Sembrado por Alejandra Gutiérrez como parte de la síntesis de curso de profundización en pranaymas, la danza entre la energía y la consciencia (Noviembre 2023)
La naturaleza del universo es infinita, basta con observar una noche el cielo estrellado para reconocer que hay más estrellas de las que podemos imaginar. Pero también nuestra naturaleza interna es infinita, basta con sentarnos en silencio para reconocer que más allá de todo ruido, hay un silencio infinito que habita en nosotros.
A pesar de contar con las posibilidades de percibir lo infinito tanto interna como externamente, vivimos apegados a lo finito: a la forma, al ruido, al tiempo, y con ello nos olvidamos de nuestra naturaleza infinita y nos enganchamos a la creencia que también nosotros somos finitos.
Cuando dejamos de orientar nuestra vida al rededor de lo finito: los dramas, la culpa, el dolor, la ira y muchos etcéteras que son finitos, y nos liberamos de todas los agregados, creencias e identificaciones finitas que nos limitan, podemos reconocernos como eso infinito que simplemente ES.
La Vida, el Amor, la Presencia, la Plenitud y la Paz son infinitas, y aunque todo lo finito se junte para ocultar lo infinito, nunca tendrá la fuerza para cubrirlo, así como toda la oscuridad no tendrá nunca la fuerza para apagar una luz, pero sólo se necesita un diminuta chispa de lo infinito, el espíritu, para disipar toda sombra de ilusión de la identificación con lo finito.
Deja que lo infinito que habita en ti, sea uno con la infinita naturaleza del universo.
Sembrado por Esteban Augusto (Abril, 2022)
Hay un fenómeno con la luz, que dice que cuando la luz blanca pasa a través de un prisma se divide en el espectro de los siete colores visibles. Este hecho es la razón de ser del arco iris y la carátula de un reconocido álbum de música. Pero también es una de las formas más simples de entender el camino de la práctica de yoga, en donde se propone armonizar y sintonizar cada uno de los siete centros de sabiduría llamados chakras, como un camino para retornar a la Fuente, pero también para aprender a expresarnos desde Ella.
Desde un lado eminentemente yóguico, el prisma representa el anandamaya kosha, es decir el canal central, o el cuerpo causal, o nuestra estructura más sutil, desde la cual es mucho más fácil percibir la Luz del Espíritu, pero a la vez es el depositario de todas nuestras identificaciones y de nuestras basuras psíquicas residuales. Y lo que nos suele pasar es que de tantos contenidos acumulados es como si llenáramos el prisma de rayones y calcomanías que impiden que refleje claramente la luz que pasa a través de él.
Ahora bien cuando la luz pasa a través del prisma del canal central, origina el espectro de siete colores, es decir los siete centros de sabiduría, llamados chakras, que son la estructura básica del vijnanamaya kosha. Pero lo que nos suele pasar es que nuestras desiciones, y todo nuestro recorrido en nuestra vida termina conduciéndonos a que ciertas sabidurías sean más predominantes que otras, y no sólo generamos un desnivel entre estos colores/sabidurías, sino que terminamos acumulando ciertos parásitos que nublan cada uno de estos chakras.
Desde cierto ángulo los chakras son una emanación de la Luz al entrar en contacto con el prisma, pero desde el ángulo inverso podemos ver que son los chakras, al estar nivelados y replegarse sobre el prisma los que nos permiten acceder a la Luz. Y este ejemplo de las dos direcciones nos puede ayudar a comprender más claramente los dos caminos: el camino de la creación, de lo sutil a lo denso, de la luz blanca a los diferentes colores (para no entrar acá a densificar más exponiendo el proceso con los otros koshas), y el camino de retorno, que es el que propone la práctica de yoga, de lo denso a lo sutil.
Con este ejemplo el camino propuesto por la práctica yoga consiste en varias tareas: Despojarnos de los parasitos de los colores/sabidurías, balancear las siete frecuencias, restaurar la naturaleza original del prisma, todo ello para retornar a la Luz, pero el camino no termina allí, porque luego hay que aprender a vivir desde la luz. Pero tomémonos el tiempo para detallar sobre cada uno de estos procedimientos.
