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SEMILLERO DE YOGA




Este capítulo tiene de particular que en algunas traducciones el subtítulo que lo acompaña es la frase: “abrazar lo divino y rechazar lo demoníaco”. En él se enuncian una serie de virtudes del humano que tiende a lo divino y también se mencionan algunas de las cualidades para diferenciar al humano que se aleja de lo divino, el que tiende a lo demoníaco. Estas contrapartes se llaman en sánscrito: daivas y asuras. 


Lo divino tiene que ver con daiva o deva, lo luminoso, la claridad, el día, Dios. Los asuras, según la tradición de la India, son demonios, hombres oscuros que tienen un comportamiento que los lleva hacia su propia oscuridad. Esto se puede entender desde un contexto histórico en el que los arios, por ser blancos eran personas con tendencia a lo divino, y se encargaban de exterminar a las personas oscuras. O se puede entender como que hay dos tipos de personas: aquellos que tienden a buscar la luz, su propia claridad, y, aquellos que se dedican a ensombrecer su propia luz con sus comportamientos oscuros. Esos ángeles y demonios que llevamos dentro podemos alimentarlos, ellos crecen conforme la cantidad y calidad de alimento que les ofrezcamos, de ahí la invitación a estar en estado de atención constante, para saber si estoy alimentando mi parte luminosa o mi parte oscura.


En este capítulo, como ya enunciamos, se proponen un listado de atributos, de cualidades que son útiles para aquellos que persiguen lo divino, es una lista de comportamientos que podríamos llamar “liberadores”. Esta liberación puede referirse a liberarse de este mundo, de la rueda del Samsara, del ciclo de la reencarnación; o puede referirse a liberarse de la esclavitud que experimentamos debido a las ataduras que nos generan nuestros propios los patrones mentales que nos conducen por la senda del miedo, la tristeza, la ira, la ignorancia, etc. 


Vamos a extendernos ahora un poco en esas cualidades:


IRA

La ira es como un fuego que te inunda y te nubla la razón. Incluso pasa que muchos de los seres que están en un camino espiritual sienten que hay cosas o situaciones en las que está bien sentir rabia o en las que la rabia está justificada. Por otro lado, hay situaciones en las que cuando sentimos ira, si logramos ponernos en los zapatos de la otra persona, de la persona que nos despertó esa emoción, podemos transformarla en compasión. 


En el texto se explica que la ira, junto con la codicia y la lujuria, son las tres puertas para entrar al infierno, y, dice también, que una persona que tiende a la divinidad tiene ausencia de ira. La ira se alimenta de los deseos insatisfechos, es decir, de que queramos que las cosas, las situaciones, la vida, sean de una forma específica y al final no sucedan como lo planeamos o soñamos. La ira nace entonces del proceso de avidez y aversión. Cuando se logran explorar estos opuestos a fondo, es cuando se puede aprender a desenmascarar la ira como simplemente un deseo insatisfecho. 


Las emociones son como olas, tienen picos y tienen valles. Para sobrevivir a ellas es importante aprender que siempre después de un pico hay un valle, es decir, no siempre la emoción está en crecimiento. La emoción se vuelve un problema cuando, estando en el ascenso hacia el pico, sentimos su fuego que nos quema y queremos entonces deshacernos de ella de inmediato. Lo usual es que en ese intento de sacarla terminamos tirándosela a otro y, comienza así, una cadena de reacción, porque yo me desahogo con otro y ese otro se la quiere tirar a otro y así sucesivamente. Y es claro que en muchos años de civilización lo que hemos hecho es sacarnos la ira unos con otros, lo que ha desembocado irremediablemente en una civilización violenta. 


Por otro lado, la ira nos permite defendernos. Si no fuera por ella seríamos seres totalmente mansos, dóciles e indefensos. El germen de la ira nos ha permitido sobrevivir y hay que reconocerle ese lugar sin dejar, eso sí, que controle nuestras acciones. La mayoría de estos atributos divinos o demoníacos de alguna forma controlan nuestras reacciones y, cuando lo hacen, ya no somos nosotros mismos, quedamos a merced de los patrones y creencias culturales, como esa que dice: “no se puede dejar mangonear así”. 


