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SEMILLERO DE YOGA



Estudiando algunos de los capítulos de las 108 enseñanzas de Nisargadatta:

“El trabajo desinteresado lleva al silencio, porque cuando trabaja sin egoísmo, no necesita pedir ayuda. Al ser indiferente a los resultados uno está dispuesto a trabajar con los medios más inadecuados. No se preocupa de estar preparado o bien equipado. Ni tampoco exige reconocimiento ni ayuda. Simplemente hace lo que se debe hacer, dejando el éxito o el fracaso a lo desconocido.” 

 Si yo estoy con la intención de SERVIR, ya estoy dejando de servir. Para servir debo abandonar la intención. En la actualidad se confunde la expresión Trabajo desinteresado con servicio llegando a convertirse en realidad en una forma de obtener mano de obra barata. El servir va más allá, el servir puede referirse a aspectos tan elementales como un gesto compasivo, bondadoso, pero si ese acto ya lleva una intención de servir, entonces no se ha disuelto el sentido de individualidad. 

El equivalente a este capítulo de Nisargadatta en la enseñanza taoísta se explica con la frase consignada en el célebre texto de Lao Tse: "Hay que SER aquel que sin hacer nada no deja nada sin hacer". 

"Hacer nada" significa: nada forzado, artificial o no natural. Sólo a través de la obediencia espontánea a los impulsos de la esencia natural propia de cada uno y despojarse a sí mismo de doctrinas y conocimientos. 

“La totalidad del universo contribuye a la existencia de incluso la cosa más pequeña; nada podría ser como es, si el universo no fuera como es. El universo no está limitado por su contenido, puesto que sus potencialidades son infinitas; nada puede ocurrir a menos que todo el universo lo haga ocurrir, si la gente lo supiera conseguiría mucho más con mucho menos gasto de energía.” 

Este hacer sin hacer implica despojarse del sentido de uno creerse el protagonista, para sentirse un instrumento o un canal. Es sentir que la VIDA hace a través de uno. Cuando se entiende esto entonces ahí se puede valorar y respetar el rol que la vida te otorgue, se puede ser carnicero, o ebanista, porque es la vida la que actúa a travez de uno. 

Si de dos personas que cultivan la tierra, una de ellas está pensando que la cosecha depende solamente de lo que ella haga o deje de hacer y la otra se ve como alguien que simplemente acompaña el proceso de la misma tierra de dar, sin creerse responsable de si se da o no el resultado, entonces aunque están haciendo lo mismo están desde perspectivas diferentes. 

La pregunta de ¿Quién Soy Yo? también se responde al preguntarse: ¿desde dónde estoy actuando?, ¿desde cuál de mis identificaciones me respondo? y la propuesta del maestro Nisargadatta es aprender a disolver cada uno de esas capas de identificación. 

Usualmente perdemos la perspectiva de todo lo que la vida misma se ha esforzado para que cada uno de nosotros este donde está, desde la explosión de galaxias que produjeron el carbono del cual estamos hechos, pasando por las estrellas y planetas que se han colisionado para que podamos estar en este pedazo de roca, hasta todas las formas de vida que nos han cedido su espacio para que lo ocupemos nosotros hoy en día. Olvidamos todo eso y nos creemos la idea que nosotros somos los protagonistas de la vida. 

Valorar el lugar que ocupamos dentro del universo nos lleva a soltar la idea de que uno es el que hace, o de que las cosas sólo funcionan gracias a la voluntad propia, para alcanzar ese punto en el que uno entiende que solamente es parte del flujo de vida que está mas allá de cada uno nosotros pero que todos somos parte de ella. Cuando uno se conecta desde ahí, y obra desde ahí, sin pensar que YO (x o y) es el que hace esto o aquello, se logra trascender el ¿desde dónde estoy haciendo? que pasa de un sentido de separación a uno de unificación. 

 La tarea es entonces SER NADA PARA SERLO TODO es abandonar todas las identificaciones, desprendernos de todas las experiencias vividas, purificar ese “empaque”, destruir lo construido para regresar a la fuente. Una forma de comenzar a desprendernos de cada uno de nuestros roles es hacernos la pregunta frente a la acción de servir ¿Desde donde estoy sirviendo ó actuando? entonces cuando descubra la respuesta puedo saber si estoy actuando con la finalidad de expresar la conciencia, o actuando con la creencia de ser quien logra algo, desconociendo la sabiduría del Universo.