Cada una de las luces del espectro visible es homologable con cada uno de los centros llamados chacras, y son formas de entender las diferentes opciones de sabiduría a las que tenemos acceso los seres humanos, que en orden serían: la sabiduría de la supervivencia, la sabiduría de la disfrutabilidad, la sabiduría de la voluntad, la sabiduría de los vínculos, la sabiduría de la creatividad, la sabiduría de la claridad, y la sabiduría de la unidad. Pero también cada una de las sabidurías termina siendo eclipsada por ciertas tendencias emocionales, que alimentamos con el paso del tiempo, como la ignorancia, el egoísmo, el miedo, la posesividad, la ilusión. (Ver cuadro)
Entonces el trabajo de despojarnos de los parasitos, comienza por aprender a conocer el funcionamiento de nuestras estructuras internas y entender nuestros patrones de respuesta, para desinstalar los modos reactivos de comportarnos. Dicho de otro modo despojarnos de los parasitos es limpiarnos los chakras, pero éstos no se limpian con unos cuarzos, ni visualizando colores o repitiendo sonidos, sino que se purifican con base en nuestras desiciones, entonces la labor consiste en dejar de decidir como siempre lo hemos hecho, para abrir la puerta a otras formas obrar que no estén condicionadas por nuestras experiencias o traumas previos.
Pero con librarnos de los parasitos de cada uno de los chakras no es suficiente, hay que balancear cada una de las siete sabidurías, porque para volver a la luz blanca, cada uno de los siete rayos de luz debe estar en igual proporción. Usualmente empleamos más unas sabidurías que otras, algunos por ejemplo somos muy creativos pero poco voluntariosos o viceversa, otros entendemos todo con claridad pero nos cuesta aprender a disfrutar o resolver nuestra superviviencia. Entonces este trabajo de balance implica que no haya una sabiduría que sea predominante sobre las otras, lo que nos lleva a un proceso de autoconocimiento tan profundo que podemos identificar cuales son las más predominantes y cuales son las menos frecuentes, para luego fortalecer aquellas que usemos menos y nivelarlas con las otras.
Ahora bien, con las siete luces bien purificadas y niveladas, llega el trabajo de restaurar el prisma, es decir despojarlo de todas las etiquetas que solemos ponerle, y restaurar las fisuras que hemos acumulado con el devenir del tiempo. Y este trabajo implica aprender a despojarnos de todas las identificaciones que alimentamos constantemente, es decir que trae consigo la labor de deshacernos de todos los residuos psíquicos que nos obstaculizan el acceso a la luz. Restaurar el prisma implica aprender a morir a todo aquello que creíamos ser, es decir vaciarnos de nosotros mismos, para que sea la Luz del Espíritu la que nos llene. Pero esta labor, que suena relativamente fácil trae consigo el reconocer quién somos en realidad más allá de todos los nombres y todas las formas, y para poder responder a quién soy, vale comenzar por una pregunta más simple, ¿quién no soy? y cada respuesta a lo que no soy, nos ayudará a quitarnos una etiqueta más y a desenmascarar una identificación más.
Habiendo completado estos trabajitos, y lo pongo en diminutivo no porque sean muy simples sino para invitar a relacionarnos cariñosamente con ellos, será más fácil poder retornar a la Luz, es decir experimentar las dimensiones del Espíritu, y todo en la práctica de yoga, que no es sólo hacer unas cuantas asanas, está dedicado a esto, a afinar cada uno de nuestros componentes internos para recorrer el camino de regreso a la Fuente, es decir aprender a percibir el Espíritu, pero como siempre me gusta decirlo, este no es el final de camino, porque el propósito no es solamente volver a la Luz y quedarnos en Ella, sino que la otra parte de la labor está en aprender a vivir desde la Luz.
