presentado como el último paradigma de la racionalización del cuerpo, se ha incrementado el número de practicantes lesionados.  


Este tipo de estructuras en las que suele primar lo postural terminan invisibilizando dos de los grandes propósitos que se tiene con la práctica de yoga. El primero es a nivel energético, con él se proponen ciertas etapas, principalmente para el refinamiento y el direccionamiento de la energía. El otro propósito es a nivel mental y apunta al entrenamiento de la concentración pero sobre todo de la cesación de la identificación con las fluctuaciones mentales. 


La propuesta de este texto es presentar un bosquejo de los momentos energéticos de una clase de yoga e indicar algunas de las técnicas que pueden aplicarse en estos momentos, esto, basado en las tradiciones que me he dado la posibilidad de estudiar y experimentar. Cabe aclarar, que la presente no es una invitación a caer en un protocolo más, sino que es una reflexión hecha con el propósito de que muchos profesores y practicantes puedan enriquecer y ampliar su mirada y poner un poco más de luz sobre esta gran sabiduría del Yoga. 


Los momentos energéticos de una clase responden a un proceso llamado: palpitar energético. Este es solo un nombre para resumir un ciclo de ocho momentos que son: ofrendar, purificar, activar, desbloquear, condensar, expandir, direccionar, y disolver. Y que puestos en orden implican una especie de contracción y expansión de esto que llamamos energía, como una posibilidad de sintonizarnos a través de ella con el fluir del universo, completando el propósito general de la práctica de Yoga que es el de retornar a la unidad.



Ofrendar


Esta primera fase comienza con el conectarnos con algo más grande que nosotros mismos, con el dejar a un lado nuestro sentido de individualidad y nuestros propósitos personales, y más bien aprender a disponernos a ser receptivos para que la energía, que es la vida, fluya y se manifieste a través de nosotros. 


Para esta primera fase hay diversas técnicas, siendo las más empleadas, la recitación de mantras o la oración, dedicadas principalmente a un linaje de maestros, o a alguna manifestación de lo que entendemos por lo sagrado, que nos recuerdan que siempre estamos acompañados en el proceso. También el silencio cumple esta función, ya que nos permite dejar a un lado lo que veníamos haciendo para marcar el inicio de un acto sagrado, en la cual nos asumimos como meros instrumentos de la energía y de la Vida.


Es muy común que hoy en día las clases estén direccionadas desde un propósito, desde algo que se quiera lograr, pero este primer movimiento, por el contrario, implica abandonar todo propósito de manera que todo lo que suceda durante la práctica sea una ofrenda. En otras palabras, más que pretender obtener algún resultado, se trata de aprender a ofrecer o donar los posibles resultados hacia todos los seres, y esto nos conecta con una actitud y una disposición en la cual la energía fluye de acuerdo a su propia naturaleza y no a nuestras aspiraciones personales.



Purificar


Después de reconocer que la propuesta de una práctica de Yoga está en función de la movilización de la energía, es importante entender la importancia de limpiarla. De no estar limpia, se activa y disemina una energía cargada de las toxicidades con las que usualmente nos relacionamos en la cotidianidad.


Con esta intención, en los momentos iniciales de una práctica se proponen ejercicios que lleven a soltar todos estos contenidos, que pueden ser densos como dolores o malestares corporales, o pueden ser sutiles como emociones o patrones de pensamientos recurrentes. Para ello se emplean diversas técnicas, siendo las más recurrentes algunos de los denominados satkarmas, o ejercicios de purificación, como el nauli o el kapalabhati, secuencias de automasajes para incentivar ciertos puntos corporales y algunos pranayamas que incluyen un énfasis sobre la exhalación, siendo ésta fundamental para soltar contenidos sutiles. Sin embargo, las más usadas son secuencias cortas de relajación que ayudan a resetear el sistema y disponerlo para todo el proceso que se avecina.



