Libro 3: Vibhuti Pada; sutras 5-15

by - abril 02, 2020

"El estudio de los momentos silenciosos entre la aparición y la restricción de las impresiones subliminales es nirodah parinamah" Libro 3: Sutra 9.

De la unificación a la disolución:


Ampliando el tema anterior del samyama, se propone la ley del doce, que dice que doce tiempos de dharana equivalen a un dhyana y doce tiempos de dhyana equivalen a un samadhi. Esta ley puede entenderse también a partir de las respiraciones, si durante doce respiraciones logramos tener la mente concentrada sobre algo, se llega a una unidad de dhyana y si se logra mantener doce unidades de dhyana se convierte en samadhi. Según esto un samadhi corresponde a 144 dharanas, 144 respiraciones en total concentración llevarían a un samadhi

 El esfuerzo o la parte en la que se involucra la voluntad nos lleva hacia el dharana, lo que podemos hacer en este punto es regular la calidad del dharana para que se convierta en los otros dos. La técnica de concentración es la que nos permite o no llegar a la meditación y a su vez la técnica de meditación es la que nos permite o no experimentar el estado de samadhi

 Siempre que hay concentración hay división, en ese punto está el que se concentra y sobre lo que se concentra; en la meditación ya no hay división, hay unidad; en el samadhi ya no hay unidad, hay disolución. La concentración implica un esfuerzo que nos lleva a reafirmar lo que somos, cuando se llega a la meditación podemos experimentar todo lo que somos y luego en el samadhi se experimenta que no somos nada porque de alguna forma lo somos todo, nos disolvemos con el Todo. 

 En la práctica se propone la unificación, observar al que se ha dedicado a observar, entrenar al que observa para lograr unificar. 

El samyama y el samadhi:

 La práctica del samyama es una práctica interna con respecto a las otras cinco ramas del ashtanga yoga y a su vez es una práctica externa si lo comparamos con el nirbija samadhi, o samadhi sin semillas. 

 El nirbija samadhi, es el samadhi donde no se están generando más impresiones, el punto en el cual no se está alimentando el ciclo de vrittis, vasanas y samskaras. En el nirbija samadhi ya no se está cultivando concentración ni separación, es un punto en el que ya no se pretende nada. El samyama es la preparación, es la semilla para vivir siempre en ese estado de disolución, para que ese estado ya no sea fruto del esfuerzo. 

 Cuando intentamos concentrarnos, nos damos cuenta que siempre estamos desconcentrados, que ese es nuestro estado ordinario, pero al trabajar en la concentración nos permitimos vencer y dejar de lado la desconcentración, de esa misma forma el trabajar y experimentar la disolución nos permite pasar del estado normal de sembrar impresiones a dejar de hacerlo. Cuando experimentamos esta sensación nos damos cuenta que podemos seguir ahí y dejar de estar presos de las fluctuaciones. 


El que alcanza la liberación:

 El jivan mukta es quien logra liberarse de las fluctuaciones, sigue vivo pero sin afectar al mundo y sin que el mundo lo afecte, no hay indolencia en su actuar, por el contrario es absoluta vulnerabilidad, ya que se da cuenta de que él mismo es el mundo y que el mundo es él mismo, que son un solo actuar, que no hay divisiones y eso hace que cese la identificación. Se da cuenta que no es quien actúa sino que es la naturaleza quien lo hace y al entender eso deja de creer que puede ser afectado o que puede afectar algo y se da cuenta de lo que es. El mundo sigue siendo mundo, el jivan mukta sigue estando en el, pero ya no lo afecta ni lo marca, ya no se frustra, ya no lucha, ya no quiere ni pretende. 

 El proceso inicia desde la concentración pretendiendo alcanzar algo para experimentar un estado de unidad para luego disolverse. Al final se vive desde esa disolución que no es una abstracción sino que implica una total reafirmación de lo que se es y esa reafirmación implica asumir la condición humana sin engancharse con lo que pasa y con lo que no pasa, ya no se están acumulando más impresiones, no se están poniendo más etiquetas. 


Para esta época actual:


 Anteriormente, este proceso se llevaba a cabo de forma muy lenta, dedicando muchos años a cada enseñanza, actualmente, este proceso ha ido evolucionando a formas más rápidas y directas de compartir la información. Este cambio en parte, obedece a las necesidades de evolución espiritual y por otro lado a las diferencias que se observan en los jóvenes actuales. 