Y esta es la gran obra que cumplen aquellos que solemos llamar maestros, porque puede que algunos experimentemos momentaneamente estos pirotécnicos espirituales donde acedemos a la Luz, y nos embelesemos con ellos, pero los maestros de los que les hablo, son aquellos seres que dejan que la Luz sea a través de ellos, porque han comprendido desde la profundidad de su Ser que son la Luz misma, y que como tal su labor es irradiarse para que otros seres también encuentren el camino de retorno.
Así que de ahora en adelante te invito a que cada vez que veas este efecto óptico que produce el arcoíris, recuerdes cada uno de estos trabajitos que nos permiten retornar a la Fuente, y expresarnos desde Ella.
Sembrado por Esteban Augusto (Diciembre 2021)
PD: Y a modo de ñapa por la época navideña vale recordar que el arbolito de navidad que se ilumina con luces de colores es sólo un recordatorio de ese árbol del canal central con los colores de los siete chacras.
Indice interactivo de Asanas
Cuadro instructivo para comprender la propuesta:
REFLEXIONES SOBRE EL DESARROLLO DE LAS FICHAS: ASANAS Y EL FLUIR DE LA ENERGÍA
Cuando Esteban nos envió la propuesta de escribir o proponer algo para publicar en el blog, tenía clarísimo que si quería hacerlo pero no sabía, en ese momento, con qué tipo de reflexión o material. Ya el sólo hecho de contribuir así fuera con mis dudas, pensé que estaría bien. Así que me lancé por el lado de las cosas que puedo hacer y que me gustan hacer: la parte gráfica y la parte pedagógica.
Este momento “extraño” que hizo que muchos de nosotros hiciéramos una mirada consciente hacia adentro, con la compañía de las charlas de Sembrando Humanidad donde pudimos cada uno a su manera reflexionar, valorar; limpiar, organizar; agradecer, perdonar; transformar, integrar, fue el momento ideal para desarrollar estas fichas. Sin apego al logro, simplemente la dicha de poder hacerlas. Sin expectativas más lejos que las del mismo momento de construirlas.
Entendí aquello del esfuerzo, entendí aquello de la disciplina, entendí aquello de la humildad, de reconocer que podía estar equivocada y que aparte de que quedara como un producto más, era mi producto, lo que yo tengo para dar en este momento. Mi ofrenda. Hacerlo se ha vuelto parte de mi día, y mí práctica, el recuerdo constante de aquello que quiero transmitir en este material de trabajo.
La propuesta finalmente quedó en realizar un material que fuera una herramienta en el proceso de enseñar, aprender, recordar algunas ásanas. Gracias a las conversaciones con Esteban cada vez pude concretar más y mejor lo que quería aportar. Las fichas que presento son una especie de resumen visual de varios aspectos dentro de una ásana que estudiamos en el diplomado y que espero sean de utilidad para esta comunidad. Esta primera entrega de posturas, la relacionamos con los chakras, seleccionamos una para cada uno y en cada postura revisamos cuatro aspectos: construcción, proyección, regente y presentamos dos opciones para la postura una más fácil y la otra un poco más avanzada.
Me encantaría que esta labor vaya creciendo, que nos va llevando a describir diferentes aspectos de las ásanas o que nos permita clasificarlas de diferentes maneras…Eso ya está cocinándose en algún lugar de este aparato.
Gracias a Esteban por echarle agua a esta matica!
Sembrado por María Díaz (Septiembre 2020)
Fruto de la convocatoria editorial del Semillero de Yoga 2020
Visitar la segunda entrega de ASANAS EL FLUIR DE LA ENERGÍA
Hoy en día, cuando pensamos en una clase de yoga se nos viene a la cabeza una especie de protocolo específico, una receta en la que se conjugan ciertos ingredientes: unas cuantas asanas, una que otra técnica de respiración y quizá, algún ejercicio de relajación y algún otro de meditación.
Bajo este paradigma, en las últimas décadas diferentes maestros han creado su propia receta, y sus discípulos, o más bien las instituciones que quedaron instauradas en su nombre, se han encargado de hacerlas populares, de categorizarlas como la mejor y de convertirlas en esquemas rígidos. Estas instituciones respaldan su actuar bajo el argumento de que “así lo dijo el maestro”.