Activar


Posterior a los momentos de ofrecimiento y purificación, se propone un componente de activación que toma dos direcciones: la primera es la activación de las funciones vitales del cuerpo, lideradas por la respiración. Esto se hace con un trabajo de entrenamiento de las facultades respiratorias, comenzando con ejercicios que estimulan las regiones bajas, medias y altas de los pulmones de manera individual, para luego integrarse en respiraciones completas, y desarrollar más adelante la R.Y.C. o Respiración Yogui Completa. 


En este momento de activación se propone también el despertar de cada una de las articulaciones, siendo un buen ejemplo las técnicas de pawanmuktasanas o los viayamas que invitan a que el movimiento de la respiración se expanda a través del movimiento articular, y con ello se logren activar todas las estructuras, yendo desde las más densas hasta las más sutiles.



Desbloquear 


Una vez activas tanto la estructura corporal como la función vital, se procede a desbloquearlas y de esa manera disponerlas para el trabajo que sigue. El desbloqueador por excelencia es el calor que se produce de la combinación del movimiento con la respiración, y las técnicas más empleadas para ello son: el clásico Saludo al Sol o suryanamaskara, todos los namaskara derivados, y la conexión de dinámica de asanas encadenadas fluidamente mediante el vinyasa.


El propósito de esta fase de desbloquear es que se liberen los contenidos y la información que solemos acumular en nuestras estructuras. Por ello tanto los namaskara como las vinyasas están estructurados alrededor de la movilidad de la columna vertebral, y los grandes núcleos articulares de la cintura pélvica y la cintura escapular, que son los tres nodos en donde se presentan más ataduras energéticas y psíquicas, expresadas mediante la rigidez. La propuesta de estas técnicas de ejecutar repetidamente los movimientos, conduce a que se liberen estas ataduras y que se drenen estos contenidos internos, y como fruto de ello se desarrolle un estado de flexibilidad. Por otro lado, la dinamicidad y la exigencia de namaskaras y vinyasas son una invitación para salir de los patrones habituales de dispersión de nuestra mente que simplemente se integran al fluir entre la respiración y el movimiento.


Vale anotar un elemento histórico de este componente, y es que podría decirse que es el más moderno de todos, y que toda esta fase de dinamicidad en función del desbloquear responde a una necesidad de mayor movimiento ante vidas más sedentarias, y de mayor exigencia ante mentes más dispersas. Como consecuencia de esto, muchas de las clases de yoga de hoy están centradas en desbloquear. Antaño los estilos de vida implicaban más actividad, al haber, por ejemplo, más relación con el trabajo en el campo, con esas dinámicas los momentos de purificación y activación eran suficientes para pasar a la fase de condensación. Basadas en esto, muchas escuelas consideradas como ‘más tradicionales’ no incluyen fases dinámicas de desbloqueo, y saltan inmediatamente de un breve movimiento articular a las asanas en sí mismas. 



Condensar


Este momento incluye la práctica de asanas sostenidas por muchas respiraciones. La energía que se ha estado purificando y activando, y que ahora puede desplazarse libremente gracias al desbloqueo de los conductos durante la fase anterior, se moviliza hacia cada uno de los centros cerebroespinales denominados chakras, y se condensa sobre estos para optimizar su funcionamiento.


Durante la condensación se busca entonces poner toda la energía en recargar y estimular cada uno de esto centros, y para ello el asana va acompañada de otras técnicas que incluyen la sintonía con la respiración, el equilibrio de las sensaciones internas y externas, los ejercicios de visualización, y la profunda actitud de que cada postura es simplemente una ofrenda más que se hace por algo más allá de nosotros mismos. Estas técnicas favorecen procesos de enfoque y condensación de los diferentes niveles de energía hacia cada uno de los centros.


Este trabajo de sostener las posturas ha sido visto en las últimas décadas desde un ángulo muy corporal, dando pie a la creencia de que las posturas se sostienen desde los músculos, y dando pie por tanto a la creación de doctos tratados alrededor de estos. Pero resulta importante remarcar que cuando se habla de sostener las posturas no se hace desde el esfuerzo sino desde la energía. Cuando la postura está establecida en sus respectivas raíces y puntos de proyección, cuando el esfuerzo cesa y cuando hacemos la postura como una ofrenda, la energía es direccionada desde la respiración y nos sostiene, y entendemos entonces que la postura se apoya en algo más que nuestra propia voluntad.