 Los jóvenes que nacen hoy en día, en general, tienen una sensibilidad muy distinta; mientras que a las generaciones anteriores se les enseñó el individualismo desde muy temprana edad, la mayoría de jóvenes de hoy en día desarrollan desde muy pequeños un sentido de conciencia que les permite sentir más claramente el dolor del otro. Esta sensibilidad hace que puedan comprender la información de forma más rápida, pero al mismo tiempo, por el modelo social en que estamos inmersos también es más fácil que se pierdan en el camino tratando de evitar experimentar esas sensaciones que tienen latentes, todo esto porque nadie les ha dicho que lo que experimentan es normal, que percibir su silencio es normal, que ver a través de los ojos de alguien es normal y que ver más allá de lo que a simple vista se ve es normal y todas esas sensaciones hacen que se sientan asustados y que busquen mecanismos para camuflarlas. 

 Se cree que estas personas ya tienen unos logros adelantados, que vienen con ellos al mundo y no encuentran, en muchos casos, estrategias para manejar y entender eso que les sucede y por esta razón necesitan respuestas rápidas para reconectar con ese trabajo que ya traen adelantado. Si la enseñanza se hiciera de forma tradicional es probable que la información no lograra llegar a las personas que realmente la necesitan. 


Citta y sus modificaciones: De vyutthana a avastha.


 Antes de avanzar en el siguiente apartado, cabe recordar los dos estados posibles de de la mente, la mente desintegrada (vyutthana) y la mente integrada (avastha). A su vez en vyutthana hay tres modalidades, caótica (kshipta), letárgica (mudha) y dispersa (vikshipta). Y en avastha hay dos modalidades concentrada (ekagrata), y cesada (nirodah). 

 Nirodah parinamah 

 Parinamah significa modificación y nirodah significa cesación, y nirodah parinamah se refiere al estado de cesación de las fluctuaciones ordinarias, es la cesación entre las modificaciones, es el espacio que hay entre una modificación y otra. Las fluctuaciones ordinarias son los samskaras que tenemos del pasado, las cosas que estamos decidiendo, la dispersión y el caos que tiene la mente. En medio de la letargia, en medio de la dispersión y en medio del caos de nuestra mente, si llevamos nuestra atención podremos percibir que existe un espacio entre uno y otro pensamiento y este es el estado de nirodha parinamah

 Para acercarse a los estados internos, una de las primeras propuestas es comenzar a observar la cesación que hay en la conciencia ordinaria haciéndonos conscientes del silencio que sucede justo cuando un pensamiento parte y antes que llegue el siguiente. Esta es una propuesta muy sencilla porque no implica salir de lo ordinario, implica utilizar el propio caos, utilizar las impresiones que se tienen para observarnos a nosotros mismos. 

 Nirodha parinamah es ese espacio de silencio entre las funciones de conciencia ordinarias. Este silencio entre los pensamientos se va haciendo estable con el hábito; con la práctica se comienza a percibir que ese momento de silencio va ganando cada vez más protagonismo. Al principio puede que el silencio entre un pensamiento y otro pueda sostenerse por períodos muy cortos pero a medida que nos observamos más frecuentemente, nos damos cuenta que se va ampliando y que dejan de emerger pensamientos nuevos. 

 Samadhi parinamah 

 Samadhi parinamah se refiere a las modificaciones en modo samadhi, es decir fruto del samyama: dharana, dhyana y samadhi

 La forma ordinaria de entrar es a través del silencio, de ese silencio entre los pensamientos, que es el nirodah parinamah; pero existe otra forma de hacerlo que es a través del samyama, lo que nos lleva al samadhi parinamah y este trabajo parte desde la intención, para poder desarrollar este estado necesitamos no solo observar las fluctuaciones para encontrar el silencio entre ellas, sino que implica darle una dirección a todo el material mental que emerge. 

 El samadhi parinamah, se refiere a las modificaciones en modo disolución, en un modo de superconcentración, donde se tiene una concentración muy estable, ya no solo hay silencio sino una concentración tal que se sostiene. 

 La diferencia entre estos estados tiene que ver con la dirección; cuando se propone una intención nos encaminamos a salir de los estados de vyutthana (caótico, letárgico y disperso). Por ello dentro de esta explicación es que primero observamos y luego ponemos una dirección. 

Ekagrata parinamah 

 Ekagra significa una dirección y es lo que nos lleva a experimentar avastha (estado integrado de la mente), que como ya vimos tiene dos modalidades y una de ellas es precisamente ekagra

 Primero observamos, luego ponemos una intención, al poner una intención estamos aprendiendo a dar dirección a la mente. Ekagra es el estado donde hay absoluta unidad, donde los objetos del pasado y del presente son iguales. Es cuando la mente está lo suficientemente estable, lo suficientemente enfocada o dirigida que ya no se divide entre pasado y presente. Una cosa es el silencio o la cesación entre las modificaciones, otra es la cesación de la conciencia misma, y para llegar a esta última es más fácil hacerlo desde la unidireccionalidad de la mente ekagrata

 Ekagra es cuando la mente tiene una sola dirección. Para pasar del estado ordinario al estado extraordinario, del vyutthana chitta al avastha chitta, se recorre el camino del ekagra, y el yogui en su trabajo debe aprender a ubicar esa unidireccionalidad de la mente, ekagra, en su propio mapa de conciencia. 