Esta situación ha creado una especie de competencia para decidir cuál es la mejor estructura para una clase de yoga y cada institución se ha dedicado a impartir sus esquemas particulares a sus estudiantes, generando una suerte de homogeneización entre ellos. Estas instituciones, sin embargo, pocas veces se preguntan por los principios que rigen y que subyacen estos protocolos o por las condiciones y propósitos específicos de sus maestros durante el proceso de divulgación de su sabiduría.
Se hace fundamental entender, para entrar en los detalles posteriores de este artículo, que lo que llamamos hoy en día como la estructura de una clase de yoga, es básicamente un orden específico para la ejecución de unas cuantas asanas, que finalizan con una breve relajación, y entre las cuales, ocasionalmente, se invita a un trabajo con la respiración. Bajo estos patrones, los más técnicos han estudiado, desarrollado y perfeccionado la ciencia de la asanología proponiendo prácticas específicas para algunos músculos, o para desarrollar una de esas que llaman ‘asanas avanzadas’, o para profundizar en habilidades específicas como el equilibrio, la flexibilidad, etc. Todo ello apoyándose en el que es uno de los grandes pilares del Yoga hoy en día, la biomecánica. Desde la entrada en escena de este pilar, presentado como el último paradigma de la racionalización del cuerpo, se ha incrementado el número de practicantes lesionados.
Este tipo de estructuras en las que suele primar lo postural terminan invisibilizando dos de los grandes propósitos que se tiene con la práctica de yoga. El primero es a nivel energético, con él se proponen ciertas etapas, principalmente para el refinamiento y el direccionamiento de la energía. El otro propósito es a nivel mental y apunta al entrenamiento de la concentración pero sobre todo de la cesación de la identificación con las fluctuaciones mentales.
La propuesta de este texto es presentar un bosquejo de los momentos energéticos de una clase de yoga e indicar algunas de las técnicas que pueden aplicarse en estos momentos, esto, basado en las tradiciones que me he dado la posibilidad de estudiar y experimentar. Cabe aclarar, que la presente no es una invitación a caer en un protocolo más, sino que es una reflexión hecha con el propósito de que muchos profesores y practicantes puedan enriquecer y ampliar su mirada y poner un poco más de luz sobre esta gran sabiduría del Yoga.
Los momentos energéticos de una clase responden a un proceso llamado: palpitar energético. Este es solo un nombre para resumir un ciclo de ocho momentos que son: ofrendar, purificar, activar, desbloquear, condensar, expandir, direccionar, y disolver. Y que puestos en orden implican una especie de contracción y expansión de esto que llamamos energía, como una posibilidad de sintonizarnos a través de ella con el fluir del universo, completando el propósito general de la práctica de Yoga que es el de retornar a la unidad.
Ofrendar
Esta primera fase comienza con el conectarnos con algo más grande que nosotros mismos, con el dejar a un lado nuestro sentido de individualidad y nuestros propósitos personales, y más bien aprender a disponernos a ser receptivos para que la energía, que es la vida, fluya y se manifieste a través de nosotros.
Para esta primera fase hay diversas técnicas, siendo las más empleadas, la recitación de mantras o la oración, dedicadas principalmente a un linaje de maestros, o a alguna manifestación de lo que entendemos por lo sagrado, que nos recuerdan que siempre estamos acompañados en el proceso. También el silencio cumple esta función, ya que nos permite dejar a un lado lo que veníamos haciendo para marcar el inicio de un acto sagrado, en la cual nos asumimos como meros instrumentos de la energía y de la Vida.
Es muy común que hoy en día las clases estén direccionadas desde un propósito, desde algo que se quiera lograr, pero este primer movimiento, por el contrario, implica abandonar todo propósito de manera que todo lo que suceda durante la práctica sea una ofrenda. En otras palabras, más que pretender obtener algún resultado, se trata de aprender a ofrecer o donar los posibles resultados hacia todos los seres, y esto nos conecta con una actitud y una disposición en la cual la energía fluye de acuerdo a su propia naturaleza y no a nuestras aspiraciones personales.