Sembrado por Marta Mora (encuentro de 2019)
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El maestro Nisargadatta, es popular por el libro titulado "Yo Soy Eso" que reúne múltiples jornadas de diálogos y respuestas que él ofrecía a todos aquellos que le buscaban, y también es la muestra viva de que la realización del Ser no es exclusividad de nadie, y que además no requiere de estar en un punto geográfico preciso para lograrlo. Desde su vida humilde y sencilla demostró que lo único que se requiere es tener un anhelo profundo, y ese deseo en su propio tiempo y momento dará su fruto. 

Realizaba su oficio incansablemente, pero algo le decía que la vida no podría ser sólo vender tabacos, actividad a la que se dedicaba, y en esa búsqueda de ese "algo más", sintió el llamado de buscar un maestro, quien lo inició en una práctica que se basaba en meditar sobre la pregunta QUIEN SOY.

 "Vea lo que usted es. No pregunte a otros, no deje que otros le digan nada sobre usted. Mire dentro de sí y vea. Todo lo que el maestro puede decirle es eso. No hay necesidad de ir de uno a otro. Todos los pozos contienen la misma agua. Sáquela del más próximo. En mi caso, el agua está en mí y yo soy el agua.” 

 Maruti (nombre inicial del maestro) empezó a poner en práctica dicha enseñanzas, descubriendo en ella sus propias respuestas a muchas otras preguntas, fue entonces cuando se dice que REALIZO EL SER, a partir de su propia experiencia decidió compartir su conocimiento, sin dejar de hacer su oficio de siempre, se dedico a responderle preguntas a todo aquel que le buscaba. 

Nisargadatta pertenece a una tradición de conocimiento donde se entiende y estudia el Yoga desde el camino del conocimiento lo que se conoce como Jñana. Un Jñana yogui se dedica a cuestionarse, y el encontrar sus propias respuestas es lo que se entiende como la realización. Para el Jñana la forma de liberarse del mundo es encontrar a su propio Maestro, despertar su sabio interno y sumergirse en su propia sabiduría. 

Su enseñanza la explica como una obra de teatro en la que cada uno estamos representando un papel, un determinado rol y poco a poco terminamos identificándonos con cada uno de esos roles y se nos olvida quienes éramos antes de ser esos actores, por el contrario cada vez creamos un apego mayor a cada uno de esos roles: nos identificamos con el cuerpo, con la mente (creemos que somos lo que pensamos, lo que sentimos), con el nombre, con la profesión, con las múltiples características físicas y mentales, y perdemos la capacidad de Ser testigos infinitos de todo eso. Una muestra de que no somos eso con lo que nos identificamos es el hecho de que podamos observar eso que creemos que somos, es decir siempre que aparece un testigo que observa, significa que no somos eso que observamos; si yo puedo observar los pensamientos, quiere decir que yo no soy el pensamiento.

 El Maestro Nisargadatta se dedicó a dar respuestas que confrontaran, jugando con el lenguaje llevando a cada individuo al límite, para llevar a cada quien a que vea desde su propia perspectiva y a generar sus propias respuestas, pero no cayendo en reflexiones interminables, sino por el contrario, usar esas reflexiones que confrontan para detener el flujo mental, cumpliendo así el proposito de Yoga de cesar las fluctuaciones de la mente, para evitar caer en ese juego de preguntas interminables lo que producen es un mayor nivel de fluctuaciones. 

Jñana a diferencia de otros caminos del Yoga, nos dice que adentro ya tenemos todas las respuestas, que lo que tenemos que hacer es desindentificarnos de todo, parar todo el bullicio mental. Nisargadatta dice: 

"Renuncie a todo menos a la pregunta ¿QUIEN SOY YO?" 

"Nuestra actitud común es "yo soy esto”. Separe tenaz y perseverantemente el “yo soy” de “esto” y trate de sentir lo que significa ser, simplemente ser, sin ser “esto” o “aquello". 

“Con que sepa lo que usted no es, es suficiente. No necesita saber lo que es, ya que mientras el conocimiento signifique descripción en términos de lo ya conocido, de lo perceptual o conceptual, no puede haber autoconocimiento, puesto que lo que usted es no puede ser descrito, excepto como negación total. Lo único que puede decir es: yo no soy esto, yo no soy aquello.”