A lo largo de nuestras vidas nos han enseñado un montón de cosas que alimentan, por ejemplo, esa idea de “no dejarse mangonear” y a su vez, nuestra historia personal, puede conducirnos a desear que nadie se nos imponga. Para lograrlo, lo más común es que nos pongamos a la defensiva y nos desquitemos con el otro cuando nos sintamos vulnerados, generando un círculo vicioso. En otros casos, así como a algunos se les enseña a reaccionar y a defenderse, a otros se les enseña a callar, a ser sumisos y a obedecer. Sin que esto último sea menos condicionante o esclavizante; estas personas ya no son esclavas de la ira, sino de la sumisión. Entendiendo estos ciclos es fácil ver por qué cultivar el desprendimiento de la ira y las otras cualidades listadas nos conduce a la liberación, nos aligera, nos hace menos esclavos, nos permite accionar en lugar de reaccionar, que no sea la emoción la que nos use, sino que seamos nosotros los que usemos a la emoción para reconocer las cosas que pasan en nosotros ante los estímulos del entorno.


MIEDO / OSADÍA


El miedo es una emoción común cuando estamos en un camino espiritual. Se requiere coraje para andar estos caminos, porque en cuanto das los primeros pasos, comienzas a revolver y a sacar cosas que no es fácil ver y, pasa también que aparecen personas que te cuestionan. Se requiere entonces de fuerza y valentía para asimilar lo que se va presentando y osadía, no para transgredir, sino para atreverse hacer las cosas diferente a pesar de los cuestionamientos externos. Osadía y tenacidad con sutileza para mantenernos en el camino. El miedo es lo contrario al amor. 


FIRMEZA


¿Cuál es el límite entre la firmeza, la dureza y el ser blando? A veces por evitar la confrontación o la dureza, o por evitar vernos rudos ante los otros -porque es una cualidad mal vista en algunos contextos- no nos sostenemos con firmeza y sucumbimos al otro y a sus deseos, terminamos así, poniendo en entredicho nuestra intención y convicciones por no mostrarnos duros. ¿Cómo ir a la firmeza sin ser duros entonces? La firmeza de la que habla el texto es la rigidez de la estructura del yo. Hace referencia a ese muro que creamos tantas veces para proteger nuestro “yo”, nuestro ego. Con esa intención de protección nos hacemos rígidos y duros y terminamos defendiendo nuestra propia identificación. Eso es dureza, sin embargo, la firmeza, como se propone en la Gita, es más bien la posibilidad de no rendirse, de mantenerse en el camino. 


La diferencia entre dureza y firmeza, es entonces, que la primera crea una muralla rígida y sólida para defender a un ego que se siente vulnerable y que no quiere aceptar su vulnerabilidad. Para protegerse, el ego tiene herramientas como las famosas expresiones: “yo soy así” y “así me criaron”. La firmeza en cambio, es la posibilidad de mantenerse en el camino, de dar pasos seguros, de no sucumbir ante la inercia de la vida, de no caer en los comportamientos asúricos que se listan en este capítulo del Gita.


RENUNCIA


La renuncia se refiere a saber a qué decirle no y a qué decirle sí. El discernimiento de estos dos elementos puede ser difícil. A veces creemos que renunciamos y luego nos damos cuenta que al contrario, estamos más llenos de cargas mentales y emocionales. Pareciera que nos auto-engañáramos.


El texto propone la renuncia constantemente a lo largo de sus páginas. Sugiere desapegarse de los frutos, no estar expectante, no ser esclavos de lo que deseamos, de la codicia de que todo sea y suceda tal y como lo queremos. La renuncia es un atributo que hay que cultivar y que cuesta, y cómo no, si nuestras sociedades nos enseñan a medirnos por los frutos y a comprarnos según los resultados y, para completar, nuestra idea de nosotros mismos se alimenta de los resultados de las acciones que emprendemos. Por eso,  aprendemos a renunciar cuando entendemos que no somos esos resultados y que no somos nuestros logros o fracasos -porque sí, a veces también nos identificamos con el fracaso-.


NO VIOLENCIA


La violencia implica muchas cosas, no solo acciones. Con la palabra, los gestos y los pensamientos también podemos manifestar, crear violencia. Cuando las palabras dividen, cuando los gestos ponen un límite innecesario (el límite es fundamental pero a veces es innecesario) estamos generando violencia.


Gandhi, por ejemplo, logró hacer grandes cosas gracias a la comprensión de lo que implicaba no violencia. ¿Cuánto podríamos hacer nosotros si empezáramos a no ser violentos y a estar atentos en cada palabra, en cada gesto en cada acción y entendiendo que, justamente, no es no violencia sino evitar la violencia? 