Ahora bien, el recorrido que se ofrece para la condensación a través de los centros energéticos, puede ir en varios sentidos. Uno de ellos es el descendente, que comienza su trabajo con posturas sostenidas para los chakras desde la corona hasta la raíz, o ascendente que va en sentido inverso. El primero de ellos es una invitación para tomar lo sutil y descenderlo en medio de la densidad del mundo, muy apto para aquellos que viven inmersos en las regiones etéreas, y les hace falta equilibrarse con una poco tierra. El segundo, en contraposición, es una respuesta a un recorrido desde lo más denso para conectarse con lo más sutil, más apto para aquellos que requieren compensar su estado ordinario de enraizamiento en la materia con la levedad del acercamiento a los reinos del espíritu. Bajo estos mismos principios operan también formas que emplean sentidos centrífugos y centrípetas con la finalidad de que ese camino de condensación logre incentivar la dirección hacia la ‘Fuente’ presente en el centro del pecho, o la emanación desde la misma.


Hay un asana especial que se propone para sellar o para redistribuir todo lo ejecutado con los circuitos de condensación, y es el asana que implica un proceso de torsión de la columna vertebral. Mediante las torsiones, lo que logró acumularse de energía en cada uno de los chakras, se distribuye a lo largo de los principales nadis para irradiarse a los otros centros, apoyándose el movimiento de rotación en espiral, y por ello es una postura especialmente ejecutada cerca del final de esta etapa de condensación. 

 


Expandir


La energía que se ha movilizado, y condensado mediante la práctica de las asanas sostenidas, no es para quedarse en los chakras; debe, desde ellos, expandirse y redistribuirse por todo el sistema, y a la vez irradiar toda la energía y toda la información resultante del proceso de recarga de estos centros. En este proceso la relajación cumple el papel central, ya que invita a la quietud y al vacío, estados en los cuales la energía logra diseminarse y así, recargar todas las células del cuerpo.


En esta medida muchas de las tradiciones de Yoga han sido coherentes en proponer una buena práctica de relajación para el final, aunque hay unas escuelas que invitan a hacer cortas relajaciones después de cada uno de las posturas, bajo un esquema de postura-relajación, postura-relajación etc. Y en este caso, las relajaciones cumplen un papel similar, ya que al sostener el asana la energía se condense en un solo punto, para que luego, con la corta relajación, la energía pueda expandirse desde ese centro, y al hacer esto con los diferentes centros energéticos se cumple una función de bombeo energético gradual. Pero el hacer una secuencia de asanas fijas, sin relajación intermedia, invita a crear el camino de conexión entre los diferentes centros, y con la relajación final, adicionalmente de expandir la energía, lo que se hace es reafirmar el camino de conexión entre los diferentes chakras.


Aunque hay múltiples técnicas de relajación el proceso de expansión energética se favorece más desde herramientas como el Prana Nidra, o algunas modalidades de Yoga Nidra basadas en los circuitos energéticos o en patrones de vibración, con las cuales se recarga el cuerpo con una energía renovada y con una información nueva, y a la vez hay un acercamiento, aunque sea inconsciente, a estados donde se expande la conciencia.



Direccionar


Todo el proceso hasta ahora descrito nos ha conducido a estructuras renovadas y con una energía mucho más radiante y potente. El siguiente paso es direccionarla hacia el gran propósito de Yoga que es retornar a la unidad, y ahí hay dos técnicas por excelencia, el pranayama y la kriya.


El pranayama bajo su ejercicio más completo, conocido como respiración alterna, o anuloma viloma, aboga por equilibrar el fluir energético entre los dos canales laterales: Ida y Pingala, para incentivar su flujo hacia el canal central: Sushumna. Esta práctica no es simplemente respirar alternadamente por las fosas nasales, sino que en su modalidad completa incluye sus retenciones, bandhas, mudras, mantras y ejercicios de desplazamiento de la atención apoyados en la visualización. Para que produzca su efecto, debe ejecutarse durante muchos ciclos respiratorios, que podrían equivaler mínimamente a unos aproximados 21 minutos. 