Sembrado por Marta Mora (encuentros de 2019)
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“La muerte no es la extinción de la luz, es sólo apagar la lámpara porque ha llegado el amanecer” -Rabindranath Tagore

La muerte genera un sinfín de emociones en los seres humanos. Es común asociarla con oscuridad, tristeza, pérdida y que solo con imaginarla la mayoría coincidimos en que nos invade la angustia y el dolor. Suele ser un tema del que es mejor no hablar y del que muchos no sabemos ni cómo enfrentar. 

Pero, parte de lo que nos hace humanos es la conciencia de la muerte, todos sabemos que nos vamos a morir… entonces, ¿por qué temerle a lo único de lo que tenemos certeza en la vida? 

Es importante entender que vida y muerte son inseparables. La muerte siempre está ahí. Se manifiesta a cada instante y es necesaria para la transformación. Desde pequeños hemos escuchado que “la materia no se crea ni se destruye, solo se transforma” y lo vivimos todo el tiempo, pero pocas veces somos conscientes de ello. 

Piensa en la semilla que se rompe para dar lugar a una pequeña planta, y luego en la planta que se transforma en un enorme árbol, en el árbol que da lugar a las flores y en las flores de las que después nacen los frutos. Ahora piensa en el agua que se evapora y se convierte en nube, luego en la nube que se convierte en lluvia y vuelve a la tierra… ¿Quién o qué muere? ¿muere la semilla? ¿muere la planta? ¿muere el agua? ¿muere la nube? ¿muere la lluvia? Hemos interpretado la muerte como el fin de la vida, pero la vida no muere, sigue su rumbo en una hermosa danza de constante transformación. 

Cuando hacemos las paces con la muerte, hacemos también las pases con la vida, y aprendemos a resignificarla. Saber que las formas y los roles en el mundo están en constante cambio, y entender la muerte en términos de transformación, es una invitación a reflexionar en la vida que vivimos y es un recordatorio de que lo único que tenemos es el momento presente. 

Uno de mis maestros suele decir: “Hoy es un buen día para morir, y por eso es un buen día para vivir” … ¿Tú sientes que hoy es un buen día para morir?

Sembrado por Estefania Garcia (encuentros 2019)
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Algunas de nuestras acciones han creado surcos en nuestras vidas, así como el agua ha trazado su flujo mediante ríos y cascadas, y aunque parezca que ciertos patrones de comportamiento, tal y como la cascada, no tienen vuelta atrás, es la labor del yogui honrar ese pasado que le permite ser hoy tal cual es, pero a la vez asumir su rol actual y encontrar su propio destino, y con ello dejará de verse como víctima de la corriente y de los comportamientos del pasado, pero también dejará de pretender cambiar la flujo del agua y darse cuenta que él mismo es la cascada, y que es el karma en donde se encuentra la semilla para que florezca su dhrama.

Karma y Dharma:

Este par de palabras cada vez son más usadas, y a veces de forma indiscriminada, pero resulta importante remarcar que aunque pertenecen a una tradición espiritual oriental, también se han empleado y se siguen empleando como formas de control social. El concepto de karma se explica en el libro de Las Leyes de Manú, donde se consignaron algunas de las directrices que permitieron estabilizar la sociedad de la India. En este conjunto de leyes se proponen algunos métodos de expiación o métodos para pagar las culpas, y como se ha visto históricamente la culpa es una de las metodologías más efectivas para mantener a las personas controladas. 

 Dentro de los principios estabilizadores de la sociedad de la India también esta las las 4 búsquedas o purusahrthas: La supervivencia (artha), el placer (kama), luego el deber (dharma) y por último la liberación (moksha). Aquí el dharma se expone cómo el cumplir el deber social, en lugar de la popular definición de hoy que lo explica como la misión a cumplir en esta vida, y está es una modalidad más de control social porque se le obliga a la persona a que antes de buscar su propia liberación se dedique a mantener la sociedad desde el cumplimiento de su deber. 

 Tanto estas concepciones del karma como del dharma traen consigo ciertas trampas que puedan llevar al considerar que no hay facultad de decidir, anulando así el libre albedrío. 