He aquí una cita del doctor De La Ferrier: “No es cuestión de declarar: ‘no queremos la guerra’, sino que nuestra profesión de fe debe ser: ‘queremos la paz’. Hay una pequeña diferencia entre un deseo negativo y un pensamiento positivo. Una gran distinción existe en nuestra mente con el hecho de no combatividad y el objetivo positivo de buscar la paz en todos los aspectos. Quien no combate tiene solo la idea de alejarse del combate pero se queda con la indiferencia frente a la paz interna, la calma interior, mientras que la no agresividad, comienza con el hecho de estar siempre listo para evitar que no se vaya a chocar u ofender a nadie. Es aquí donde toma lugar la gran verdad del Ahimsa, meta de Gandhi, que se refiere no sólo al método de no violencia sino más aún, a una no agresividad. Gandhi hablaba de Satyagraha, y al referirse a ello, decía: ‘la intención de esto es la de nunca inquietar, chocar o criticar al que obra mal’; no recurre jamás al terror, a la expiación o a la condenación sino, a su propio corazón. Los fines del objeto, la finalidad del Satyagraha, explica, es la de ofrecer su ayuda y no abusar del poder. En verdad podemos criticar, atacar, levantarnos en contra de algunas decisiones o sistemas, pero no podemos atacar agresivamente a los hombres, como imperfectos que somos nosotros mismos, debemos ser tolerantes para con los demás”. La no violencia es entonces no solo evitar sino ir en pro de la consecución de la paz. 


COMPASIÓN


Entender que la oscuridad y los errores de los demás tiene que ver con su ignorancia nos ayuda a sentir compasión. 


Eso con respecto a los humanos, pero por otro lado, existe un planteamiento en India de ser compasivo con todos los seres sintientes. El cristianismo dice ama a tus amigos como a tus enemigos pero a los animales no los menciona. La diferencia entre empatía y compasión es interesante, empatía es: ‘siento tu dolor’, la compasión es: ‘siento tu dolor y qué puedo hacer para mejorarlo, para sanarlo’; la compasión va más allá que la empatía. 


Pensemos entonces en los animales y en el simple acto de reducir su consumo o dejar de comerlos, eso es algo que podemos hacer en nuestra vida cotidiana y es cada vez más fácil. Hoy en día hay muchas opciones, al visitar un restaurante, por ejemplo, es posible  elegir la opción vegetariana o pedir que te hagan el plato sin carne. Con estrategias sencillas como estas, se puede evitar el sufrimiento animal, ayudar al medio ambiente y a la vez, cuidar el cuerpo. La invitación es, entonces, a cultivar la compasión con todos los seres sintientes, desde el plato y extenderla a todas las otras dimensiones de la existencia. 


IMPAVIDEZ


La Real Academia de la Lengua la define como la “capacidad de hacer frente a situaciones de peligro o riesgo sin dejarse dominar por el miedo o la angustia”, se relaciona con la ecuanimidad pero va un poco más allá. Impavidez es práctica devota, sin reserva alguna, de los preceptos de las escrituras; es el estado de libertad de la preocupación sobre quién nos mantendrá cuando hayamos renunciado a todo. 


INQUIETUD 


La inquietud, que es esa sensación de no estar cómodos, ante la incertidumbre por ejemplo, nos invita a entender que el vacío es un estado disfrutable. 



Nadar contracorriente 


No hay que hacer nada para que las cualidades de los Asuras estén, ellas están ahí naturalmente. El orgullo, la ignorancia, la ira y la codicia siempre están presentes, sin embargo, para alcanzar las otras cualidades, las divinas, es necesario actuar. Las primeras funcionan por inercia, en automático, por el patrón cultural, la carga histórica, entre otros factores, mientras que las otras cualidades, las de la luz, hay que cultivarlas. Por ejemplo, si yo no quiero sucumbir ante la dispersión mental, eso lo tengo que cultivar, porque el patrón usual de la mente es ser disperso; si lo que quiero cultivar es la no violencia, encontraremos como obstáculo el patrón natural que es reaccionar agresivamente.


Vemos entonces cómo esas cualidades que en el Gita llaman ‘demoníacas’ funcionan sin esfuerzo, mientras que las cualidades que llaman ‘divinas’ requieren de un trabajo, un esfuerzo, un cultivo y eso marca un punto de entrada para pensar en la pregunta de si estamos predestinados a seguir las cualidades demoníacas o las divinas. 


Para entenderlo mejor, pensemos en la corriente de un río. Todos de la nada nacemos en medio de un río que tiene un flujo natural y cuya corriente nos va llevando. Algunos no hacemos nada, solo nos dejamos llevar y mientras más pasa el tiempo la corriente nos arrastra sin pausa. Esa corriente es la fuerza de los comportamientos demoníacos que están aquí enunciados, si no hacemos nada, si no nos cuestionamos, si nadie nos enseña a cuestionarnos, nos dejamos llevar por la corriente de la ira, la codicia o el sentido de importancia personal. Sin embargo, a veces se presentan situaciones que hacen que nos estrellemos, interrumpiendo el flujo de la corriente, y es ahí cuando pueden surgir preguntas como: si ese camino por el que estamos siendo arrastrados es el único, si la única forma de vivir es dejándose llevar por la corriente o qué pasa si vamos en otra dirección. Dejarnos llevar por la corriente es fácil, pero pensar otras cosas diferentes, romper la inercia del arrastre, requiere un cultivo y un esfuerzo en donde la determinación y la firmeza juegan un papel trascendental. El proceso de ir contra la corriente es difícil porque mientras todos nadan en un sentido, tú vas hacia el otro lado, y, además, nadar contra corriente cansa. 