Esta técnica de pranayama comparte muchos elementos con los ejercicios de kriya, que podrían definirse como unas secuencias de direccionamiento de la atención basados en la visualización, combinados con respiraciones, bandhas, mudras, mantras, y que apuntan al  mismo propósito de direccionar la energía hacia el canal central. Como se puede ver, aunque estas técnicas: bandhas, mantras, visualizaciones, entre otras, puedan practicarse de forma individual para estimular la concentración, estos ejercicios que implican una combinación de diferentes técnicas llevan a una mayor complejidad, y terminan favoreciendo el direccionamiento de todos los tipos de energía a una sola dirección, con lo cual se hace más fácil acceder a estados de concentración que creen las condiciones ideales para favorecer estados de meditación.



Disolver


Tras renovar la energía y ponerla al servicio del gran propósito de instalarse en el canal central, se logra acceder a la última de estas fases, la disolución. Comienza entonces un proceso en el cual se abandonan todas las técnicas, y simplemente se deja que toda esa energía que creíamos que era propia, se establezca en su propia naturaleza, y es allí donde la meditación emerge, y donde se desatan chispasos de claridad que nos permiten experimentar la disolución de nuestra individualidad para sintonizarnos con la ‘Fuente’.


Tras experimentar la disolución, con una respiración volvemos a habitar el cuerpo, a habitar el mundo, pero ahora tras esta experiencia, nos queda el propósito de compartir esta plenitud, no desde las palabras o los conceptos, ni desde las instrucciones de una clase de yoga, sino desde el ejemplo en nuestra propia vida, y así este palpitar energético que nos permitió ofrendar, purificar, activar, desbloquear, condensar, expandir, dirigir y disolver, nos trae de vuelta al mundo cotidiano, pero completamente transformados por la experiencia de alquimia de la energía mediante la práctica de Yoga.


Teniendo este amplio panorama sobre el circuito energético, se nos puede hacer más fácil comprender la razón por la cual algunos maestros, o algunas tradiciones, de acuerdo a sus propias necesidades y contextos, han puesto más énfasis en unas fases que en otras. Para finalizar me gustaría decir que aunque todo este circuito pareciera ser muy complejo, se trata simplemente de sintonizarse con el fluir natural de la energía, porque cuando seguimos el flujo de su palpitar podemos retornar a nuestro estado de unidad y a la vez compartirlo con todos aquellos que nos rodean.



Sembrado por Esteban Augusto (Julio 2020)

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Cerro Quitasol, Bello, Colombia 2008

Dicen que los yoguis mediante el cultivo de la respiración alcanzaban la eternidad, pero no es que reteniendo el aliento el cuerpo desarrolle la capacidad de ser inmortal. Sino que la respiración es la puerta de entrada a la eternidad, porque la respiración sólo sucede en el presente, y el presente es lo único que es eterno.



Sembrado por Esteban Augusto (Tomado de @estebananda.ea 19 de diciembre de 2019)
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Nevado Ritak'uwa. Güican, Colombia. Febrero 2019.

Por menos "asanología" y más "respiratocracia".


Sembrado por Esteban Augusto (Tomado de la cuenta de instagram estebananda.ea 16 de diciembre de 2019)
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¿QUIÉNES SOMOS?

El semillero de yoga es una plataforma de encuentro para compartir, practicar, estudiar y vivir el Yoga en toda su profundidad. Nació como un espacio de preparación para futuros profesores de Yoga, en donde el único prerrequisito era tener instalada una práctica constante, y a lo largo de estos años ha servido como punto de encuentro para vivenciar el Yoga mucho más allá de una clase. Hoy en día conserva su esencia de estimular procesos formativos desde la pedagogía tradicional de Yoga, en donde el compartir, el practicar y el enseñar son los verdaderos maestros, y cumple su función mediante grupos de estudio, Diplomaturas en Yoga, talleres de profundización, retiros de autoconocimiento y actividades de servicio a la comunidad.

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