 Alrededor del libre albedrío se pueden presentan dos extremos: El de los que consideran que todo en su vida ya está determinado, y eso les lleva a creer que que por haber nacido en una fecha específica, o en una familia especifica, todo su comportamiento ya está definido y su forma de ser ya está establecida. El otro extremo es de los que consideran que el ser humano tiene el poder de decidir todo por sí mismo, que es amo de sí mismo, y ello les suele llevar a negar la profunda interrelación que se tiene entre todo y entre todos, en donde todo lo que pasa afecta a todos. La primera desconoce la virtud del individuo y la segunda desconoce la virtud de tejido colectivo del que hace parte. 

 Esta visión nos ayuda a entender el karma no desde la culpa ni desde el miedo, sino desde la acción, y no una acción victima de las circunstancias, sino una acción en donde se conjugan los impulsos desde el Todo hacia el individuo, y desde el individuo hacia el Todo, y en su danza interminable estos dos impulsos nos permiten ser lo que somos en cada instante. 

 También se puede entender el karma como aquellas grandes tendencias que se construyen a lo largo de nuestra vida, y que los yoguis denominan el ciclo de los vrittis, vasanas y samskaras, y que hoy en día se pueden evidenciar desde los canales neuronales, que se van creando a través de todas las decisiones que tomamos en la vida, y que nos llevan a la tendencia de hacer lo que siempre hemos hecho y por ello cada una de nuestras acciones se convierte en la semilla de nuestras acciones futuras, siendo la labor de yogui refinar cada unas de los acciones, expandir su capacidad de observar sus propios patrones de comportamiento, y a la vez plantar nuevas semillas, es decir construir nuevas redes, para no terminar siendo víctima de sus comportamientos automatizados. 

 Tipos de Karma: 

 Los maestros suelen exponer los tres tipos de karma mediante la metáfora del arquero, quien lanzó una primera flecha, que está ya en el aire, que luego coge otra flecha que está justo a punto de ser lanzada, y le queda una tercera en su atada a su espalda para ser lanzada después. Simbolizan el efecto que llega de lo que ya pasó, es el prarabda karma, sobre este karma no se puede controlar nada, sólo se puede evitar que su impacto nos afecte. En segundo lugar está el agami karma que es la flecha que está por ser lanzada, sobre ella sí se puede tener control de decisión, porque se tiene la oportunidad de ser impecable y hacer lo que se debe hacer, y no quedarse con lo que a veces queda del karma pasado: culpa, vergüenza, miedo, insatisfacción, etc. Y el tercer tipo es el karma futuro, sanjita karma, el que aún no se ha acumulado, pero está disponible para producirse como fruto de nuestros actos, y éste es el karma que debe ser evitado según Patanjali. 

 Otras vidas: 

Muy cercano al concepto de karma está la idea de otras vidas, que no debe ser concebida de una forma tan literal, sino entender que todo lo que somos hoy, viene de una evolución, y nuestro cuerpo, y en especial nuestro cerebro, guarda toda la información de cuando fuimos cristales, plantas, peces, reptiles o mamíferos, y hoy en día somos el resultado de la suma de todos esos estados y de todos esos comportamientos, y por ello a veces nos comportamos como los unos o como los otros, y tenemos formas de comportarnos aprendidas de esas épocas. 

 Eso mismo pasa con nuestros ancestros, toda la información de lo que ellos vivieron y fueron ha pasado a nosotros, y sus comportamientos tienen el potencial de convertirse en tendencias que direccionen nuestros propios comportamientos si dejamos que así sea. Pero nuestra labor es utilizar eso que heredamos como punto de partida para labrar nuestro propio camino, y no para quedarnos repitiendo los procesos de otros. 

 Una forma de entender ello es comprender que “somos nuestros propios ancestros” porque ellos viven a través de nosotros, y no solo nuestros abuelos, sino toda la cadena de la vida que nos permite que hoy seamos tal cual somos. El camino entonces es honrar ese pasado que nos permite ser hoy lo que somos, pero asumir nuestro rol actual y fijar nuestro propio destino, y para ello es importante romper esos patrones de comportamiento heredados, y para eso hay una par de herramientas muy útiles son el perdón y la gratitud. 