Siempre está, en todo caso, la posibilidad de volver a caer en la identificación. Puede pasar que después de estar nadando contra la corriente nos hagamos esclavos de esta nueva idea. Ya no somos el yo que está con el cardumen yendo en el sentido de la corriente y dejándose llevar sino que, somos el que nada en contra, el que va contrasentido. Eso puede ser, inconscientemente, otra forma de dejarse ir con la corriente. Tener esta claridad nos permite entender que el sentido de los atributos, tanto los divinos como los demoníacos, es simplemente explorarlos, descubrir que nos podemos mover entre unos y otros para entender que no somos ninguno. Lograr esa comprensión nos conduce a la liberación. Y es que somos esclavos de un sin fin de cosas y no nos damos cuenta, estamos sumidos en una ignorancia tal que no vemos las ataduras que nos generan nuestros patrones de comportamiento. 


Cuando empezamos a recorrer caminos espirituales que nos permiten hacer conscientes nuestros patrones y la forma cómo nos condicionan, podemos sentir que en vez de estar más libres, somos cada vez más esclavos. Lo que sucede es que cuando estamos haciendo estas prácticas, cuando meditamos, logramos vernos con más claridad y así, podemos ver más claramente también sentimientos que antes no veíamos como la ira. También pasa que los movimientos energéticos que resultan de las prácticas como el yoga, transforman la energía en combustible que alimenta las cosas que tenemos más presente y si lo que tenemos presente, lo que estamos cultivando es, por ejemplo, la ambición, esa energía en expansión alimenta la ambición generando más ambición. 


De ahí la importancia de cultivar las habilidades que sirven para no dejarse llevar por la corriente y, para lograrlo, hay ciertas guías: las escrituras, los maestros, la búsqueda de algo más grande que uno mismo. Estas guías nos sirven de soporte para transformar nuestros comportamientos, para transformar la forma como interactuamos en el mundo, como nos relacionamos, que lo que hagamos sea crear puentes y vínculos con las otras personas y que no sea solo desde esa corriente que nos está llevando, sino que podamos parar a cuestionarnos, así ese parar se origine en el dolor, que a veces puede ser necesario para darnos cuenta que esa corriente por la que vamos no es el mejor, ni el único camino. 


En otro capítulo del Gita dice que el sabio no puede hacer nada por perturbar la ignorancia del otro, lo máximo que puede hacer es servirle de buen ejemplo, servirle de inspiración. Llevando esto al ejemplo del río, es como si, mientras todos nadamos contra la corriente,  vemos a alguien, a ese sabio nadando contrasentido, y entonces nos preguntamos por qué lo está haciendo y queremos saber qué hay hacia el otro lado. Cada quien debe trabajar entonces sobre sí mismo para así, sin perseguir ese propósito, convertirse en una fuente de inspiración. Es suicida querer remolcarlos a todos y llevarlos contra la corriente cuando a duras penas podemos con nosotros mismos.


Sembrado por Carol Jaramillo (Encuentros Julio 2021)




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“Quien comprende la esencia de este árbol de la vida es un conocedor de los

Vedas” (Bhagavad Gita XV:1).


El árbol de ashvatta


El capítulo XV es llamado Purushottama: el Ser Supremo, y es uno de los capítulos más breves de esta obra. Este aparte trae consigo un elemento, dentro muchos otros, llamado el ashvatta o el árbol de la vida, donde se plasma una visión del ser humano como una conjunción de elementos que se asimilan a un verdadero árbol, con la particularidad de ser un árbol al revés, cada elemento que se describe en el ashvatta tiene una simbología muy interesante a la hora de entender al ser humano como una manifestación de la Divinidad y su búsqueda natural de ella, que se ve empañada por la inercia que se opone a su conexión inextinguible con lo Supremo.