Purificar
Después de reconocer que la propuesta de una práctica de Yoga está en función de la movilización de la energía, es importante entender la importancia de limpiarla. De no estar limpia, se activa y disemina una energía cargada de las toxicidades con las que usualmente nos relacionamos en la cotidianidad.
Con esta intención, en los momentos iniciales de una práctica se proponen ejercicios que lleven a soltar todos estos contenidos, que pueden ser densos como dolores o malestares corporales, o pueden ser sutiles como emociones o patrones de pensamientos recurrentes. Para ello se emplean diversas técnicas, siendo las más recurrentes algunos de los denominados satkarmas, o ejercicios de purificación, como el nauli o el kapalabhati, secuencias de automasajes para incentivar ciertos puntos corporales y algunos pranayamas que incluyen un énfasis sobre la exhalación, siendo ésta fundamental para soltar contenidos sutiles. Sin embargo, las más usadas son secuencias cortas de relajación que ayudan a resetear el sistema y disponerlo para todo el proceso que se avecina.
Activar
Posterior a los momentos de ofrecimiento y purificación, se propone un componente de activación que toma dos direcciones: la primera es la activación de las funciones vitales del cuerpo, lideradas por la respiración. Esto se hace con un trabajo de entrenamiento de las facultades respiratorias, comenzando con ejercicios que estimulan las regiones bajas, medias y altas de los pulmones de manera individual, para luego integrarse en respiraciones completas, y desarrollar más adelante la R.Y.C. o Respiración Yogui Completa.
En este momento de activación se propone también el despertar de cada una de las articulaciones, siendo un buen ejemplo las técnicas de pawanmuktasanas o los viayamas que invitan a que el movimiento de la respiración se expanda a través del movimiento articular, y con ello se logren activar todas las estructuras, yendo desde las más densas hasta las más sutiles.
Desbloquear
Una vez activas tanto la estructura corporal como la función vital, se procede a desbloquearlas y de esa manera disponerlas para el trabajo que sigue. El desbloqueador por excelencia es el calor que se produce de la combinación del movimiento con la respiración, y las técnicas más empleadas para ello son: el clásico Saludo al Sol o suryanamaskara, todos los namaskara derivados, y la conexión de dinámica de asanas encadenadas fluidamente mediante el vinyasa.
El propósito de esta fase de desbloquear es que se liberen los contenidos y la información que solemos acumular en nuestras estructuras. Por ello tanto los namaskara como las vinyasas están estructurados alrededor de la movilidad de la columna vertebral, y los grandes núcleos articulares de la cintura pélvica y la cintura escapular, que son los tres nodos en donde se presentan más ataduras energéticas y psíquicas, expresadas mediante la rigidez. La propuesta de estas técnicas de ejecutar repetidamente los movimientos, conduce a que se liberen estas ataduras y que se drenen estos contenidos internos, y como fruto de ello se desarrolle un estado de flexibilidad. Por otro lado, la dinamicidad y la exigencia de namaskaras y vinyasas son una invitación para salir de los patrones habituales de dispersión de nuestra mente que simplemente se integran al fluir entre la respiración y el movimiento.
Vale anotar un elemento histórico de este componente, y es que podría decirse que es el más moderno de todos, y que toda esta fase de dinamicidad en función del desbloquear responde a una necesidad de mayor movimiento ante vidas más sedentarias, y de mayor exigencia ante mentes más dispersas. Como consecuencia de esto, muchas de las clases de yoga de hoy están centradas en desbloquear. Antaño los estilos de vida implicaban más actividad, al haber, por ejemplo, más relación con el trabajo en el campo, con esas dinámicas los momentos de purificación y activación eran suficientes para pasar a la fase de condensación. Basadas en esto, muchas escuelas consideradas como ‘más tradicionales’ no incluyen fases dinámicas de desbloqueo, y saltan inmediatamente de un breve movimiento articular a las asanas en sí mismas.