 El dharma: 

 El dharma podría definirse por un lado como el cumplimiento del deber en esta vida, que usualmente está asociado a nuestro rol para con la comunidad a la que pertenecemos, pero también se propone como la misión que tenemos que cumplir en la vida, pero una visión más amplia nos permite entenderlo como aquello que nos hace sentir plenos, algo más allá de nuestra propia individualidad que nos permite entendernos como parte de un Todo mayor, es decir que es aquello que nos permite reconectarnos con lo que somos más allá del sí mismo. 

 Hoy en día existe la tendencia de creer que el dharma es el propósito que tenemos en la vida, mientras que el karma es visto como aquello de lo que hay que liberarse, pero la trampa está en que el karma tiene justo los aprendizajes que necesitamos para encontrar nuestra liberación. No podemos negar todo lo que traemos de nuestros ancestros (karma) porque nos estaríamos negando la posibilidad de encontrar nuestro dharma. La labor del yogui es entonces aprender a generar dharma dentro del karma, es decir que su propia liberación, plenitud y realización este de la mano de la aceptación del rol que se está desempeñando en esta vida. 

 Sembrado por Ángela Medina y Esteban Augusto (encuentro de 29 de julio de 2019)
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El Chimborazo El lugar de la Tierra más cercano al Sol 
Fue un despertar en un viaje tortuoso, estuve encogida entre los pasillos del bus. 
La burbuja que nos protegía sin saberlo del viento helado. 
El ascenso difícil por las náuseas y el vómito, esa especie de liberación que sentía momentáneamente y que pasos más adelante anhelaba. 
 El frío en las manos por los guantes húmedos. 
La incapacidad de prestar atención a todo lo demás porque primero están las náuseas, el frío y si se les daba espacio, las ampollas. 
El compañero que espera paciente y que clama por disminuir la velocidad del ascenso, por tu bien. 
A unos metros del refugio el deseo incontenible de buscar su abrigo. 
¿Quién no se ha desesperado por la idea de refugio, de protección y abrigo? 
¡Oh sorpresa!  
Descubrir que el refugio es un hervidero, repleto de seres consumidores de oxígeno. 
Una vez más regresan las náuseas, el vómito y ahora... el sueño. 
Esta multitud protegida me duerme, me emboba. 
Me ofrece una falsa idea de confort porque nunca puede haber quietud. 
Tienes que exponerte de nuevo al inclemente frío del preciado aire. 
Y continuar alternando indefinidamente entre malestares. 
El compañero parte para alcanzar metas que tu estado no te permite. 
Hay que intentar escuchar hasta los gritos, de adentro. 
La catarsis se puede dar entre el ir y venir en la misma altura. 
No todo es escalar.  
Luego regresan los más osados, los quebraron las normas por sus sueños gélidos. 
Te alegras por sus logros. 
Vislumbramos el pico en unos escasos minutos que la bruma se disipa. 
Lo bello siempre tan efímero.
El descenso representa otros retos. 
Aunque ya no existen las náuseas, el frío es un compañero incondicional que cambia en sus formas.
Ya no falta el aire sino que el viento penetra las capas de ropa y piel, se instala en los huesos y en los cartílagos. El camino se siente más fácil, fluido y placentero. 
El descenso permite observar. 
El deleite por el paisaje, la reaparición de la fauna y la flora, el atrevimiento por comprender y descifrar restablece su espacio. 
¿Por qué valoramos tanto el ascenso y la cumbre? 
¿Cuánto se nos pasa de la vida buscando altas metas heladas? 
Una parte de mí considera al descenso más meritorio que los 5000 msnm, es la muestra clara de nuestra supervivencia, gozo, aprendizaje y exploración. 
La experiencia despeja otras perspectivas. 
Descubro que mi alma tiene algo de vicuña. 
El tercer camélido suramericano que me cautiva. 
La compañía y su invitación a acercarnos sigilosos, las canciones a los camélidos suramericanos. 
Más observación: el comportamiento, la fisionomía, la alimentación, las huellas, los desechos. 
La muerte. 
El amor fundamentado en el conocimiento, de sí mismo y de sí mismo en el mundo. 
El amor en la identificación en y con el mundo. 
Somos volcanes, aunque yo... soy más vicuña. 