En este árbol tan particular se propone un símil en donde los cabellos humanos son las raíces, la cabeza y la columna vertebral son el tronco. y los brazos y las piernas son las ramas que incluyen las hojas y los frutos. Las raíces del ashvatta están pegadas a un cielo, un sustrato que es la consciencia cósmica, nuestra conexión con la supraconsciencia. El tronco con sus ramas, hojas y frutos, son la manifestación física del humano que incluye el cuerpo físico, astral y causal, en ellos los cinco sentidos, el intelecto, el ego, la mente y la memoria. Las hojas en particular son los órganos sensoriales que atrapan todo el tiempo experiencias.


Podemos explorar una analogía con un bonsái al que le podan las raíces, y de esta manera, se modifica su naturaleza real. En nosotros, las raíces que fueron cortadas son las mismas que nos conectan con el Ser Supremo, con nuestra habilidad de ser más sensibles al mundo sutil y a la espiritualidad, y nos hemos quedado sólo con las raíces que alimentan la idea de nuestra propia individualidad, queda enraizados únicamente en nuestros marcajes mentales (samskaras), que generalmente son los principales causantes de nuestro propio sufrimiento, creando a su vez más y más marcajes (samskaras), lo que se convierte en un circuito cerrado que nos ata y nos limita a crecer espiritualmente. 


El proceso natural es que el espíritu se conecte a la materia y la materia al espíritu y que nuestro árbol crezca y viva armónicamente. De forma que las ramas y las hojas no crezcan de manera desbordada, pero sí, que se fortalezcan cada vez más las raíces del árbol restaurando aquellas que se pudieron haber perdido. Cuando el texto habla de cortar el árbol, se refiere específicamente a cortar aquello que nos genera apego a la idea de nuestra propia individualidad y a los sentidos, teniendo presente que son estos los que desarrollan, inevitablemente, comportamientos de avidez y aversión, redundando en sufrimiento y desconexión.


Cortar el árbol con el hacha del desapego es romper ese circuito cerrado que se alimenta de los samskaras, abriendo paso al gran potencial que tiene la mente de percibir lo que está más allá del mundo, cortando las limitaciones que nosotros mismos creamos. La lucha es constante, puesto que es más fácil crecer hacia las ramas generando más identificaciones con el mundo terrenal que proyectarnos hacia la fuente de la consciencia suprema que está en la raíz.


Todo se permea con lo Supremo


El capítulo describe tres Purushas: El Purusha que cambia (Prakriti con la existencia de las gunas), el Purusha que no cambia (Kutasha, el jiva, el hijo, el Ser, el cristo) y el Purushottama (el Absoluto). Lao-Tse tiene una frase que dice “nada es como parece, el tao que puede ser expresado, no es el Tao verdadero” Las lecturas de tinte espiritual no se entienden con la mente, se sienten con el corazón, logrando ser aplicadas en la práctica.


Somos seres sostenidos por el cielo; el árbol describe aquello al decir que tenemos raíces en lo Supremo, en el cielo. Somos seres que venimos de la nada, vivimos de la nada y volvemos a la nada. El Ser nunca es lo que parece y nuestros sentidos siempre nos van a engañar. El cielo siempre mueve la vida en la forma adecuada, no necesariamente igual a como nosotros la deseemos o pensamos.


Es nuestro deber entender y fluir con esta realidad eterna. Este capítulo nos invita a conectarnos más con el corazón y no con la mente. Podemos perdernos en simbologías, al final ¿sería tan necesario entender tanta simbología? Veamos esta frase que simplemente es profunda y hermosa: 


“Estoy asentado en el corazón de todos. De mi proceden la memoria y el conocimiento, así como la ausencia de ambos. Soy eso en verdad que hay que conocer mediante todos los Vedas. Soy el autor del Vendanta y conocedor de los Vedas”

(Bhagavad Gita XV:15).


El esfuerzo del ser humano por entender lo Supremo, que está más allá de su comprensión, refleja su necedad y a la vez muestra su gran potencial para restaurar la comprensión de que somos parte de lo Supremo, de Dios, que somos Dios mismo.


Como parte del camino de darnos cuenta de que somos uno con el todo, tendremos que abrir el “Ojo de la Sabiduría” afinar el Budhi, esto es el intelecto superior, desarrollar una mente no reactiva que tenga la capacidad de discernir y volverse el observador de todo cuanto nos rodea. Este budhi tiene la particularidad de poder observar todo el árbol, desde donde nacen las raíces hacia abajo y desde estas hacia arriba. Inicialmente desde donde nacen las raíces hacia abajo observa el tronco y las ramas (el cuerpo) incluyendo, Ahamkara (ego), chitta (memoria), y manas (mente) ayudándonos a conocernos y a evolucionar. Y desde donde nacen las raíces hacia arriba el budhi podrá ver el Supremo, aunque solamente cuando esté altamente refinado el ojo de la sabiduría. 