Condensar
Este momento incluye la práctica de asanas sostenidas por muchas respiraciones. La energía que se ha estado purificando y activando, y que ahora puede desplazarse libremente gracias al desbloqueo de los conductos durante la fase anterior, se moviliza hacia cada uno de los centros cerebroespinales denominados chakras, y se condensa sobre estos para optimizar su funcionamiento.
Durante la condensación se busca entonces poner toda la energía en recargar y estimular cada uno de esto centros, y para ello el asana va acompañada de otras técnicas que incluyen la sintonía con la respiración, el equilibrio de las sensaciones internas y externas, los ejercicios de visualización, y la profunda actitud de que cada postura es simplemente una ofrenda más que se hace por algo más allá de nosotros mismos. Estas técnicas favorecen procesos de enfoque y condensación de los diferentes niveles de energía hacia cada uno de los centros.
Este trabajo de sostener las posturas ha sido visto en las últimas décadas desde un ángulo muy corporal, dando pie a la creencia de que las posturas se sostienen desde los músculos, y dando pie por tanto a la creación de doctos tratados alrededor de estos. Pero resulta importante remarcar que cuando se habla de sostener las posturas no se hace desde el esfuerzo sino desde la energía. Cuando la postura está establecida en sus respectivas raíces y puntos de proyección, cuando el esfuerzo cesa y cuando hacemos la postura como una ofrenda, la energía es direccionada desde la respiración y nos sostiene, y entendemos entonces que la postura se apoya en algo más que nuestra propia voluntad.
Ahora bien, el recorrido que se ofrece para la condensación a través de los centros energéticos, puede ir en varios sentidos. Uno de ellos es el descendente, que comienza su trabajo con posturas sostenidas para los chakras desde la corona hasta la raíz, o ascendente que va en sentido inverso. El primero de ellos es una invitación para tomar lo sutil y descenderlo en medio de la densidad del mundo, muy apto para aquellos que viven inmersos en las regiones etéreas, y les hace falta equilibrarse con una poco tierra. El segundo, en contraposición, es una respuesta a un recorrido desde lo más denso para conectarse con lo más sutil, más apto para aquellos que requieren compensar su estado ordinario de enraizamiento en la materia con la levedad del acercamiento a los reinos del espíritu. Bajo estos mismos principios operan también formas que emplean sentidos centrífugos y centrípetas con la finalidad de que ese camino de condensación logre incentivar la dirección hacia la ‘Fuente’ presente en el centro del pecho, o la emanación desde la misma.
Hay un asana especial que se propone para sellar o para redistribuir todo lo ejecutado con los circuitos de condensación, y es el asana que implica un proceso de torsión de la columna vertebral. Mediante las torsiones, lo que logró acumularse de energía en cada uno de los chakras, se distribuye a lo largo de los principales nadis para irradiarse a los otros centros, apoyándose el movimiento de rotación en espiral, y por ello es una postura especialmente ejecutada cerca del final de esta etapa de condensación.
Expandir
La energía que se ha movilizado, y condensado mediante la práctica de las asanas sostenidas, no es para quedarse en los chakras; debe, desde ellos, expandirse y redistribuirse por todo el sistema, y a la vez irradiar toda la energía y toda la información resultante del proceso de recarga de estos centros. En este proceso la relajación cumple el papel central, ya que invita a la quietud y al vacío, estados en los cuales la energía logra diseminarse y así, recargar todas las células del cuerpo.
En esta medida muchas de las tradiciones de Yoga han sido coherentes en proponer una buena práctica de relajación para el final, aunque hay unas escuelas que invitan a hacer cortas relajaciones después de cada uno de las posturas, bajo un esquema de postura-relajación, postura-relajación etc. Y en este caso, las relajaciones cumplen un papel similar, ya que al sostener el asana la energía se condense en un solo punto, para que luego, con la corta relajación, la energía pueda expandirse desde ese centro, y al hacer esto con los diferentes centros energéticos se cumple una función de bombeo energético gradual. Pero el hacer una secuencia de asanas fijas, sin relajación intermedia, invita a crear el camino de conexión entre los diferentes centros, y con la relajación final, adicionalmente de expandir la energía, lo que se hace es reafirmar el camino de conexión entre los diferentes chakras.