Sembrado por (Maria Fernanda Tibaduiza. Agosto 2019)
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UN TRANSFORMARSE DESDE ADENTRO 


 Cierro los ojos y veo el fuego en medio de nosotros y a 15 seres que se congregaron para ayunar, para sustituir una alimentación sólida, por una conformada por prana, por sol, por aire, por montañas, por energía del fuego, por la energía colectiva, por un respirar juntos. 

 No estábamos solos en este lugar mágico lleno de vida , de poder sanador y creador, estaban infinidad de seres, unos que veíamos y otros que sentíamos, estaban los perros, los gatos, las mariposas, los pájaros, los colibrís, los grillos, las abejas, el gallo; requerimos por tanto hablar de ellos porque fueron vitales en nuestro momento, iniciamos con los perros, lucki alias terremoto, este era la fuerza, cuando llegaba era como un torbellino de felicidad y de frescura, nos recordaba la vida y que no hay drama , que hay que estar en el presente y feliz, nos saludaba uno a uno , se hacia sentir y ver, era poderoso siempre vital y fuerte, estaban también Tibet y Charly ellos eran los maestros ancianos, cumplían el papel de protectores, de guardianes, ellos recordaban la tranquilidad, la serenidad, la calma, la compañía silenciosa, por otra parte los gatos nos traían la imperceptibilidad , la mesura, la prudencia y por último el Gallo Claudio nos convocaba a caminar lento de manera consciente y presente, estando firme en la vida, a no tener prisa, a encontrar nuestro propio tiempo y nuestra propia voz. 

 Había así mismo un jardinero que cuidaba y regaba cada planta que éramos nosotros, nos abonó con dulzura con la más nutritiva tierra, nos invitaba cada día a mirar nuestras raíces, nuestras hojas, a recordar de dónde venimos, de qué estamos hechos y cuál es nuestro alimento. Un jardinero que nos movía a conectarnos, nos invitaba a revisar nuestro suelo, nuestro pensamiento, nuestros miedos y nuestra fuerza, a recordar lo esencial, lo invisible a los ojos, como diría el principito. Nos ayudaba a recordar la vida que es la misma muerte. 

 El jardinero nos removía sutilmente nuestra tierra y movía nuestras raíces, nos regalaba todas las noches gotas de elixir mágico para que nos nutriéramos de algo más poderoso que nosotros y pudiéramos abrirnos a la alimentación interna. Cada día nos observaba sigilosamente como caían nuestras hojas secas y con ellas las lágrimas, como afloraban los miedos y aparecían los silencios, las oscuridades, las angustias e incertidumbres; así mismo, se sorprendía como brotaban nuevos retoños, nuevas hojas y con estas sonrisas, fuerzas, palabras, calma, claridades, naciendo luz y camino en nosotros. El nos acogía con la fuerza de su alma, dejándonos ser en libertad, nos motivaba, invitaba y provocaba a centrarnos, a adentrarnos, a expandirnos, a silenciarnos, a buscarnos, a transformarnos, a liberarnos, a soltar nuestras ataduras para intentar estar presentes con plena consciencia. 

 El fuego estuvo de principio a fin, nos bendijo, nos condujo, nos alimentó, nos dio fuerza, nos acompañó y nos transformó, nos guio en los momentos de mayor oscuridad, fue el núcleo de poder que nos congregaba al amanecer cuando el gallo cantaba y la campanilla sonaba, observándonos como nos convertíamos todos en uno con el OM. 




 Sembrado por Sandra Yepez (ayuno del 22 al 29 de junio de 2019).

 Esto es para esos seres mágicos que acompañaron este ayuno que me permitieron ver la luz en medio de la oscuridad, para Orfari que me apapacho y amorosamente para el jardinero que sembró la semilla.
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Estoy firmemente convencido que educar no es transmitir certezas, sino sembrar dudas. 

Que el objetivo de la educación no es amoldar a las personas a la sociedad, sino incentivar a que cada uno se descubra a sí mismo como parte de algo mayor. 

Que en el acto de aprender, todos los actores: el maestro y el aprendiz, están en constante transformación y aprendizaje. 

Que deberíamos cambiar la competencia por cooperación, la repetidera por la capacidad de preguntar, el individualismo por empatía, y la rutina por creatividad. 

Que lo que se comparte mientras se enseña no es lo que se sabe, sino lo que se es. 

Que el papel de quien enseña no es informar, transmitir ni evaluar, sino inspirar. 