Esa es nuestra tarea, afinar esa facultad de ser el observador, refinar esa metacognición que ofrece el trabajo en uno mismo para ir despejando todo lo que nubla nuestro entendimiento superior y poder recordar nuestra conexión con el infinito y experimentarla realmente. Aquí nace una pregunta ¿desde dónde vivo? Desde una vida automatizada y condicionada por las inercias colectivas o desde la búsqueda propia para ser verdaderos Seres Humanos, árboles que se despliegan en completa armonía conectando el mundo de lo sutil con lo terrenal.


Sembrado por Mary Luz Agudelo y Esteban Augusto (Encuentros Junio 2021)





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 El ayuno es una práctica espiritual presente en todas las tradiciones místicas y espirituales del globo. Por su naturaleza de austeridad nos lleva a un estado de interiorización facilitando procesos de autoconocimiento y autotransformación. 

Fecha:

Entre en 8 y el 14 de septiembre

 

¿Por qué ayunar? 


Cuando suspendemos la ingesta de alimentos, iniciamos en nuestros cuerpos un proceso de depuración y limpieza, dicha depuración se basa en el hecho de salirse de los ciclos normales que tenemos a nivel físico, psíquico y energético; al hacerlo, se posibilitar nutrirnos de otras fuentes de alimento como el aire, el sol, la meditación, el yoga y las prácticas sutiles que acompañan el desarrollo interno del ser humano, todo esto facilita la conexión con lo que es eterno en nosotros ya que toda la energía que empleamos en digerir la comida podemos direccionarla hacia un propósito espiritual. 


Es importante entender que ayunar es muy diferente a dejar de comer, ya que el ayuno implica un profundo estado de recogimiento y reconexión interior, y lo que hacemos es que durante unos días cambiamos la fuente de nuestra energía, por ello conservaremos una práctica constante de diferentes artes y terapias meditativas que favorezcan nuestra capacidad de estar presentes en cada instante. Proponemos hacer un ayuno en retiro para desligarnos de nuestras actividades cotidianas, para recargarnos, reconectarnos con nosotros mismos y volver a mundo con una capacidad ampliada de amar y servir.


 ¿En qué consiste? 


En este retiro tendremos cinco días de ayuno total, y dedicaremos el primer día a la instalación y a una alimentación frugal que facilite la entrada al ayuno, y en el último día contaremos con una retorno gradual a la ingesta de alimentos. 

 Durante cada día tendremos una Sadhana específica, conjugando diversas técnicas y prácticas alrededor de Yoga y Meditación, que comenzarán antes de la salida del sol y nos acompañarán a lo largo de la jornada. Observaremos estrictos momentos de silencio y también momentos libres de esparcimiento consciente. Durante cada uno de los días contaremos con diálogos y tareas específicas favorecer el proceso de autoconocimiento. 


Recomendaciones previas: 


  •  Abstenerse de consumir carne, bebidas alcohólicas, drogas, azúcar en exceso durante la semana previa al ayuno. 
  •  Hablar consigo mismo para prepararse para ese regalo de varios días de reconexión interior a través del ayuno. 



 Este ayuno es para ti : 


  • Si buscas conocer más sobre ti mismo.
  • Si sientes un llamado a purificarte en los diferentes niveles de la existencia: física, vital, emocional y mental. 
  • Si quieres profundizar en la práctica de Yoga, la meditación y el silencio. 
  • Si quieres tejer comunidad con otros practicantes y profesores de estas disciplinas. 
  •  Si sientes que te vendría bien una jornada de autoconocimiento y autotransformación desde un proceso colectivo y una guianza personal. 



¿Qué debes llevar? 


  • Ropa cómoda para la práctica.
  • Traje de baño y ropa de playa.
  • Elementos de aseo personal. 
  • Mat o estera para hacer yoga. 
  • Cojín para sentarse a meditar. 
  • Botella para el agua. 



Guianza a cargo de 

Esteban Augusto: 


 Actualmente se dedica a compartir procesos de acompañamiento, formación y enseñanza de Yoga. Ha recorrido diversas escuelas de Yoga, recogiendo de éstas aprendizajes, acreditaciones nacionales y certificaciones internacionales en diferentes métodos y estilos de Yoga (Yoga Integral, Hatha Yoga, Raja Yoga, Kriya Yoga, Kundalini Yoga, Yoga Terapéutico, AcroYoga, Sivananda Yoga), pero su recorrido lo ha llevado a practicar y enseñar otro tipo de artes como el Tai Chi y el Kung Fu. Coordinador de Semillero de Yoga, y creador de la Diplomatura en Yoga que se ofrece actualmente desde la Facultad de Medicina de la Universidad de Antioquia y el Parque de la Vida y del Diplomado en Filosofía de Yoga y profundización en la Práctica con la Universidad Eafit. Se ha dedicado a compartir la práctica durante más de 16 años en la ciudad, y ha coordinado y direccionado retiros de ayuno desde hace más de 10 años. 