Aunque hay múltiples técnicas de relajación el proceso de expansión energética se favorece más desde herramientas como el Prana Nidra, o algunas modalidades de Yoga Nidra basadas en los circuitos energéticos o en patrones de vibración, con las cuales se recarga el cuerpo con una energía renovada y con una información nueva, y a la vez hay un acercamiento, aunque sea inconsciente, a estados donde se expande la conciencia.
Direccionar
Todo el proceso hasta ahora descrito nos ha conducido a estructuras renovadas y con una energía mucho más radiante y potente. El siguiente paso es direccionarla hacia el gran propósito de Yoga que es retornar a la unidad, y ahí hay dos técnicas por excelencia, el pranayama y la kriya.
El pranayama bajo su ejercicio más completo, conocido como respiración alterna, o anuloma viloma, aboga por equilibrar el fluir energético entre los dos canales laterales: Ida y Pingala, para incentivar su flujo hacia el canal central: Sushumna. Esta práctica no es simplemente respirar alternadamente por las fosas nasales, sino que en su modalidad completa incluye sus retenciones, bandhas, mudras, mantras y ejercicios de desplazamiento de la atención apoyados en la visualización. Para que produzca su efecto, debe ejecutarse durante muchos ciclos respiratorios, que podrían equivaler mínimamente a unos aproximados 21 minutos.
Esta técnica de pranayama comparte muchos elementos con los ejercicios de kriya, que podrían definirse como unas secuencias de direccionamiento de la atención basados en la visualización, combinados con respiraciones, bandhas, mudras, mantras, y que apuntan al mismo propósito de direccionar la energía hacia el canal central. Como se puede ver, aunque estas técnicas: bandhas, mantras, visualizaciones, entre otras, puedan practicarse de forma individual para estimular la concentración, estos ejercicios que implican una combinación de diferentes técnicas llevan a una mayor complejidad, y terminan favoreciendo el direccionamiento de todos los tipos de energía a una sola dirección, con lo cual se hace más fácil acceder a estados de concentración que creen las condiciones ideales para favorecer estados de meditación.
Disolver
Tras renovar la energía y ponerla al servicio del gran propósito de instalarse en el canal central, se logra acceder a la última de estas fases, la disolución. Comienza entonces un proceso en el cual se abandonan todas las técnicas, y simplemente se deja que toda esa energía que creíamos que era propia, se establezca en su propia naturaleza, y es allí donde la meditación emerge, y donde se desatan chispasos de claridad que nos permiten experimentar la disolución de nuestra individualidad para sintonizarnos con la ‘Fuente’.
Tras experimentar la disolución, con una respiración volvemos a habitar el cuerpo, a habitar el mundo, pero ahora tras esta experiencia, nos queda el propósito de compartir esta plenitud, no desde las palabras o los conceptos, ni desde las instrucciones de una clase de yoga, sino desde el ejemplo en nuestra propia vida, y así este palpitar energético que nos permitió ofrendar, purificar, activar, desbloquear, condensar, expandir, dirigir y disolver, nos trae de vuelta al mundo cotidiano, pero completamente transformados por la experiencia de alquimia de la energía mediante la práctica de Yoga.
Teniendo este amplio panorama sobre el circuito energético, se nos puede hacer más fácil comprender la razón por la cual algunos maestros, o algunas tradiciones, de acuerdo a sus propias necesidades y contextos, han puesto más énfasis en unas fases que en otras. Para finalizar me gustaría decir que aunque todo este circuito pareciera ser muy complejo, se trata simplemente de sintonizarse con el fluir natural de la energía, porque cuando seguimos el flujo de su palpitar podemos retornar a nuestro estado de unidad y a la vez compartirlo con todos aquellos que nos rodean.
Sembrado por Esteban Augusto (Julio 2020)