Que el proceso de aprendizaje es eterno y constante, y que aquel que siente que ya no necesita aprender es como aquel que cree que no necesita respirar. 

Y que definitivamente la mejor forma de aprender es enseñar.

Sembrado por Esteban Augusto.
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Allí donde la selva y el mar se encuentran, también nos encontramos en el mes de Agosto para compartir una mágica experiencia de profundización en todo el desarrollo energético de la practica de Yoga para reestablecer la conexión con nosotros mismos y con los demás. Encontrándonos con una actitud de apertura, e inmersos en una práctica constante nos asumiremos como aprendices de la vida y como maestros de nuestros mundos internos, para vivir en armonía con la tierra que nos acoge. 

 Durante estos 5 días de retiro tendremos: 

-Prácticas completas de yoga con énfasis en técnicas de respiración, Pranayama, Prana Vidya, Prana Nidra, y Swara Yoga, todos los días.  
-Sesiones de meditación para reconfigurar nuestra consciencia energética en la mañana y en la tarde.
-Ejercicios de reconexión con la naturaleza, y propuestas de autoconocimiento para hacer de esta una experiencia integra y transformadora. 



Todo esto lo trabajaremos durante caminatas por la selva, en las cuales nos encontraremos con cascadas, termales naturales, la riqueza de estos rincones, los nativos y sus costumbres. También disfrutaremos de las diferentes playas que nos ofrece la zona, sus atardeceres, y de un hermoso espacio consagrado únicamente para esta encuentro. Y lo mejor de todo es que tendremos la posibilidad de avistar en primera fila a las ballenas jorobadas en su proceso de migración por el pacífico chocoano en uno de los espacios más mágicos de la zona La Ensenada de Utría que es como una sala de partos de estas grandes maestras del Mar. 

 Tendremos una alimentación consciente y saludable compenetrada con la gastronomía local para experimentar los frutos de esta bella región. Para quienes lo requieran será vegetariana y para los más flexibles tendrán la oportunidad de disfrutar del pescado artesanal que ofrecen los nativos. 

Este retiro incluye: 

5 días / 4 Noches en un lugar privado. (Habitación compartida) 
Vuelos hacia y desde Medellín. Impuesto de estancia. 
Traslados en barco a la propiedad. 
Todas las comidas conscientes y saludables compenetradas con la gastronomía local, flexibles, vegetarianas o veganas. 
Profundización diaria en la práctica de yoga mediante: (clases de yoga y técnicas de conciencia energética). 
Caminatas por la selva. 
Entrada a las aguas termales. 
Tour de avistamiento de ballenas en la Ensenada de Utría y playa blanca. 
Ceremonias de apertura y cierre. 





 Valor del retiro: $ 2’700.000 
Reservas hasta el 15 de Julio con $1’000.000 y el resto hasta el 5 de Agosto. 
Contacto: Wpp: 3164963370 / 3136153983 
Correo: retreats@paraisopacifico.com
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Mientras por aquellas fechas la ciudad de Medellín era anfitriona de días lluviosos, nosotros tuvimos la posibilidad de visitar un lugar en el pacífico en donde la salva y el mar se encuentran en un abrazo constante.

Foto: Paulina Correa @paraiso.pacifico

 Estuvimos congregados durante 6 días en un bella cabaña familiar que fue testigo de nuestro sentido de camaradería, pero también de nuestra profunda intención de transformación interior. 

 Durante todos los días contamos con múltiples prácticas, madrugabamos a meditar en la playa, entrenábamos ejercicios de respiración y movimiento consciente para recargarnos energéticamente, hicimos sesiones largas de yoga, en donde nos sumergirnos en lo profundo de sus prácticas, además caminamos en la playa y a lo largo de la selva, y contribuimos a la vida sembrando árboles nativos. 