Julian Pulgarin:



Tiene formación como Ingeniero Mecánico, y una maestría en Ingeniería de Sistemas Energéticos, estudios en filosofía de las ciencias y estudios en Psicología Evolutiva y Budismo, experiencia en el campo de la investigación en ingeniería y antropología, y en su momento fue socio de empresas del gremio de la educación internacional y de la gestión energética en la ciudad de Medellín. 

Lleva 16 años experimentando y creciendo con diferentes técnicas de yoga y artes marciales y 12  años compartiendo su práctica en diferentes partes de Colombia y del continente americano, tiene certificación como Yoga Siromani, bhakti avanzado y bases esenciales del yoga III por el centro internacional de Sivananda Yoga Vedanta, también tiene formación en Hatha Radja Yoga, y Yoga terapéutico. Ha participado como asesor y staff en formaciones de profesores de yoga en Colombia y  Bahamas y con la Universidad de Antioquia.


Nuestro hogar será: 












Finca la Aurora, sector Quebrada Valencia, Santa Marta, Colombia



 

 Aporte Logístico:

$1.500.000 
 Incluye: Estadía, materiales, logística y alimentación del primer y último día.

NO incluye Traslados al lugar del encuentro.


 “El ayuno en su versión terapéutica genera un proceso de limpieza y desintoxicación física y emocional. En su versión espiritual fortalece la voluntad y nos permite proyectarnos claramente en nuestras vidas”


Puedes comenzar tu proceso de inscripción aquí o escribirnos para más información. 

Contacto: 3164963370-3166986509


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11 días de Sadhana y alquima interior


Para llevar los efectos de la práctica yóguica a la vida cotidiana, primero es necesario enraizarnos en una sadhana interior, y para desarrollar la estabilidad y la constancia en la práctica es más fácil comenzar en comunidad para desde un ritmo colectivo, avivar el fuego interno, y permitir que sea tu propia luz la que guíe tu transformación.

En estos 11 días de Sadhana cada uno aportará su llama para hacer una gran hoguera, y también cada uno, con todos sus ingredientes (cuerpo, energía, emociones, pensamientos, consciencia y vínculos) se pondrá a disposición de su sabiduría interior para refinar y transformar todo lo que somos.

Así que bienvenido a esta inmersión en donde todos nos acompañaremos para edificarnos,  respirar juntos y dejar que la magia de la alquimia interior guíe nuestros pasos.













En el siguiente link inicias tu proceso de inscripción.

 https://forms.gle/cBcwg838Bdgdf9wi7

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Hay momentos en los que nos sentimos perdidos en este mundo, y pareciera que ninguna ayuda es suficiente para encontrar nuestro rumbo. Y nos preguntamos ¿será que hay una brújula para esto del vivir?

Pero si observamos con agudeza, nos damos cuenta que todos los animales cuentan con una brújula interior que les permite saber como alimentarse, como migrar, como vivir. Las plantas cuentan con su propia brújula que las guía desde que son diminutas semillas, y las orienta a lo largo de las estaciones. Todas las células cuentan con su propia brújula que les ayuda a encontrar su lugar y efectuar su labor dentro de la gran estructura a la que pertenecen. Esta brújula es la sabiduría de la vida presente en el interior de todos los seres, incluso en nosotros los humanos.

Lo que pasa con nosotros los humanos es que nos hemos tragado un montón de cuentos, de creencias, de ideologías (el éxito profesional, la felicidad de la vida matrimonial, la acumulación material, el paraíso después de morir, etc.), que nos prometían un norte seguro, y con el paso del tiempo, nos hemos dado cuenta que al único lugar que nos conducían era al sendero de la desidia, el aburrimiento y la infelicidad.

Por confiar tanto en todas estas ideologías que nos decían como vivir, fuimos perdiendo la conexión con esa brújula y nublando nuestra capacidad de encontrarle el disfrute a la vida. Pero para acceder a la brújula de la sabiduría de la vida, basta con aprender a escuchar nuestro propio corazón, lo cual, paradójicamente, se hace mas fácil cuando todo lo que considerábamos fijo se viene abajo, porque es justo en las crisis donde comenzamos a preguntarnos sobre el vivir y sobre el rumbo de nuestra vida, y nos damos cuenta que necesitamos reorientarnos.