 Cuando cesan las modificaciones es cuando se alcanza el nirodhah parinamah, que es precisamente el silencio entre las modificaciones. El samadhi parinamah, por su parte, es el samadhi en las modificaciones, lo que se refiere a estar absolutamente disuelto en las modificaciones. Y el ekagra parinamah es cuando las modificaciones tienen una sola dirección. Es distinto estar en ekagra citta, que es cuando toda la conciencia está en una sola dirección, que estar en nirodhah citta, que es la cesación de toda la conciencia.


Entre la naturaleza, los sentidos y la mente:


 El yoga de la época en la que se escribieron los sutras, expone que la puerta de entrada a la conciencia es a través de los sentidos. Todos los procesos que se enunciaron anteriormente parten de la idea de que para llegar a esos tres estados (nirodhah parninamah, samadhi parinamah y ekagrata parinamah) los sentidos son el punto de partida. Cultivando la capacidad de percibirnos a nosotros mismos podemos encontrar el silencio entre los pensamientos, llegar a la concentración y encontrar la unidireccionalidad. De esta forma se logra la transformación de los sentidos, los pensamientos y la mente con estos tres estados como el mapa para entender lo que sucede tanto en nuestro mundo interno como en el externo. 

 Estas tres formas de práctica permiten entender este mapa que implica un trabajo con la naturaleza, con los sentidos y con la mente. La naturaleza se refiere a los elementos, que es la forma en la que se entiende aquello de lo que estamos compuestos y todo eso que nos conforma funciona dentro de tres niveles: santa (pasado latente), udita (nacimiento presente) y avyapadesya (inmanifestado o futuro), mediante los cuales funciona el proceso de evolución. 


A través del tiempo:


 El futuro para esta tradición, no tiene que ver con lo que está por venir sino con las impresiones que tengo, que son impresiones latentes, por lo tanto, el futuro es posible independiente de todo lo que pase, siempre sigue ahí. El futuro no es lo que llega, el futuro es lo que sembramos. Independientemente de lo que sembremos, independiente del recuerdo que tengamos de lo vivido y de lo que está pasando, la naturaleza está y sigue estando. 

 Las cosas se transforman en la medida en que más las transformemos. La evolución en la transformación de la conciencia y que tiene que ver con lo que está más allá de lo manifestado (avyapadesya), de lo latente (santa) o del presente (udita) se hace más evidente en la medida en que se cultiva. La transformación en la consciencia es fruto de entender que siempre estamos en constante transformación. 


Superar la inercia:


 Entre más busquemos romper la inercia, la dispersión, el caos, en la medida en que más mutemos, en que más trabajamos en generar cambios de conciencia podemos experimentar más evolución en la conciencia. Los estados de evolución dependen de las transformaciones que imprimamos para salir del estado ordinario. 

 El proceso con la conciencia al igual que el proceso con la energía busca no ceder a la inercia, no caer en los patrones en los que usualmente caemos. La inercia de la civilización nos lleva al individualismo, la inercia de la vida nos lleva a dispersar la energía y la atención, la inercia de la conciencia nos lleva a llenarnos de conocimiento. Todos los trabajos yóguicos van encaminados a vencer la inercia, a no desgastar la energía, a no dispersar la conciencia, a no sucumbir en el individualismo. Estos trabajos implican una evolución en el sentido contrario a lo ordinario, implican rayar lo extraordinario, son una invitación a seguir transformándose, evolucionando. 

 Se presenta una evolución de un nivel en el que no sabemos que somos víctima de la inercia, que simplemente vivimos sin preocuparnos por el demás, inmersos en una inercia que ni siquiera nos cuestionamos, hacia un nivel en el que podemos reconocer que hay una inercia que nos lleva; en este último nivel se puede reconocer esa inercia y es posible decidir hacer algo para salir de su influencia. El primer paso es darnos cuenta de esos patrones naturales de la inercia y ese darnos cuenta nos lleva luego a hacer algo, a romper los patrones, a intentar mantener ese cambio. El darnos cuenta es el primer paso para no volver a ser los mismos, para dejar de ser víctimas y convertirnos en hacedores.

Sembrado por Elisa Ochoa y Esteban Augusto (Encuentros Marzo 2020)

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