Nos permitimos aprender de diferentes maestros, como el agua, que nos ayudó a resignificar nuestro pasado; del fuego que nos congregó a renovar nuestros votos de compartir nuestra luz; de la palabra, que nos permitió aprender desde el reflejo en los otros; la selva, que nos recordó lo interconectados que estamos con la inmensidad de la naturaleza; el océano que nos reconectó con nuestros orígenes; y la vida que nos sorprendió con sus múltiples formas texturas, sabores aromas y colores.
Foto: Paulina Correa @paraiso.pacifico
Fue muy enriquecedor el compartir tantos días, porque así logramos entender más a fondo las dinámicas personales de cada uno de nuestros compañeros, vernos identificados en ellos y sus situaciones, pero también ser de ayuda y ser ayudados por los demás. Durante estos días fue ser como las piedras del río, que de tanto estar juntas se van limando para acoplarse con las otras, dando cuenta de lo mucho que nos transformamos en el compartir. 

 Uno de los sabores que más recordaré, es el de la mermelada de borojó que nos acompaño todas las mañanas, lo exquisito de su sabor era sorprendente y memorable, pero lo que siento se hacía mucho más mágico de la alimentación era como el cariño con el que se preparaba también nos alimentaba. 

Foto: Paulina Correa @paraiso.pacifico
 Tras el practicar y compartir entre todos, el maravillarnos de la naturaleza y sus paisajes, y el conectarnos con la vida que somos y que a la vez nos rodea, nos anima la intención de regresar para continuar explorando la magia de la simpleza de la vida que se esconde a plena luz.

Sembrado por Esteban Augusto.  
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El pasado 25 de mayo tuvimos la posibilidad de compartir una de las experiencias mas mágicas a nivel grupal de las que hemos promovido. 

Durante años hemos convocado a personas de diferentes tradiciones espirituales a que nos compartan sus saberes, pero esta vez logramos darle una octava mayor a nuestra propuesta, ya que creamos una jornada de todo una día, para compartir desde e diálogo, pero también desde la práctica, reuniendo a 20 invitados especiales que con sus ponencias y talleres nos ampliaron la perspectiva sobre eso que llamamos meditación.

El lugar que nos albergó fue el Colegio Conquistadores, ubicado en el extremo occidental de la ciudad, en donde pudimos compartir en sus instalaciones llenas de naturaleza, y con edificaciones que desbordaban nuestra creatividad y nuestro sentido de lo posible y lo mágico. 

Durante la jornada contamos con múltiples actividades, destacando entre ellas ponencias magistrales que nos permitieron entender desde las neurociencias el proceso de desarrollo del cerebro, y que pasa en su interior al meditar. También ver como desde la las concepciones actuales de la física cuántica se pueden entender conceptos de las tradiciones místicas de antaño como el vacío, la vibración, o la luz, que son usualmente referidas a la meditación, y complementar estas visiones con los puntos de vista de nuestras tradiciones ancestrales autóctonas y su forma de entender las dimensiones de la mente y la importancia de los actos rituales en nuestra vida. 

Ademas se tuvo la posibilidad de explorar diferentes técnicas de meditar mediante un carrusel de experiencias, en donde recorrimos prácticas budistas como el Vipassana y el Zen, prácticas yóguicas como el Kundalini y el hatha, expresiones desde la danza, la risa y la palabra, para experimentar diferentes formas de estar presentes en cada uno de los actos de nuestra vida. 

Complementado todo pudimos ser participes de la socialización de varias experiencias que han aplicado ejercicios de meditación y presencia en el sector educativo, conociendo las potencialidades y los impactos que se tienen desde esta prácticas sobre población juvenil e infantil. 

Acá una compilación de fotos

Fue mágico poder encontrar los puntos en común de las diferentes prácticas y de los diferentes discursos, sobre la meditación, pero sobre todo encontrar desde nuestra propia experiencia la posibilidad que esa forma de vivir presentes sea irradie hacia nuestro entorno.



Sembrado por Esteban Augusto Sánchez
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¿QUIÉNES SOMOS?

El semillero de yoga es una plataforma de encuentro para compartir, practicar, estudiar y vivir el Yoga en toda su profundidad. Nació como un espacio de preparación para futuros profesores de Yoga, en donde el único prerrequisito era tener instalada una práctica constante, y a lo largo de estos años ha servido como punto de encuentro para vivenciar el Yoga mucho más allá de una clase. Hoy en día conserva su esencia de estimular procesos formativos desde la pedagogía tradicional de Yoga, en donde el compartir, el practicar y el enseñar son los verdaderos maestros, y cumple su función mediante grupos de estudio, Diplomaturas en Yoga, talleres de profundización, retiros de autoconocimiento y actividades de servicio a la comunidad.

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