Entonces la labor del ser humano está en reconfigurar su brújula interior sintonizándola con la sabiduría de la vida. Para encontrarla sólo necesitamos sumergirnos un poco en el centro de nuestro pecho, y para saber si estamos siguiendo el rumbo indicado basta con percibir si nuestro corazón está sonriendo con cada paso que estamos dando y con cada decisión que estamos tomando.

¿Esta tu corazón sonriendo?


Sembrado por Esteban Augusto (Julio 2021)


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La práctica de yoga implica un proceso alquímico, de refinamiento y transformación interior, en la cual ponemos dentro del crisol de la sadhana (práctica constante) nuestros conductas automatizadas para refinarlas en comportamientos y actitudes más conscientes.
Ofrecemos el automatismo del sentirnos víctimas de las emociones, para refinarlo en devoción, lo que nos permite ser vivir desde el amor. (Bhakti)

Ofrecemos el automatismo del sentirnos esclavos de la dispersión mental, para refinarlo en concentración, lo que nos permite vivir desde la presencia. (Raja)

Ofrecemos el automatismo de sentirnos atados a nuestras reacciones, para refinarlo en actos conscientes que nos permiten vivir desde el servicio. (Karma)

Ofrecemos el automatismo de acumular información, para refinarlo en el desarrollo del conocimiento, lo que nos permite vivir desde la sabiduría. (Jnana)

Recuerda ser un alquimista de ti mismo, ofrece cada una tus respiraciones, para que la Vida se respire a través de ti, para que tu existencia sea una manifestación de amor, presencia, servicio y sabiduría.

Sembrado por Esteban Augusto (Julio 2021)

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En muchas ocasiones nos cubrimos de espinas, con la intención de defendernos, de encubrir nuestras debilidades en un aparente mecanismo de defensa quasi impenetrable.

Pero pocas veces nos percatamos del potencial daño que causamos con estas espinas, y no es que esas espinas se dediquen a perseguir a los consagrados enemigos o a cobrar venganzas, sino que en el acto de defendernos pasamos por alto la vulnerabilidad de quienes nos rodean, y en un muchas ocasiones, algunos que se acercan amorosamente terminan lacerados por nuestros mecanismos de defensa.

Reconocer la vulnerabilidad ajena, puede ser un incentivo para desinstalar todos esos mecanismos de defensa innecesarios, y decidir conscientemente a no sembrar más dolor.

Pero resulta fundamental comprender también que en esto del vivir, la clave no está en ser fuertes o en aparentar serlo, si no en aceptar y asumir nuestra propia vulnerabilidad, porque cuando dejamos de obrar en modo defensivo, y reconocemos la vulnerabilidad propia y ajena, podemos dedicarnos a construir vínculos verdaderamente humanos, basados en el cariño, la dulzura y el amor.

Sembrado por Esteban Augusto (Agosto 2021)

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Sin darnos cuenta terminamos envolviéndonos en corazas, tras las cuales nos sentimos seguros, y con el paso del tiempo nos dedicamos a reforzarlas para proteger la idea que hemos construido sobre nosotros mismos.

Pero pocas veces logramos darnos cuenta que todo ese entramado de barreras que construimos y que han sido efectivas para mantener a raya a todos los que no queremos cerca, terminan convirtiéndose en un laberinto en el cual también nos perdemos a nosotros mismos.

Cada intento por redoblar la separación y por reafirmar la ilusión de que contamos con una vida independiente, no es más que el fruto de la desesperación de nuestro ego, que al confrontarse con la insubstancialidad de su existencia, redobla esfuerzos por reafirmarse a sí mismo.

Cuando nos hacemos conscientes de todas estas corazas y laberintos en los que nos hemos encerrado, y nos dedicamos a disolverlos, podemos comprender que la vida no es un asunto de existencias individuales, sino que el vivir plenamente es simplemente el arte del interexistir.


Disuelve tus corazas y experimenta de la interexistencia.

Sembrado por Esteban Augusto (Agosto 2021)

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El semillero de yoga es una plataforma de encuentro para compartir, practicar, estudiar y vivir el Yoga en toda su profundidad. Nació como un espacio de preparación para futuros profesores de Yoga, en donde el único prerrequisito era tener instalada una práctica constante, y a lo largo de estos años ha servido como punto de encuentro para vivenciar el Yoga mucho más allá de una clase. Hoy en día conserva su esencia de estimular procesos formativos desde la pedagogía tradicional de Yoga, en donde el compartir, el practicar y el enseñar son los verdaderos maestros, y cumple su función mediante grupos de estudio, Diplomaturas en Yoga, talleres de profundización, retiros de autoconocimiento y actividades de servicio a la comunidad.

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